MARÍA DUEÑAS Escritora

«Intento volver a seducir a los lectores con honradez»

La autora de 'El tiempo entre costuras' presenta su segunda novela, 'Misión olvido', el viernes

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Burgos

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A.S.R. / Burgos

Cuando el mundo se tambalea bajo sus pies, la profesora Blanca Perea decide poner tierra y mar de por medio y acepta un trabajo en una universidad californiana. La catalogación del legado del viejo hispanista Andrés Fontana se presume una labor tediosa pero se convierte en una aventura por un pasado tan desconocido como apasionante con muchos interrogantes: ¿Qué movió al profesor a desempolvar las misiones de los franciscanos en California? ¿Por qué alguien decide rescatar su trabajo treinta años después de su muerte? Entre pregunta y pregunta, su corazón roto volverá a latir al lado de su colega norteamericano Daniel Carter. Misión olvido es la segunda novela de María Dueñas, que vuelve tras romper todos los moldes con su ópera prima, El tiempo entre costuras. El viernes se encuentra con su público en la librería Hijos de Santiago Rodríguez del Camino de la Plata (20 horas) en una gira de promoción que la tiene absorbida desde hace dos meses y medio.

Pregunta- ¿Qué enseñan a un escritor estas citas con sus lectores?

Respuesta- Para mí son tremendamente enriquecedoras. Es un contacto cara a cara, les pones rostro, ves las reacciones, que, en mi caso, son de una manera muy cálida, muy positiva y muy receptiva. Pero, además, son muy útiles porque les cojo el pulso, apunto sus sugerencias, qué les ha gustado más, qué les ha emocionado, qué pasajes les han despertado más curiosidad... Voy encantada, son una muestra de gratitud hacia los lectores que han depositado su confianza en el libro, que han invertido su tiempo en leer mis historias y que han gastado su dinero en un proyecto personal mío.

P.- ¿El recibimiento tan cálido y abrumador en su debut ha añadido mayor responsabilidad en esta segunda novela?

R.- He preferido no dejarme presionar, de hecho no he tenido ninguna presión externa ni interna. He querido trabajar con libertad absoluta, buscando que cada novela fuese por separado, no transferir nada de una a la otra, no intentar emular la fórmula para ver si conseguía otra vez el éxito por la vía más fácil. Intento volver a seducir a los lectores con honradez y con mis mejores armas y, afortunadamente, la cosa va por el buen camino.

P.- ¿Cuáles son esas armas de seducción?

R.- Por lo que los lectores me dicen, es una combinación de tres cosas. Primero, una trama ágil, que les interese, les cautive, les lleve a tener ganas de pasar las páginas, que no les aburra y dejen el libro a la mitad. Por otra parte, está la gran carga de humanidad que desprenden los personajes, quiero que sean creíbles, sólidos, que tengan rasgos casi humanos, con los que el público se pueda sentir cercano, cómplice y despertar en él emociones de todo tipo. Y, en tercer lugar, mi estilo narrativo, que no caiga en la excesiva simplicidad y sea atractivo a la hora de leer.

P.- ¿Cuál fue la chispa que prendió el argumento de Misión olvido?

R.- La chispa fue una casualidad, un viaje de verano a California en el que no buscaba nada en concreto, ni literario ni personal, pero en la zona norte, en la bahía de San Francisco, recorriendo sus viñedos y bodegas, dimos por casualidad con la última misión del legendario Camino Real que establecieron los misioneros franciscanos en los tiempos en los que aquella zona era española. A esta última misión, por el tiempo en el que se crea, le rodean unas circunstancias muy especiales que me parecieron interesantísimas. Me extrañó que no conociéramos más estas expediciones y vi un material excelente para una novela.

P.- Se conocen más las latinoamericanas...

R.- Exactamente, aunque allí las tienen en una estima enorme. Se tiene muy presente todo el legado español en la formación de la actual California. En cambio nosotros, que fuimos sus protagonistas, lo tenemos muy olvidado.

P.- ¿Es más fácil escribir de algo sobre lo que ya hay producción o sobre un terreno virgen?

R.- A mí me interesa poder aportar un componente de novedad, adentrarme por caminos menos conocidos. Es un reto mucho más satisfactorio.

