PINTURA

Viaje al expresionismo salvaje

Álvaro Álvarez reúne una colección en el Consulado del Mar con una selección de la obra creada desde hace más de diez años. Hasta el 16 de diciembre

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Burgos

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A.S.R. / Burgos

Como el viajero al que cantó el poeta chino Lao Tse, ese que no tiene un sitio dibujado en la mente y por eso sigue haciendo el equipaje, se siente Álvaro Álvarez. El pintor es un pertinaz buscador. No sabe qué, pero necesita pintar, pintar y pintar. Un día llaman a su puerta, es la señorita musa y él la deja pasar y se cierran los dos con el pestillo echado. El tiempo que se quedará es una incógnita y el artista sabe que tiene que aprovechar su momento. Carpe diem. Fruto de esas visitas inesperadas, furtivas, fugaces unas veces, duraderas otras, ha nacido una producción creativa ingente. Una selección compone Perdidos en la luz, la muestra que ocupa el Consulado del Mar hasta el 16 de enero.

«Suelo pintar rápido, es algo instintivo. Yo sí creo en la inspiración y, además, creo que no te pilla trabajando, sería bueno, sería más rápido el proceso. Cuando lo necesitas es cuando te falta tiempo porque no lo has planificado y pintas, pintas, pintas... Lo normal es que realice muchos cuadros en un periodo corto de tiempo y que luego haya una sequía», explica Álvarez.

Perdidos en la luz dice su autor es su mejor exposición, la que resume lo mejor de su producción desde hace más de diez años hasta hace un año. Las musas hace tiempo que no llaman a la puerta de este creador sin normas ni límites. Pinceladas más o menos figurativas, más o menos abstractas, más o menos matéricas trazan esa búsqueda constante e instintiva que para Álvarez es la pintura. «No utilizo bocetos, es un expresionismo bastante salvaje», se atreve a definir su heterogénea obra.

Afirma que odia esas exposiciones en las que parece que se repite el mismo cuadro, que siguen la misma senda porque en algún momento ha funcionado y ha encontrado el aplauso y el bolsillo del público. No le interesa. Confiesa que él trabaja para él y miel sobre hojuelas si luego resulta que el espectador comparte sus satisfacciones.

«Quiero que cada cuadro tenga su personalidad y que le noquee, le golpee», comenta el pintor envuelto por la música de Stravinsky, a quien dedica una de sus creaciones y con cuyas notas se identifica por su naturaleza cambiante que lo mismo se ajusta a un cuento de terror que a un documental del oso pardo.

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Álvaro Álvarez (www.alvaroalvarezburgos.com) ha cogido carrerilla y tras debutar en Burgos el pasado enero en la Sala Espolón de Cajacírculo regresará en primavera con una exposición en el Arco de Santa María. Precisamente ayer recibía la visita de su actual inquilino, Ignacio del Río, que con su mirada de sabio bohemio, le dijo antes de marcharse: «Tienes buena raza de pintor».