BURGOS / Exposición

...Y en tu fiesta me colé

Alfredo Gutiérrez reúne una colección de pinturas en ‘El descaro del color’, en la que se recrea en la abstracción y en una explosión cromática con la que quiere contagiar su mirada positiva

Alfredo Gutiérrez se guía por una filosofía optimista que traslada a sus pinturas.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Cielos estrellados de verano, serpentinas de colores, chicas bailando a la luna, luces de neón... Alfredo Gutiérrez se cuela en la fiesta de la pintura con una colección que pretende contagiar la alegría, el optimismo y la pasión con la que vive su creador, cincelado al ritmo de la noche por su condición de hostelero, algo que se vislumbra en El descaro del color, en el Consulado del Mar hasta el 17 de marzo.

«La mirada siempre tiene que ser hacia adelante. La alegría de los focos y el contraste de luces y color de mis establecimientos -es dueño del Paripé, Quo y 7’70- se reflejan de manera inconsciente en los cuadros. No podía hacer una pintura negra y oscura, sino que es todo lo contrario, moderna y divertida, mi día a día», observa el artista, que, tras varias exposiciones en distintos bares, debuta en las salas con este conjunto de pinturas en las que asegura obedecer sin peros las órdenes de su interior.

«Todo lo que hago me sale de dentro. Nada es fingido. Aquí está lo que soy», apostilla y quiere que esta exposición sea la llave que abra la puerta de otros espacios y galerías. Sin obsesiones.

El descaro del color se deja envolver por la chispa de la vida nocturna, pero también por el sosiego, la calma y la poética de los paisajes nevados, imaginados y soñados, en los que, sin remedio, se cuela ese guiño al optimismo del que hace gala el pintor.

La historia de Alfredo Gutiérrez con la pintura se empieza a escribir, como es habitual, en el colegio con lápices de colores y acuarelas. El flirteo continuó hasta los veintitantos, hasta que se hizo autónomo y el deber le reclamó todo su tiempo. Atrás se quedaron, durante una buena temporada, la paleta y los pinceles hasta que hace alrededor de diez años decidió quitarles el polvo y rescatar aquella vieja pasión.

Se apuntó a las clases de la Universidad Popular con Paula Sampelayo y Fran Herreros como profesores -«Alfredo logra desarrollar una pintura sin prejuicios, con sencillas e inmediatas imágenes que va componiendo. No hay peligro de un mañana. Solo el pintor aspira a su felicidad creando su propia vida. El divertimento de la creación acabó y ahora solo queda ver ‘el descaro del color’», dice el maestro en el folleto de la exposición- y dispuesto a absorber todas sus enseñanzas hasta este curso, que ha dejado las clases. Primero la figuración, los pilares del dibujo. Después, la abstracción como meta de la libertad creativa.

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«Me encuentro mucho más cómodo. Quizás he dado el salto pronto, pero estoy muy seguro de mi pintura», confiesa dispuesto a continuar bajo el embrujo de las musas de la noche.