ARTE
La rica, rica farándula de la morcilla
Maestro Cerezo 'reinventa' este típico producto como marca identitaria en 'Sushi de Burgos', una exposición que inaugura hoy en la Galería IT (Plaza Mayor) y extiende a distintas paredes de la ciudad
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A.S.R. / Burgos
Las turistas que bajan por el Corralón de los Infantes hacia el Citur miran raro a Igor Torres (hoy como galerista) y a Miguel Maestro Cerezo. No es para menos. Ambos se tapan los ojos con unas morcillas de cartulina que hoy lucirán como guirnaldas. Cuando las animan a compartir la foto, hacen un mohín y siguen su camino. Tal vez a la vuelta se fijen en ese dibujo de un hombre que descansa, que flota, tumbado sobre una morcilla, abrazándola cual tabla salvadora. Es uno de los dibujos callejeros de este creador que ha adoptado este producto cien por cien burgalés como marca. La morcilla se reinventa para el arte y se convierte en Sushi de Burgos, una exposición que hoy se inaugura en la Galería IT (Plaza Mayor, 9) y que se extiende a otros muros de la ciudad.
La construcción de este universo de granos de arroz comienza hace dos años en Bruselas. Un intercambio le llevó a la Escuela San Lucas. Allí necesitaba encontrar un motivo personal, propio, que lo representara. Y la morcilla de Burgos llamó a su puerta como el mejor de los iconos. «La veía bastante underground dentro de la cultura burgalesa, pero a la vez me representaba bastante porque es algo muy visceral, muy orgánico y a lo que le puedes sacar mucho jugo si le das la vuelta», comenta el artista al tiempo que, con ayuda de Lolo y su hermana Raquel, ultima la muestra que abre hoy (20.30 horas) con una fiesta en la que no faltará la morcilla (cortesía de Embutidos de Cardeña) y la música de dj Kaef (The Louk).
Llega el venerado producto y se pone al servicio de Maestro Cerezo. Érase una vez una morcilla desmenuzada, humanizada, convertida en la casa que todos llevamos encima, que ha perdido la cabeza como la sociedad actual, que mantiene relaciones más o menos tensas, más o menos placenteras, dueña y señora del arte urbano con su corona, su rodillo... Son litografías, dibujos a tinta china, técnicas mixtas enmarcadas que se quieren escapar a la calle, que se recrean en temas sociales sin perder el punto irónico y divertido. Maestro Cerezo habla con el spray.
Y con él reivindica la calle, la importancia de dejar a los chavales que vuelquen sus inquietudes en un muro. Quién sabe dónde terminarán. El creador pide la palabra. «El arte urbano está parado y mal visto en Burgos. Y no se trata de enguarrar nada, sino de poder intervenir y aportar un valor añadido a la calle. No hablo de niños que hacen firmas en las paredes, sino de personas con un nivel cultural, con unos estudios, que lo eligen como una manera de desarrollar un arte para todos, gratuito. Es hora de cambiar el conservadurismo, la mentalidad cerrada de la gente de Burgos, y ver el arte urbano con otros ojos», valora el artista burgalés, que se pone como el mejor ejemplo.
A ningún sitio habría llegado si de chaval no hubiera tenido una tapia en la que pintar, y sentir curiosidad, y hacer Bachillerato de Artes, y matricularse en un grado superior de diseño gráfico en Alicante, y hacer la diplomatura en Valencia, y encontrar un trabajo en Bruselas, y regresar a la ciudad del Turia para fundar La Minúscula, donde mostrar a los niños más desfavorecidos un camino por el que salir de la calle y promover la cultura ayudando a artistas jóvenes, programando conciertos... Tiene muy claro que hasta aquí ha llegado desde el cemento. Porque le dejaron pintar, porque tuvo un lienzo inmejorable. «No somos delincuentes. Desarrollamos arte de una manera gratuita».
Sushi de Burgos lo sirve en bandeja este mes. Con menú de interior (Galería IT) y de exterior (cerca del Citur, la vieja estación de tren, en una callejuela de plaza de Vega, junto al CAB...). La morcilla. Ese mundo por descubrir.