LA ENTREVISTA DEL LUNES Pilar Pérez-Canales

«Leer no es apretar un botón»

Se siente como una novia sin vestido cuando el fotógrafo saca un 'paraguas' para retratarla en la librería que su abuelo compró a Eduardo de Ontañón. Esta soldado raso obtuvo galones de capitán en la Asociación Provincial de Libreros y ahora que manda al gremio castellano y leonés su estrella luce más

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Burgos

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A.S.R. / Burgos

Se mueve entre libros como pez en el agua y se moja con las preguntas como si fueran olas, pero también es diestra sorteándolas.

Pregunta- Empezamos por el principio. Si esta entrevista se la hiciera Eduardo de Ontañón. ¿Cuál sería la primera pregunta?

Respuesta- Por la época en la que vivió, probablemente me pediría que colaborara en alguna de las revistas que él dirigía. Es fácil que me lo sugiriera por estar metida en el mundo de los libros.

P.- ¿Ha sentido alguna vez su espíritu en la librería?

R.- He nacido en la librería y eso conlleva años e historia, día a día entra gente que la recuerda ligada a su infancia, que comparte anécdotas, y es una carga emocional que te embulle y te da una cierta responsabilidad. Hay que mantenerlo, aunque solo sea para no decepcionar a esa gente.

P.- ¿Le contaron el cuento de érase una niña a un libro pegado?

R.- No, pero yo sí se lo he contado a mis hijas, lo llevo en la sangre. Se lo relataba a la hora de dormir y a la de despertar, que lo hacía de una manera especial, siempre con alguna historia relacionada con libros.

P.- ¿Cómo era eso?

R.- Las cantaba cancioncillas que siempre tenían algo que ver con lo que iban a hacer al día siguiente. Yo cantando, imagínate, tengo una voz horrible.

P.- Hablando de... ¿Cuál ha sido su mayor cantada?

R.- No es que no las haya hecho, pero quizás inconscientemente las he borrado porque cuando haces una cantada te quedas tan mal, tan mal que, probablemente, las borras. Yo prefiero no acordarme.

P.- ¿El cementerio de los libros olvidados necesita más rezos o más recuerdos?

R.- Necesita actividad, revivir. Los libros nunca pueden estar olvidados, sino recordados siempre, aunque alguno sí está en segundo plano. A los que están en el desván hay que sacarlos a la luz, quitarlos el polvo, que los dé el aire, que la gente los lea y aprenda de ellos.

P.- ¿Qué título ponemos a esa historia protagonizada por El Espolón?

R.- Iba a decir una cosa triste, pero prefiero algo que encierre esperanza. Nunca es tarde si la dicha es buena.

P.- ¿Tendrá final feliz?

R.- Seguro, solamente las autoridades se tienen que dar cuenta del potencial que tiene este paseo, que parece ser que ellos no lo ven, pero los turistas sí. Está sin explotar, es un lazo de unión entre lo nuevo y lo viejo, entre el Museo de la Evolución y la Catedral. La gente dice El Espolón era, y no, El Espolón es. Solo necesita un empuje fuerte para que sea más.

P.- ¿Qué escritor se le resistió cuando iba de feria en feria?

R.- Solo se me han resistido los que no merecían la pena estar en la Feria del Libro.

P.- ¿A quién le hubiera gustado traer y no pudo?

R.- A Vargas Llosa. Una vez estuve muy, muy cerca de traerlo, pero no estaba al alcance de nuestras posibilidades.

P.- Fue una delicia conocer a...

R.- A Forges, es una de las personas más maravillosas que he conocido dentro de este mundo, sin pretensiones, sencillo, generoso hasta el máximo..., y Dulce Chacón, que murió poco después, por su dulzura, su saber estar, su cercanía con las lectoras, por las anécdotas que me contó de su vida...

P.- ¿A quién hubiera sido mejor no invitar?

R.- A Bernabé Tierno. Tuvo unos detalles que no me gustaron y es incoherente con la filosofía que imprime a sus libros.

P.- Nos vamos a una isla desierta. ¿Qué nos llevamos?

