EXPOSICIÓN

Una cálida aventura ‘vintage’

José Luis Revilla regresa al Arco de Santa María con una colección evocadora en la que dominan los objetos cotidianos y los paisajes. La textura gana otra vez al color

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Burgos

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A.S.R. / BurgosLa bicicleta en la que el hijo del boticario recorría todas las tardes los veinte kilómetros que le separaban del pueblo de la joven por la que bebía los vientos; el desvencijado sillón donde el abuelo se quedaba dormido cada noche, su viejo pastor alemán se echaba la siesta y la abuela hacía ganchillo; la vespa que llevaba a los amigos hasta la orilla del río para pasar la tarde de domingo entre baños, cervezas y ranas; el majuelo nevado, aquel en el que las cepas se asoman tímidas para ver la sonrisa de satisfacción del urbanita que dijo un día ‘la ciudad no es para mí’... Las pinturas de José Luis Revilla esconden mil y una historias en el Arco de Santa María. El artista regresa cinco años después con una colección evocadora, un puñado de obras que invitan al espectador a emprender un imaginado viaje a un tiempo pasado y feliz.¿Es Negro sobre blanco una cálida aventura vintage? «Sí, sí, la verdad es que si hay un denominador común, la sensación de paz, sosiego, relajación que te transmite, igual los paisajes nevados que la representación de una bicicleta. Ninguna te altera. Sí existe esa idea de placidez», explica el creador frente a estas pinturas horas antes de la inauguración de esta exposición, que permanecerá abierta hasta el 12 de enero.Viñedos nevados, vistas de las casas de Venecia asomadas a sus canales y objetos cotidianos como bicis, motos y sillones dominan en esta muestra en la que el autor asturiano afincado en Burgos no puede ocultarse.Su huella se revela en cada uno de estos cuadros, pequeños y grandes formatos que surcan en armonía las paredes, con el uso de la arpillera y otros materiales reciclados como papel, cartón, viejos pinceles que utiliza para dibujar los embarcaderos donde arriban los gondoleros o trozos de sarmiento para representar las viñas, y el descarado dominio de la textura sobre el color, hasta el punto de que algunas piezas van camino de convertirse en altorrelieves.«Hay muy poca concesión al color, poco o nada se escapa de los negros, grises, blancos y marrones, fuera estridencias. A mí me gusta disfrutar de los blancos, de los matices. El color está bien, pero yo me quedo con la textura», confiesa Revilla, que en los últimos años ha mostrado su trabajo en Mallorca, Madrid o incluso Italia.Al país transalpino también guiña un ojo. Confesa es su pasión por Nueva York y Venecia. La gran manzana cede todo el protagonismo en esta ocasión a la ciudad de los canales, con siluetas evocadoras, salidas de un cuento, embrujadas, hechizadas...«Es un lugar icónico y que desde hace siglos ha fascinado a la gente sin ser ninguna gran potencia, pero todas sus vivencias y su imponente imagen sigue atrayendo a millones de gente», intenta el artista poner palabras a su embeleso por el efímero encanto de esta urbe siempre inspiradora.

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