BURGOS / Fotografía

El campus abstracto

Rodrigo Macho fija su objetivo en los edificios de la Universidad de Burgos y reúne veinte sorprendentes miradas en ‘Arquitectura oculta’, enmarcada en el 20 aniversario de la institución

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A.S.R.
Burgos

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Una farola, calidez, París, olalá en contraste con vanos estilizados, tajos de navaja en la pared blanca, aséptica, fría, pies en la realidad. Fuego en la fachada. Luces y sombras. Cielo azul. Mañana de presente y de futuro. Escaleras que suben y bajan. Zigzag. Incertidumbre. Cuadros que dibujan un puzle blanco. Pura simetría. Abstracción. Un mundo nuevo.

Una detrás de otra se suceden las veinte miradas que Rodrigo Macho ha robado a los edificios de la Universidad de Burgos. El fotógrafo burgalés da una nueva dimensión a estos inmuebles por los que estudiantes, profesores y otros trabajadores pasan a diario sin reparar en ellos, sin detenerse en sus líneas rectas, en sus recovecos, en las sombras que proyecta el sol en sus paredes o en el dibujo que crean las escaleras por las que bajan y suben.

La mirada de Macho los fragmenta, aísla sus elementos, los estudia y vigila. Y en el momento más inesperado los atrapa y convierte en cuadros abstractos, descubre su Arquitectura oculta, que así se titula esta muestra, un encargo de la UBU dentro de la celebración de su veinte aniversario.

Precisamente, ahí, en su carácter de encargo, en la delimitación del campo, ha estado el desafío para el autor, que en los últimos años, y tras pasar varios como fotógrafo de prensa, trabaja en esta línea de arquitecturas y geometrías abstractas, que llamó la atención de los responsables de la UBU en una exposición anterior en La Casa de las Musas.

«En esta ocasión ha sido más difícil porque tienes que hacer fotos a edificios en los que por sí no te hubieras fijado. Había que forzar la situación», observa y matiza que, aunque pudieran parecer poco fotogénicos, a él su frialdad le ha atrapado. Tanto las líneas más contemporáneas como pueden ser las de la nueva Politécnica como las más ajadas de la vieja. «Tienen líneas bastante puras, ausencia de color y sin florituras en las fachadas que se ajustan, igual de más, a mi trabajo», dice y añade que tampoco le hubiera disgustado alguna gota más de color, que lo hay, pero escasito.

Sus paseos le ha costado dar con la foto buscada. Había muchas facultades por las que ni siquiera había pasado. Ha tenido que merodearlas, estudiar la incidencia de la luz en ellas, investigar sus formas... Un día detrás de otro, disparos y más disparos, hasta dar con la foto.

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Arquitectura oculta ocupará el vestíbulo de la Biblioteca Universitaria hasta el 19 de diciembre. Después de pasar por allí, estudiantes, profesores y público en general cambiarán sin remedio su mirada. Donde antes veían unas escaleras donde fumar o una ventana a la que asomarse verán un cuadro abstracto.