CARLOS SÁEZ SÁEZ Director de la Academia Provincial de Dibujo

«Nosotros paliamos el desastre de la enseñanza artística»

Confiesa que fue alumno malo y por poco tiempo del Consulado, donde volvió años después como profesor. Dos décadas con la toga puesta, desde febrero de 2010 con la vara de mando

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Burgos

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A.S.R. / Burgos«Está bien ser ambicioso, no quiero aburguesarme demasiado». Carlos Sáez pronunciaba estas palabras hace tres años en su despacho de la Academia Provincial de Dibujo tras coger sus riendas y las cumplió sin perder tiempo. Capitaneó una pequeña revolución que introdujo al centro en el siglo XXI. Las nuevas tecnologías llamaban a la puerta del Consulado. No era una visita de cortesía. Llegaban para quedarse. El curso 2011-2012 marcó un antes y un después en una institución nacida en el siglo XVIII. Tres años después, el balance que hace su director es positivo.A pesar de la fuerte inversión realizada para esta puesta al día y las estrecheces con las que tienen que convivir, la Academia crece. Tres profesores, 75 alumnos a diario y más de 30 en los dos cursos monográficos son cifras para la alegría.Un sentimiento que Carlos Sáez transmite en el marco de la exposición con los trabajos de fin de curso, trasladada este año hasta el Monasterio de San Agustín, donde estará hasta el domingo (de lunes a sábado de 12 a 14 y de 18 a 20.30 horas y domingos de 11 a 14 horas), conquistada por el dibujo digital.Pregunta- ¿Dónde ha quedado la parte tradicional?Respuesta- Se ha quedado reducida a la mínima expresión, aunque a los de primer y segundo años los hacemos pintar un poco. Al inicio del curso los instamos a comprar un bloc en el que realicen sus dibujos a mano. Pero en la academia sería un 20% de dibujo clásico muy básico y el resto, con ordenador.P.- Aquella pequeña revolución tecnológica ha ganado...R.- Era necesario. A lo largo de estos próximos años me gustaría, poco a poco, ir reintroduciendo la pintura clásica, pero la exigencia de aprender el software y cierto instrumental quita peso a la enseñanza tradicional.P.- ¿Ha ganado atractivo la escuela con el cambio?R.- Yo creo que sí, aunque algunos me digan que esto ya no lo conoce nadie o que no es lo que era, pero es que el dibujo que se hace ahora en muchos sitios, en las empresas, la industria o la animación, ya no es lo que era. Hay una influencia enorme del mundo audiovisual desde hace muchos años. Es una realidad y no podemos ser ajenos a ella. Con el tiempo sí me gustaría retomar el dibujo del natural, que se ha quedado mortecino, pero necesita una reinversión seria en el aula y la cosa ahora no está para tanto, quizás en un par de años. Y, por supuesto, seguimos con los cursos monográficos, que, si el presupuesto lo permite, me gustaría incrementar el próximo año.P.- ¿Qué otras novedades tienen de cara a otoño?R.- Estamos viendo cómo participar con la Diputación desde el punto de vista formativo y dar cursos de actualización a trabajadores de la institución, igual que con el Colegio de Aparejadores. Estas dos colaboraciones posibilitarían ocupar las aulas por las mañanas y aprovechar los equipos. Luego hemos bajado la edad de ingreso hasta los 11 años, cuando hasta ahora empezaban con 12 y seguían hasta los 15 o 16.P.- Colea aún un viejo proyecto de una reforma integral del edificio para el que ahora no hay presupuesto, pero también habla de inversiones a corto plazo. ¿Cuáles serían las necesarias?R.- Yo estoy muy contento con el esfuerzo realizado estos últimos años con la adquisición de ordenadores, software y otros sistemas, que se ha hecho poco a poco, al trantran, y este mismo ritmo sería el ideal para el aula al natural, que urge una mejora sobre todo en lo referente a la iluminación, que es malísima. Si lo conseguimos, tengo la vieja idea de, como pasa en el Círculo de Bellas Artes de Madrid o en Barcelona, crear turnos de dibujo al natural, de estatua, bodegón o desnudo, que se hace en muy pocas partes, para convertirla en un espacio integrador en el que se junte gente con las mismas inquietudes.P.- Dirige una academia de la que han salido artistas que ocupan las páginas de la historia local. ¿Ahora mismo hay madera? ¿Seguirán alimentando las artes burgalesas?R.- Siempre hay, pero quizás el tema de lo artístico ya no se ve claramente en la pintura o en la escultura tradicional, sino en otras vías. Algunas personas que han estado en la academia han hecho Comunicación Audiovisual, Diseño de Videojuegos, Animación... Son carreras nuevas a las que acceden nuestros alumnos. Es evidente que el mundo artístico ha cambiado.P.- ¿Cómo se ve desde El Espolón la enseñanza artística reglada en España?R.- La enseñanza artística es un desastre. Se ha notado muchísimo en los últimos años y más se va a notar. Si se recortan horas, presupuesto y posibilidades, tanto en la musical como en la plástica, se agravará. Para paliar esto un poco, porque somos pequeñitos, estamos academias como la nuestra o los conservatorios.P.- ¿Y el panorama creativo local?R.- Es complejo. Hay gente preparada que hace cosas interesantes pero a nivel económico las ventas son desastrosas desde hace años, ya no quedan galerías comerciales y se echan de menos. El arte es una carrera de largo aliento, hay que ir poco a poco, sales, te quedas, no te gusta, rompes, modificas... Yo sigo creyendo en el trabajo del día a día, de seguir investigando, de continuar dando vueltas, es bueno tener periodos de reflexión, no es necesario demostrar tu valía constantemente... Es una época dura y va a costar tiempo recuperarse. La cultura es aquello que siempre se deja para el final y la gente no paga por ella y es nefasto. El panorama lo veo muy gris, aunque cada uno en su ámbito intenta mejorar.P.- ¿El Carlos Sáez de despacho se ha comido al Carlos Sáez pintor?R.- En parte sí. Llevo tres años sin hacer apenas nada. He metido muchas horas, energía, reuniones y actividad burocrática en esto, pero era necesario. Había que invertir este tiempo para que la academia saliera adelante, con el apoyo institucional, que siempre he tenido. Sí es verdad que estoy en una época de desencanto de lo artístico como algo económicamente viable, pero las ideas siguen estando y tendrán su ocasión.

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