P.- ¿La elección de una profesora como protagonista es nostalgia de su antigua vida antes del boom de El tiempo entre costuras?

R.- No, no, no... He pensado que creando un personaje que pudiera tener un perfil afín al mío podría meterme en su piel con gran complicidad, entendiendo sus circunstancias, creando una realidad accesible, verosímil y fiel. Ha sido muy cómodo e ilusionante dar vida a Blanca Perea porque comparto con ella muchas cosas en su perfil exterior, aunque después yo no soy ella, ni su álter ego, ni he querido trasvasar a ella experiencias personales. Pero Blanca, tanto para mí como para los lectores, al ser una mujer de nuestro tiempo, con problemas, circunstancias y conflictos personales que todos tenemos cerca, parejas que se derrumban, hijos que vuelan..., sí es un personaje hacia el que se puede desarrollar empatía.

P.- ¿Cuesta desprenderse de los personajes que uno crea?

R.- Cuando estás tanto tiempo con ellos se agradece que corra un poco el aire. Con Sira Quiroga me pedían una segunda parte, pero es que he estado con ella seis años, entre preparar, escribir, publicar, promocionar..., y ya me apetecía algo distinto. Ahora estoy igual con Blanca Perea. Estoy muy a gusto, pero supongo que con el tiempo querré meterme en otras pieles y otros mundos.

P.- ¿Se puede establecer algún puente entre Blanca Perea y Sira Quiroga?

R.- Lo único es que a las dos las pone en movimiento el desamor, una fractura sentimental de muy distinto tipo. Más allá no hay mucho en común. Sira era joven, inocente, incauta, vive en los años treinta y Blanca es una mujer de nuestro tiempo, más madura, más profesional, con otros recursos.

P.- ¿Por qué el desamor como motor de arranque?

R.- Es muy difícil llevar una linealidad monocorde y armoniosa siempre en la vida, todos tenemos altibajos, cosas que se nos van de la mano, se fracturan, se tuercen hacia sitios inesperados. Les pasa a ellas dos, pero como a tantas otras.

P.- ¿A qué no acaba de acostumbrarse de su vida como escritora?

R.- Me he acostumbrado a todo bastante bien. Es una buena vida dentro de que es un oficio y hay que trabajar mucho. Todo es bastante asumible. Tengo la suerte de que esa proyección pública que desde fuera puede resultar cargante para mí no lo es. Los lectores se acercan siempre con mucho cariño y gratitud y voy por la calle absolutamente anónima.

P.- ¿Le asustan las críticas?

R.- No, cuando se hacen desde el rigor, la profesionalidad y el sitio donde debe estar el crítico. Pero cuando parten de posturas despectivas o desde un punto de vista influido por el que algo que vende no merece recibir una buena crítica no es que me afecten, es que no las considero.

P.- ¿Ha sentido el pánico del folio en blanco?

R.- No, todo lo contrario. Me sobran ideas y me falta tiempo para verterlas.

P.- ¿La actualidad tan convulsa es inspiradora?

R.- Es inspiradora y desasosegante. A mí particularmente no me inspira para escribir de ella, sino lo contrario. Me desasosiega la realidad y, precisamente, por eso he intentado hacer una novela positiva, luminosa, que venga a decir que por duros que sean los momentos que vivimos lo mejor de la vida todavía está por llegar.

P.- ¿Cuándo saltará a la pantalla la serie basada en El tiempo entre costuras? ¿Gustará?

R.- No hay ninguna fecha prevista. Hasta lo que he visto creo que va a gustar mucho a los lectores y a los televidentes.

P.- ¿Ve posibilidades visuales a Misión olvido?

R.- Hay productores a los que les ha encantado el libro y les gustaría llevarlo al medio audiovisual, pero según están las cosas de complicadas en todos los terrenos es una aventura, aunque no se descarta que en un futuro pueda haber algo.

P.- ¿Es pronto para hablar de una tercera novela de María Dueñas?

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R.- Es un poco pronto, no me da tiempo a nada más. La promoción de Misión olvido está siendo muy intensa y El tiempo entre costuras aún me sigue solicitando. Pero antes o después llegará.