Arte para revitalizar los pueblos
Rachel Merino trabaja en las posibilidades de la creación contra el abandono rural y abre una ventana al Festival Solariegos en el Café Bou
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A.S.R. / Burgos
El medio rural también es chic y el arte contemporáneo puede encontrar en los campos de Castilla la mejor inspiración, un inmejorable escenario y un público incondicional. Solo hace falta que alguien sepa ver sus posibilidades, exprimirlas, jugar, arriesgar y ganar. Nunca pensó Rachel Merino que la partida se le fuera a dar tan bien. La fotógrafa y escultora burgalesa lo apostó todo al Festival de Arte Contemporáneo Solariegos este verano en la comarca Odra-Pisuerga y el aplauso fue unánime, tanto de los veintisiete artistas llegados de fuera como de las gentes de estos pueblos.
Merino está convencida de que el arte contemporáneo puede convertirse en uno de los salvadores del medio rural y vuelve a la carga con una exposición de fotografías que ahondan en este tema en el Café Bou (Parra, 14, en plaza de Vega), aunque su convencimiento viene de lejos.
Después de unos años de facultad en facultad de Bellas Artes formándose, hace dos regresó a su pueblo, a Rezmondo, y se dio cuenta del ingente patrimonio perdido, de la belleza que la rodeaba. Buscando un espacio para realizar una exposición con su producción creativa llegó al Museo de Arte Contemporáneo de Sasamón, inaugurado en 2000 con obras donadas por el artista Ángel Miguel de Arce. Se dirigió al Ayuntamiento para hacer algo allí y le dieron todas las facilidades. Se vino arriba y lo que iba a ser una muestra individual se tornó en programa cultural estival.
La creadora hizo una convocatoria en los centros donde había estudiado (Salamanca, Santa Cruz de Tenerife y Valencia, donde en una semana defenderá su tesis sobre este tema) para una exposición sobre el hábitat. «Sobre las dicotomías entre ciudad y pueblo, trabajar el imaginario rural y mostrárselo a los propios lugareños para provocar la autocrítica, enfrentarnos a nuestros conflictos. Porque ahora lo de los pueblos castellanos no es crisis, es muerte súbita», comenta Merino segura de que la cultura no tiene que ir relacionada siempre con la ciudad. «Nosotros demostramos que no es así. La gente se desplazó para verlo», dice. Y fue un éxito. Y vino una segunda propuesta. Más descarada, «más cañera». Cuerpo y esperpento se llamaba y se sorprendieron cuando en «la Castilla profunda» no se asustaban al enfrentarse a obras de arte en torno al desnudo o la sexualidad. La gente, salvo «algún indignado», volvió a aplaudir.
Solariegos iba viento en popa. Dio un paso más. Lanzó una convocatoria, Apadrina un artista, para que los pueblos acogieran a los autores a cambio de regalar una obra al municipio. También salió bien. Los proyectos in situ, que se pueden ver en solariegos.blogspot.com, se completaron con talleres y otras actividades. Odra-Pisuerga fue una fiesta.
La inmejorable respuesta tanto de los artistas como de los lugareños le ha dado alas, pero no dinero por lo que, aunque quiere seguir con la iniciativa, prefiere esperar un año más y reunir más fondos y atarlo todo. Ha pensado que convertir este encuentro en bienal es un buen camino y espera poder abrirlo a otras disciplinas más allá de la creación plástica (sociólogos, agrónomos...).
«Estamos en un momento de crisis social en general y hay que explotar nuevas posibilidades. No es normal que nos congreguemos en ciudades y dejemos la mayor parte del territorio despoblado. El arte también puede hacer algo por buscar el equilibrio», reflexiona y añade que igualmente puede tener su efecto económico, y no solo por el aumento de turismo, sino porque algunos artistas ya se han quedado prendados de Castilla, que vista desde fuera hasta se perfila exótica.