Exposición / Pintura

El azul que quería ser color cálido

Sara Fuentes se regodea en los paisajes y la figura humana en una muestra en la FAE

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Burgos

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A.S.R. / Burgos

Sara Fuentes confiesa su debilidad por los colores cálidos. Le gustan los naranjas y los rojos del atardecer, los amarillos del sol y la gama de ocres que se asoman por las calles y, sin embargo, el azul se hace fuerte en su paleta. Se cuela imponente en los cielos, rotos por una nube blanca, blanca, pura, pura, se rebela en el agua salada y en la dulce y se vuelve sombrío, casi gris, cuando se asoma a un acantilado. El azul se encarama al pincel de esta pintora nacida en Zaragoza pero residente en Burgos que cuelga una colección de sus últimas creaciones en la sala de exposiciones de la FAE, sede de la patronal burgalesa, en la plaza Castilla, visitable durante todo el mes de mayo de lunes a jueves de 8.30 a 19 horas y viernes de 8.30 a 14 horas.

«Me han dicho que se ve mucho el azul, pero a mí me gustan mucho los cálidos, los naranjas, que dan luz, alegría. Yo creo que mis cuadros siempre tienen un tono cálido», ilustra la artista, que ya ha mostrado su trabajo en algunos bares capitalinos y de otras localidades burgalesas así como en la Biblioteca Miguel de Cervantes.

El paisaje y la figura humana se suceden en los acrílicos que visten estas paredes. Nunca se olvida la cámara de fotos en el equipaje y dispara cuando algo o alguien llama su atención. Son estas instantáneas las que luego utiliza a modo de boceto en su casa.

Y así el espectador sigue los pasos de un mochilero en una calle de París, se deja llevar por la velocidad de la ciudad de la luz, se sumerge en los cielos violetas de Roma, se aúpa al marco imposible de Orbaneja del Castillo, se relaja sobre una nube blanca en una puesta de sol, pedalea con rumbo o se detiene frente a la gorra de unos músicos callejeros.

A pesar de que solo tiene 25 años, la autora ya percibe cierta evolución en su obra. «Antes era más clásica, la pincelada más detallista, y ahora empiezo a tirar del color, a algo más expresivo, con más soltura», anota.

La historia de Sara Fuentes es un calco a la de tantos y tantos artistas de la ciudad. Una niña que lleva su pasión por pintar más allá del pupitre y de la mesa camilla del salón y se apunta a una academia, una adolescente que descubre la existencia de la carrera de Bellas Artes y decide seguir la senda del caballete en Salamanca y una joven recién licenciada que ve un mercado difícil, con pocas salidas para un oficio en el que prima la vocación y se decanta por preparar las oposiciones a Secundaria. Para impartir dibujo, por supuesto.

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En esas se encuentra esta creadora que roba tiempo a sus horas de estudio para entregarse a su pasión. Para ella siempre tiene un momento. Y además no necesita complicadas escenografías. Las musas se encuentran a gusto en un rinconcito con sus fotos-bocetos, una luz buena y la música en la habitación. El jazz y el blues la acompañan en esta travesía. Ya solo basta una mancha de color para que nazca una pintura.