RICARDO RUIZ Poeta
«El hombre está hecho de pérdidas»
Al tiempo que apura el café, 'batalla' con su nuevo poemario, 'Los vencidos', con el que abre un paréntesis a una carrera literaria jalonada por 'El hombre crepuscular', 'Estación lactante', Labores de rescate', 'Tatuajes' y 'Kilómetros de nostalgia'
-
A.S.R. / Burgos
Tienen los poetas un punto exhibicionista que les empuja a desnudarse verso a verso. Pero al mismo tiempo que se despojan de sus prendas se construyen con ellas, poema a poema. Ricardo Ruiz (Burgos, 1963) lo hace una vez más en su último poemario, Los vencidos (Editorial Devenir), que se asoma a modo de espejo donde se refleja El vampiro que chupó / la sangre del paraíso. / El tipo con traje y corbata / en las oficinas matinales, / el que vende su corazón / a cambio de un minuto de ternura. El mismo tipo que abre un paréntesis en su vida poética tras este libro que presenta el viernes en el Centro de Arte Caja de Burgos (CAB) en compañía del editor, Juan Pastor, y los periodistas Carlos Aganzo y Rodrigo Pérez Barredo.
Pregunta- Dice Pedro Olaya en el prólogo: No le pregunten al Señor Ruiz '¿Quién ha escrito este libro?'. Sería una impertinencia. Seámoslo. ¿Quién ha escrito Los vencidos?
Respuesta- Es un Ricardo Ruiz que culmina una trayectoria y se plantea parar y templar, el que hace recapitulación y balance desde el punto de vista poético y vital de lo que ha sido su carrera hasta este momento, el que se detiene a reflexionar y se dice: 'A partir de ahora ya veremos'.
P.- ¿Qué quiere decir con ese 'a partir de ahora ya veremos'?
R.- Los últimos quince años he tenido un momento creativo muy rico, he escrito y publicado mucho, pero llega un punto en el que todo autor tiene la necesidad, y sobre todo la exigencia literaria, de no mimetizarse, no autoplagiarse. Necesito tiempo, espacio y distancia para reinventarme literariamente. ¿A partir de ahora qué? Ya veremos a ver. No me planteo publicar de forma inmediata, quiero repensarme y seguir investigando para buscar nuevos caminos literarios, siempre poéticos, pero sin ningún tipo de plazo.
P.- Habla de una summa poética, un resumen de su trayecto poético y vital. ¿Qué quiere que el lector vea en él?
R.- Una evolución coherente. El objetivo de todo poeta es buscar una voz personal y reconocible por el lector.
P.- ¿Y cómo es su voz poética?
R.- Siempre ha sido muy intimista y muy evocadora. Se ha recreado en los mismos temas, en el paso del tiempo, la memoria, la evocación amorosa, la naturaleza humana y el misterio de los cotidiano. Aquí se encuentran todos.
P.- Pero lo hace con una rabia que no aparece en sus libros anteriores...
R.- Muy posiblemente. Es un libro con ética y estética. Tiene estética porque hablamos de literatura, pero también mucha moral. Los protagonistas, los vencidos, son unos tipos que no se reconocen en un mundo que ha perdido determinados valores y principios. Y la furia que esto provoca está ahí reflejada. Es una llamada a la regeneración desde el punto de vista ético y por eso es un poemario crítico, no quiero utilizar la palabra indignado porque está muy manida, no de compromiso social, pero sí ético y moral.
P.- ¿Se puede hablar también de resignación?
R.- Los poetas intimistas y evocadores, entre los que me incluyo, tenemos un componente fatalista, también entusiasta, porque somos los que más amamos la vida, pero con cierta amargura y decepción. La sociedad, tanto desde el punto de vista humano como colectivo, vive en unos momentos especialmente complejos y difíciles y en ese sentido aparece la melancolía, la amargura, la tristeza y quizás también la resignación. El mundo no está para momentos de especial alegría.
P.- De niño atravesaba el invierno en busca del mar de mis veranos. Desayunaba olas de azúcar en la cocina. Mis padres me amaron como solo aman los padres. Los reyes Magos trepaban a mis ojos por escaleras de nieve. Los westerns eran mi escuela y la literatura el revólver que disparaba poemas (...). ¿La infancia, siempre presente en sus poemarios, continúa siendo el paraíso perdido?
R.- Efectivamente. Si este libro es un balance de toda mi trayectoria no puede faltar el paraíso perdido de la infancia, la adolescencia, los años de mayor madurez. Todos volvemos a la infancia y en mi poesía está desde siempre.
