BURGOS / Exposición
La conjura de la Obregón
Un fotógrafo, un poeta, dos pintores y un ebanista orquestan una muestra con el otoño como musa y una copa de vino como aliada
Los cinco caballeros de la conspiración son, de i. a d., Roberto Ordóñez, suyos son los marcos, Antonio Basavilbaso, que firma los acrílicos, Tino Barriuso, el hacedor de versos, Jorge Jiménez, en su faceta de fotógrafo, y Fernando Arahuetes, a la acuarel-Israel L. Murillo
Son los bares qué lugares para conversar, antros de perdición y encuentro, fábricas de sueños y deseos compartidos, espacios proclives a la conspiración, más dulce y más amarga. Alrededor de una copa de vino, con la cháchara de parroquianos como banda sonora y el cric croc de las cáscaras de cacahuetes como alarma de seguridad, nació la conjura de la Obregón, una más. Al dueño y señor de esta taberna de la calle Clunia, inquieto hacedor de cultura en la ciudad, le instigaban para que se lanzara, para que desempolvara sus fotografías, que no exponía desde 2009. Le convencieron, pero no quiso estar solo en esta aventura. Le bastó tirar un poco del hilo para que aparecieran entregados el poeta Tino Barriuso, los pintores Antonio Basavilbaso y Fernando Arahuetes y el ebanista Roberto Ordóñez.
Se trataba de confabularse para sacar adelante un proyecto colectivo. El otoño apareció como interesante hilo conductor. Jiménez brujuleó en el archivo y encontró unas instantáneas realizadas en Francia. Hacían falta más. Cogió la cámara y respiró aire puro en Hontomín. Se juntó con varias decenas. Se las enseñó a los pintores y ellos convirtieron las más sugerentes en su pequeño tesoro. Basavilbaso las tornó en acrílicos, enmarcados por el artesano Roberto Ordóñez con madera de haya y roble, salvaje, directa del monte, apenas tratada, y en las manos de Arahuetes volaron ligeras como acuarelas.
El resultado viste las paredes de este local en una suerte de barroca escenografía que enmarca el diario teatro de la vida de quienes gustan bebérsela en una copa de vino.
«Esto es una conspiración maravillosa. Hay una serie de ciudadanos que salimos como duendes cuando alguien toca la campana como ha hecho ahora Jorge», comenta Tino Barriuso, que cose este decorado con los versos de La piel de aquel otoño, incluido en su último poemario, Noticia de un antiguo paraíso.
Pero estaban ahí, detrás de la llamada.
Alguien oyó su llanto, se adentró en el instante
Se desnudó del alma para aliviar su frío,
Les preguntó su nombre
Roca
Pájaro
Río
Rocas, pájaros y ríos viven en estas creaciones en las que Arahuetes ve, además, la magia de la espontaneidad, del encanto de las cosas hechas sin el copetín institucional. «Es un pequeño botón de muestra de lo que podríamos hacer si tuviéramos un mecenas para una producción más ambiciosa», observa Jiménez sobre esta muestra, que coloreará la Obregón hasta el 29. Llegará la despedida con ritmo, por lo menos el del chinchín del brindis.