R.- Me llevaría a Delibes, que nos convendría leer siempre, esos libros que hablan de ese carácter castellano, algunas veces huraño, otras generoso, siempre luchador, defensor de las tradiciones de Castilla, nostálgico con lo que se iba perdiendo... Si leyéramos más a Delibes querríamos más a nuestra tierra. Y me llevaría a Baricco, Tabuchi o Atiq Rahimi, un escritor afgano que me sorprendió con La piedra de la paciencia, impresionante, igual que su último libro, Maldito sea Dostoievski, que me ha maravillado como lo hizo Crimen y castigo cuando lo leí con 17 años. A una isla desierta me llevo todo.

P.- ¿Pero sobreviviría solo con libros?

R.- Y del pan nuestro de cada día.

P.- ¿Y si el destino fuera el Tíbet?

R.- Me entraron unas ganas enormes de ir al Tíbet, y aún es un deseo no realizado, cuando salieron los libros de Lobsang Rampa. Me abrieron los ojos sobre aquellas ciudades perdidas en las montañas, con los monjes, los niños que aprendían a ser lamas...

P.- ¿Cuáles son esas palabras que quiso que se llevara el viento?

R.- Vergüenza, deslealtad e insolidaridad. Me gustaría que desaparecieran del diccionario.

P.- Si los políticos leyeran más, ¿qué cambiaría?

R.- Todo, aunque depende de lo que lean. Si vieran que la vida está en los libros otra cosa sería.

P.- Las bicicletas son para el verano y los libros...

R.- Para todo el año.

P.- ¿Es el escaparate el espejo del librero?

R.- Sí, seguro. En el mío están los libros que yo quiero que la gente vea, conozca y se entere que existan.

P.- ¿Y cómo es la Pilar que se ve tras el cristal?

R.- Es una mujer entusiasmada con su trabajo, que llega cansada a su casa por la noche, pero a la mañana siguiente se levanta con ganas de luchar y que le da pena que la gente se olvide del libro y se dirija a esas tecnologías que no te aportan lo mismo. Nadie puede aficionarse a leer con un e-book. Lucho por el libro cada día.

P.- ¿Es el libro electrónico el enemigo a batir?

R.- A batir no porque es una lucha desigual, pero la gente se tiene que dar cuenta de que leer no es solo pasar los ojos por un sistema electrónico, sino ir a una librería, mirar un escaparate, escoger un libro, hablar con el librero, intercambiar opiniones... Leer no es apretar un botón.

P.- ¿Qué páginas marcaría del volumen de su vida?

R.- Marcaría el momento en el que murió mi padre y me tuve que hacer cargo de la librería, que cambió mi vida totalmente, el nacimiento de mis hijas y cuando conocí a mi marido.

P.- ¿En la piel de qué personaje se hubiera metido con gusto?

R.- ¡Hay tantos! Mi personaje preferido de pequeña era Jo, de Mujercitas. Era el modelo a seguir, la niña que quería ser independiente, libre, con aspiraciones... Era el prototipo de lo que yo quería ser. Me metería en la piel de un personaje que lucha por ser libre, sin cortapisas intelectuales ni personales.

P.- ¿A cuál le gustaría ver pulular entre las estanterías de su establecimiento?

R.- A alguno de los de Dickens, personajes misteriosos, malos y buenos, huraños, avaros y generosos. Me gusta la novela realista y este Londres del XIX, con sus luces y sus sombras.

P.- ¿Un libro para... reír?

R.- Riña de gatos, de Eduardo Mendoza.

P.- ... llorar?

R.- Maldito sea Dostoievski, de Atiq Rahimi.

P.- ... enamorar?

R.- Seda, de Baricco, maravilloso para darse cuenta de lo que es un amor y un desamor paso a paso.

P.- ... protestar?

R.- Cualquiera de los que salieron con el movimiento del 15-M.

P.- ... guardar?

R.- Todos. Destruir los libros, nunca.

P.- ... calzar una mesa?

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R.- Aquellos libros amarillos de Álvaro Baeza.