P.- Aparece una referencia insistente al calcio en estos poemas. Escribe Aquella carretera conducía al paraíso. Arrancó su corazón, aceleró sus ojos y no frenó hasta que sus piernas sangraron de felicidad. Al llegar solo encontró calcio en los neumáticos. O Mis ojos atraviesan las ventanas del ayer. / No espero nada. / El dolor al dolor regresa / y mi destino trae calcio en las manos. ¿Qué lectura debe hacer el público de esta metáfora un tanto insólita?
R.- En mi poesía siempre hay un elemento muy físico e, insisto, autobiográfico. Yo tengo problemas de calcio en los hombros y cuando uno escribe, su evolución personal está presente. Es una figura que me gusta.
P.- ¿Es chocante por lo poco poético que a priori suena?
R.- Hasta el feísmo es poético. No solo lo bello es poesía. Todo es materia poética. Desde un hombro de calcio hasta un crepúsculo maravilloso.
P.- El tipo con traje y corbata está más presente que nunca. ¿Ha robado protagonismo al poeta?
R.- Mi poesía está muy marcada por mi biografía y con ella mi historia profesional. Siempre han caminado de la mano. Ricardo Ruiz tiene dos personalidades complementarias, el poeta que escribe y el señor de la calle que se dedica a una actividad laboral. La gente conoce al Ricardo Ruiz poeta, al periodista y al empleado de una entidad financiera. No hay que ocultar nada. Mi poesía siempre ha sido muy autobiográfica y he procurado que estos elementos no anularan la capacidad creativa y literaria.
P.- También pide más ternura que nunca en estos versos. ¿Está la sociedad a falta de ella?
R.- La sociedad tiene un cabreo generalizado y absolutamente reconocible y justificado. Y sí nos falta parar y reflexionar sobre lo que hemos hecho mal desde el punto de vista colectivo e individual y elementos como la ternura y la bondad son principios que hay que seguir reconociendo. ¿Por qué no una lágrima? No hay que esconderse por ser tierno. Uno tiene que ser duro cuando debe serlo, porque la vida te lo exige así, pero la ternura también está justificada. Y yo soy así. Tengo momentos de fortaleza y otros muy blandos. Todo va en el mismo paquete.
P.- E incluso va a buscarla a los supermercados del amor...
R.- El amor está en todos los sitios y en ninguno. Es solo una imagen. Hablamos de literatura y mi poesía es muy autobiográfica, pero también hay un componente importante de ficción.
P.- ¿De lo que se ha querido ser y no se es?
R.- Cuando uno mira atrás hace balance de lo que ha sido, de lo que ha tenido y de lo que ha perdido, sobre todo de las pérdidas, ahí meto más el dedo en la llaga.
P.- ¿Cuáles son las pérdidas irreparables?
R.- Amistades, personas cercanas, familiares, situaciones, hechos, lugares, momentos... El ser humano está hecho de pérdidas y de renuncias.
P.- ¿Y que le ayuda a sobrevivir?
R.- Muchas cosas. Una buena película, una buena canción, un buen libro, un buen partido de fútbol y, sobre todo, mis amigos y mis familiares, mis hijos y mi mujer. Ellos son los responsables de que yo cada mañana me levante y siga tirando.
P.- ¿Y quiénes son los vencidos?
R.- Los vencidos son esos seres crepusculares agarrados a los escombros de su propia dignidad y que conservan la dignidad de la derrota ante la pérdida de códigos y principios éticos, son una alegoría de los perdedores, gente que no se reconoce en un mundo donde la ética, la moral, la honestidad y la honradez han sido sustituidas por la amoralidad, la ambición, el éxito fácil, la indecencia moral, la corrupción... Hoy en día no triunfa la gente honesta, sino los héroes mediáticos de plástico, corruptos y con falta de dignidad. Los vencidos esperan el crepúsculo con escasa esperanza de lo que les espera, siempre queda un rayo de luz, pero el paisaje no es muy amable.
P.- En río Crepúsculo los vencidos aguardan su destino. ¿Cuál es?
R.- Es un destino de soledad, de silencio y de derrota; trágico y fatal pero que asumen con dignidad y entereza.
P.- ¿A qué huele el perfume indeleble de los vencidos?
R.- A ética, a moralidad, a dignidad, a honestidad, a honradez... Es un aroma que se está perdiendo. Hoy en día se destila más el de ambición desaforada, mediocridad, corrupción, papanatismo...
P.- Pero siempre nos quedará París...
R.- (Risas). Hay ciudades que nos marcan, en mi caso Madrid y París, sobre todo, una ciudad diferente, incomparable, y ambas representan momentos de mi vida. Sí, siempre nos quedará París, siempre nos quedará la memoria de lo vivido, la dignidad de la derrota, la entereza de los perdedores, la lírica de los vencidos.