BURGOS
Fernández de la Cuesta, premiado en Portugal
El musicólogo de Neila recibirá el Premio de Música del Festival Terras sem Sombra el sábado, con el que se distingue su trayectoria y su aportación a la conservación y difusión del patrimonio
Fernández de la Cuesta recogió el Premio Castilla y León en abril.-Ical
El incansable trabajo de Ismael Fernández de la Cuesta en el mantenimiento, estudio y difusión del patrimonio musical vuelve a encender los focos sobre su figura como ya lo hizo el pasado mes de abril al recoger el Premio Castilla y León de Restauración y Conservación. El musicólogo burgalés recibirá el sábado el Premio Internacional de Música del Festival Terras sem Sombra de Portugal.
«Para mí es un honor muy grande. Son 75 años. Ahí está una vida, muchos años de trabajo, y parece que sí se acumulan los reconocimientos», señala al otro lado del teléfono desde su casa en Madrid tras pasar la mañana en su despacho de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
«Cuando uno hace las cosas con gusto y sale muy contento del resultado, aunque parezca que siempre haga lo mismo, al final llegan los premios. Nunca he hecho nada con este fin, siempre he buscado hacer las cosas bien, pero es verdad que me siento muy aplaudido», apostilla orgulloso de compartir este galardón con, entre otros, su compañera de la Academia Teresa Berganza, que lo levantó en la anterior edición.
Portugal se ha fijado en una vida incansable, de brujuleo en archivos, de quitar polvo y devolver la luz a partituras olvidadas, de poner en valor el patrimonio musical, de escribir sobre el pentagrama, de saltar al escenario, de blandir la batuta, de compartir sus investigaciones... Y a Ismael Fernández de la Cuesta le hace especial ilusión que sea el país vecino, que a veces mira más al otro lado del Atlántico que hacia el viejo continente, quien distinga esta trayectoria.
«Nosotros tampoco hemos tenido esa conciencia con Portugal, pero hay grandes músicos y profesionales allí», comenta y añade que él tiene relación con varios profesionales de allí como Manuel Carlos de Brito, Manuel Morais o Manuel Pedro Ferreira, que, como él, pertenecen a esa clase de musicólogos que «vivimos la música desde dentro porque la hemos trabajado como intérpretes y compositores».
Ha sido un bagaje construido desde que era un niño en Neila, su pueblo natal, que estará muy presente en las palabras que dirija a los asistentes en la entrega de estos galardones, a celebrar en Sines, perteneciente a la diócesis de Beja, que distinguirán igualmente al Centro Nacional de Cultura, en la categoría de Patrimonio, y al programa Mediterráneo de la World Wide Fund for Nature, en la de Biodiversidad.
Volverá de Portugal orgulloso por esta nueva medalla y regresará a su despacho. Varios son los proyectos en los que está trabajando desde hace algún tiempo.
Está estudiando los «extraordinarios fondos» que la Hispanic Society of America tiene de Federico Olmeda, que lo llevó recientemente a Nueva York, donde se llevó las manos a la cabeza por la falta de catalogación de este material que le hace inaccesible a los investigadores. Le consuela que el legado está seguro y protegido.
No ocurre lo mismo en Sudamérica, donde su patrimonio musical está más expuesto a la acción de los vándalos en una sociedad que aún necesita una mayor sensibilización.
Precisamente hasta Perú viajará en otoño llamado por la Fundación Descalzos del Rímac de Lima para echar una mano en la catalogación de la colección de 40 cantorales que custodia. «Lo de América es impresionante. Tiene un patrimonio infinito», recalca y observa que la Real Academia de San Fernando ha creado un máster intensivo para la recuperación del patrimonio musical iberoamericano cursado por setenta profesionales de Latinoamérica, desde México a Argentina.
Y aún está volcado sobre otro de sus grandes y viejos proyectos, la publicación de La catedral sonora, a la que, cruza los dedos, espera dar un buen empujón en breve.