ISAAC MARTÍNEZ 'SACRIS' Fotógrafo
«Un retrato es bueno si capta el alma del personaje»
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A.S.R. / Burgos
La mirada serena de Ana Núñez ha bajado de la pared para ceder su espacio a la pensativa de Laura Esteban y los ojos vivarachos de Ignacio del Río han tornado en los sabios de Alberto Bañuelos. La pajarita de Cristino se ha convertido en la boina de Juan Vallejo y las gafas de Luis Alberto Portilla se las está poniendo Néstor Pavón... El Arco de Santa María ha mudado de inquilinos. Cuarenta creadores burgaleses ceden su testigo a otros tantos colegas en la segunda parte de la exposición Retratos 100x100 Artistas de Burgos, de Isaac Martínez Sacris, que aquí desgrana los entresijos de estas criaturas.
Pregunta- ¿Qué cuatro palabras definirían estas imágenes?
Respuesta- Impactar en blanco y negro.
P.- ¿Qué tiene el blanco y negro que no posee el color?
R.- Toda mi vida he sido un apasionado del laboratorio en blanco y negro. Es mucho más creativo para exposiciones porque deja volar más la imaginación, la gama de tonalidades, aunque no renuncio del color.
P.- ¿Qué debe reunir un retrato para ser bueno?
R.- Debe tener el alma del personaje, captar ese momento, evitar el posado, establecer una relación que te permita captar el espíritu de esa persona.
P.- ¿Qué siente el fotógrafo cuando caza ese alma?
R.- Una gran satisfacción personal porque se trata de captar un instante, una décima de segundo en la vida de una persona, y es esencial que se produzca en ese momento justo.
P.- ¿Alguna se le ha resistido?
R.- Sí, ha habido personajes muy difíciles. Algunas imágenes podrían haber servido pero si yo no quedo satisfecho no las muestro. Me doy cuenta de que ese instante no lo captas si no creas una vivencia con el modelo, si no lo conoces, estudias sus rasgos, sabes cómo es... Confieso que con algunas personas no lo he conseguido, pero también por mi auto exigencia.
P.- ¿Siempre es más fácil retratar a alguien conocido que ajeno?
R.- Sí porque cuando lo conoces ya llevas mucho ganado para conseguir su alma.
P.- ¿Existe el factor sorpresa en algún momento?
R.- En este caso no, son retratos de estudio y precisamente se trata de romper el hielo, de que no haya tirantez entre los dos... Siempre intento relajar al personaje. La cámara nota cualquier tensión y hay que borrarla.
P.- ¿Cómo se consigue?
R.- Con diálogo, tomando un café antes de subir al estudio...
P.- ¿Cuánto tiempo necesita?
R.- Una hora o así, tampoco más.
P.- ¿Cuál es el ingrediente que nunca debe tener un retrato?
R.- Un retrato de estudio no debe tener nunca una mala iluminación.
P.- ¿Qué papel juega el atrezo?
R.- Aquí ninguno. Les he pedido que vayan como lo hacen normalmente. Aunque son artistas y dan juego de por sí.
P.- ¿Hay un adjetivo que defina a este gremio en su conjunto?
R.- Es complicado. Todos han sido amables, maravillosos... Quizás, el adjetivo es especial.
P.- Hablando de nombres propios y de 100x100... ¿Cuál ha sido el retrato más difícil?
R.- Me han costado mucho, aunque finalmente son tan maravillosos como los demás, Carlos Sáez y Gerardo Ibáñez. Con ellos tuve que repetir sesión, aunque hubiera servido la primera, pero no me quedé satisfecho.
P.- ¿El más fácil?
R.- Ignacio del Río, Juanjo Rojo, Juan Mons o Pipo Ramiro, debido a que son muy fotogénicos.
P.- ¿El más emotivo?
R.- Juanjo Rojo. Es un hombre que ya no está, muy amigo mío, le tenía un gran cariño, hizo mucho por la cultura de Burgos. Y es el único de la exposición que no es ni pintor ni escultor, pero le he puesto como un homenaje a él. Se lo merecía.
P.- ¿Cuál fue el más obediente?
R.- Todos se han prestado a hacer lo que uno quiere.
P.- ¿El rebelde?
R.- Ha habido rebeldes graciosos, por su carácter, como Ignacio del Río y Cristino. Pero lo son con tanta gracia que queda muy bien en la imagen.
P.- Se siente especialmente orgulloso de...
R.- Tengo pasión por Juanjo Rojo. Fue, además, el inicio de esta exposición. El suyo y el de Ignacio del Río son los dos más antiguos. Hablamos de hace más de quince años.
P.- ¿El más sensual?
R.- Encuentro una coquetería terrible en Juan Mons. Tiene una atracción muy especial.
P.- ¿El más sexual?
R.- ¡Dios mío! Ignacio del Río, pero por su conversación.
P.- ¿El más serio?
R.- Gente mayor, sobre todo, como Fabri o Luis Sáez, a este último me costó mucho llegar.
P.- ¿El más sorprendente?
R.- No he tenido sorpresas porque los conocía a todos.
P.- ¿El más divertido?
R.- Me he reído mucho con Ignacio y con Cristino. Han sido sesiones muy vacilonas.
P.- ¿Falta alguno?
R.- Sí, claro que faltan, pero mi pretensión nunca fue hacer a todos. Sería una exposición interminable. Aquí he cogido a gente ya consagrada, con más de 45 años. Por debajo de esta edad hay gente muy válida, pero me tenía que poner una meta.
P.- ¿Tendrá continuidad?
R.- Me gustaría completarlo con un libro y continuar con la gente más joven, de la que ya tengo varios retratos. Ambos proyectos necesitan un presupuesto alto y es difícil sacarlos adelante.
P.- ¿Dónde está el autorretrato?
R.- Me lo han preguntado muchos. Lo barajé, pero era vanidoso. Como no he metido a ningún fotógrafo, tampoco me parecía oportuno, aunque cede uno para ilustrar esta página (FOTO: SACRIS).