«Ava Gardner y Dominguín son personajes de museo»

Nieves Herrero comparte los entresijos de ‘Como si no hubiera mañana’, el relato de la relación de la actriz y el torero en una España que empezaba a abrirse al mundo en aquellos años 50

Nieves Herrero, acompañada por Juan Luis Arsuaga y el periodista Rafa Rioja (de espaldas).-Raúl Ochoa

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A.S.R.
Burgos

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Unas horas antes de compartir con los lectores los entresijos de la pasión vivida por la actriz Ava Gardner y el torero Luis Miguel Dominguín, de la que se ha empapado para escribir su nueva novela, Como si no hubiera mañana, la periodista Nieves Herrero recorre las instalaciones del Museo de la Evolución Humana (MEH) con su director científico, Juan Luis Arsuaga, como cicerone. «Ningún cráneo sería más perfecto que el de Ava, Juan Luis disfrutaría muchísimo analizando hasta su esqueleto», apunta bromista ella, y divertido él, y añade: «Son dos personajes de museo».

Ella se acercó a la pareja a través de su editora de La Esfera de los Libros. Una fotografía de ambos se cruzó en su camino.

«Aparecían hablando con una complicidad total y dije ‘ah, igual aquí hay una historia más importante de lo que nos ha llegado’. Parecía que aquello había sido una noche y punto, pero esa foto lo desmentía. En cuanto empecé a indagar vi que detrás de la familia Dominguín hay una representación de lo que era España en esos años cincuenta, con un hermano comunista, Luis Miguel adepto a Franco, otro hermano con una tragedia importante a nivel personal, un padre muy peculiar y una madre de novela, unas hermanas con mucha vida, la pequeña estaba enamorada de Antonio Ordóñez, rival de su hermano en el ruedo... Ya solo con él tenía una novela», relata la periodista que cuenta cinco ya en su haber, la anterior, Lo que escondían sus ojos, encendió el foco en otra pasión, la de la marquesa de Llanzol y el cuñadísimo de Franco, Ramón Serrano Suñer.

Y si el diestro daba para un libro él solito, la actriz, que desembarcó en España y coincidió con él tras el rodaje en África de Mogambo, nada tiene que envidiarle.

«No se había contado que Ava Gardner era una mujer muy maltratada por sus maridos y que se había rebelado ante esta situación vivida en sus matrimonios, era muy libre», ilustra Herrero y confiesa que se entusiasmó con los personajes, «con una mujer de la que nos había llegado una imagen muy distorsionada en aquella época por los idilios que vivió estando casada y de un donjuán del siglo XX encarnado en torero».

«La historia de ellos dos no deja de ser la de dos jóvenes que pertenecen a dos mundos muy dispares, ella llega convertida en una estrella pero es una mujer llena de miedos y complejos, él es un triunfador del mundo del toro y un personaje esencial de aquella época, muy ligado al mundo intelectual con Picasso y Hemingway de fondo...», añade la autora, que reconoce haberse divertido mucho durante su elaboración y que recibió con satisfacción el comentario de Paola, hija del diestro, que la dijo haber visto reflejado a su padre cada vez que toma la palabra en el libro.

Precisamente, por respeto a sus hijos y para no alargar la novela hasta convertirla en el libro gordo de Petete, termina cuando Lucía Bosé aparece en la vida del matador de toros.

Y no, la periodista no se plantea una segunda parte. «Sería meterme en arenas movedizas».

¿La responsabilidad es mayor cuando se novela un hecho real? «No, yo me planteo hacer una novela lo más veraz posible y lo más pegada a la realidad. A la hora de escribir tienes que ser libre», responde y asegura que esta pasión es una excusa para pintar un friso de la España de los años cincuenta.

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«Me sirve para contar el despegue de España, que estaba totalmente aislada, y empieza a recibir americanos, se abre a un turismo muy de elite y muy reconocible porque el país se convierte en un plató de cine», amplía antes de iniciar la visita al MEH y sin descartar utilizar a Atapuerca como escenario de una futura historia. «A ver, que me cuente dos cosas Juan Luis y enseguida me pico, ya lo creo...», bromea.