BURGOS

Alas para reemprender el vuelo

Belén de la Parte se reencuentra con la pintura y el público tras más de veinte años de ausencia en la exposición ‘Ángeles caídos y ángeles levantados’, que permanecerá los meses de julio y agosto en el Espacio de Arte Ural Motor

Belén de la Parte, junto a algunas de las pinturas realizadas con pigmentos naturales que visten el Espacio de Arte Ural Motor.-Israel L. Murillo

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Levanto la cabeza hacia el cielo, respiro hondo y despliego las alas para que se desenvuelvan juguetonas y sutiles, alas que he tallado con cincel sobre dura piedra a golpes de desilusiones; no importa que sean reales o ficticias o solamente asomen como una quimera. No dejaré de ser tenaz, agarraré el futuro con expectación... Estas palabras suenan como un aldabonazo y abren la puerta de Ángeles caídos y ángeles levantados, la muestra que ocupa el Espacio de Arte Ural Motor en julio y agosto, con la que la polifacética Belén de la Parte se reencuentra con el público después de más de veinte años de ausencia de los espacios expositivos.

La pintora reemprende el vuelo con una colección de veinte cuadros que da alas a una carrera que se reanuda al más puro estilo de Fray Luis de León. Como el profesor que tras cinco años de presidio volvió a las aulas salmantinas con el mítico Decíamos ayer..., De la Parte regresa a las salas burgalesas como si no hubieran pasado dos décadas, tirando del hilo que dejó antaño, aunque en casa, fuera de miradas ajenas, nunca colgara los pinceles.

Vuelve a ese ovillo abandonado por las obligaciones laborales y se regodea en el uso de pigmentos naturales con aceites, con unos acabados que le fascinan, la utilización de rodillo en vez de pinceles o espátulas, «que me permite conseguir la fuerza que persigo, las líneas fuertes», y la entrega al simbolismo que encierran los ángeles.

«Son el reflejo de la época tan difícil que estamos pasando, en la que necesitamos estas alas para levantarnos cuando caemos», comenta la creadora a la que se le nota su vena literaria en el título de las obras. Palabras que caen, que se elevan, que vuelan...

Véndame los ojos pues no quiero ver más lejos de ellos.

Si pudiera volar, si tuviera valor.

Cruz te ofrezco que mi rostro cobarde oculto.

Ángel en equilibrio.

Ángel etéreo.

Ángel impulsivo.

Diferentes son mis alas porque diferente es mi alma.

Ángel en suspensión.

Ángel soñador.

La memoria la persigue en este segundo asalto a la pintura. Hace un guiño a sus pinitos en ella con Abrazo tan intensamente todo el amor que exaltas, inspirado en su primera obra, aquella más surrealista, en la línea de la producción creativa de antaño. Dos cuerpos desnudos, enlazados bajo una luna llena azul. Sensualidad.

La figura humana desnuda siempre ha funcionado como un imán para la autora. En ella observa un mundo de posibilidades, de emociones y de ilusiones que completan Ángeles levantados y ángeles caídos.

La muestra se cierra con cuatro retratos que nada tienen que ver con el resto. Realizados en óleo y acrílico, la paleta cromática se dispara con colores vivos y brillantes. Una nueva cabriola de la artista que se aburre con las repeticiones, un guante recogido, un nuevo desafío asumido y una manera de sentirse arropada por los suyos. Por sus padres, ya fallecidos, por sus amigas y por su hija, Andrea,

Han pasado dos décadas desde que una veinteañera Belén de la Parte expuso sus obras en la Casa de Cultura de Gamonal y confiesa que ese pudor a mostrar su trabajo en público no ha cambiado. O ha ido a más. Es feliz en casa mientras ve bailar sobre el lienzo los pigmentos de pintura, pero le cuesta cruzar la puerta y abandonar la comodidad de la intimidad. Lo ha hecho y en los últimos meses ha trabajado a contrarreloj para que todos los ángeles tuvieran su alas, más o menos grandes, más o menos mutiladas, más o menos jironadas.

Las mismas que necesitaría ella para encarar el fin de año. A Belén de la Parte se le acumulan los compromisos. En diciembre la esperan en la sala del Consulado y como loca anda quitando el puesto al gato en una galería de su casa donde pinta bañada por la luz natural.

Cuando no consigue arrebatar su sitio al minino o se cansa del rodillo llama a la puerta de su otro yo, el de escritora, que también tiene proyectos en cantera.

El próximo año publicará su primera novela tras su ópera prima, el libro de relatos Por cada centímetro de la piel (Editorial Devenir). Ahora está a la caza de un escritor.

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Entre el caballete y el ordenador camina la creadora, que abraza esa versatilidad para espantar al fantasma del aburrimiento.