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Donde habitan los recuerdos

Elías Rubio traslada al papel una selección de las entradas de su blog ‘Memorias de Burgos’, un cajón de sastre en el que se dibuja la provincia a partir de sus caminos, sus costumbres, sus personajes, su patrimonio, sus curiosidades...

Elías Rubio, con su nuevo libro en los Arcos de Castilfalé de La Isla.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Se anuda las botas para seguir el paso de los muleros por los escarpados caminos del norte, se sienta al sol para echar una partida con las mujeres de Villegas, se pregunta quién esculpió una llave inglesa en un escudo heráldico del siglo XVIII de Peñahorada, escudriña las ventanas para encontrar historias entre sus piedras y también detrás de sus visillos, se enamora de las manos de Pilar Bárcena, la artista de Lorilla, cruza el charco para sorprender las correrías de los americanos de Moncalvillo, se rebela ante la desidia que deja caer en el olvido el legado de siglos y siglos...

Elías Rubio Marcos es un infatigable buscador, un inquieto investigador, un zahorí de hallazgos insólitos, un aventurero que se maravilla con los pequeños detalles y que ha sabido esculpir relatos apasionantes tras las historias de las gentes sencillas de los pueblos de la provincia y, además, ha tenido la generosidad de compartirlos. El afán por divulgar este acervo cultural le llevó a superar sus recelos respecto a las nuevas tecnologías y en el año 2009 empezó a escribir el blog Memorias de Burgos, un cajón de sastre, según su propia denominación, en el que pieza a pieza va reconstruyendo la historia que queda al margen en manuales y enciclopedias.

Ahora, animado por amigos -entre ellos el prologuista, el historiador Josemi Lorenzo Arribas-, por seguidores de esta bitácora virtual y por los responsables de la Editorial Aldecoa, ha seleccionado en torno a 120 de las 500 entradas del blog para llevarlas al papel en el libro Memorias de Burgos. Entre la tierra y la voz.

Sus páginas están llenas de textos mágicos, sorprendentes por desconocidos, e incluso tiernos, pero también se erigen en altavoz que denuncia el abandono y la pérdida de parte de este patrimonio y que reivindica mayor conciencia a las autoridades, aun sabiendo la ingente cantidad de frentes abiertos.

«Para mí los pueblos son como una droga. Cuando tengo ocasión, cojo el coche y siempre encuentro algo que me llama la atención y creo que también la gente debe conocer esas cosas insólitas e insospechadas», comenta Rubio mientras pasea por La Isla y lamenta no haber aprovechado el radiante día para hacer una de esas escapadas, que él vive como auténticas aventuras, pero también consciente de la trascendencia de esta labor.

«Es un camino que había que coger antes de que se terminara. A mí se me han muerto muchos informadores y antes he tenido el privilegio de entrevistarlos y recoger testimonios únicos. De no hacerlo ese acervo cultural hubiera desaparecido. En ese sentido, me siento orgulloso de haber salvado de la quema muchas cosas», observa y para ellos va su dedicatoria: A todos los que aparecen en estas páginas, a los que venturosamente aún viven y a los que nos dejaron. A los amigos de allende los mares.Cuatro historiasJesús Vicario, el guardián de Lara 

Memorias de Burgos recupera la entrevista que Elías Rubio le hizo en 1992 a Jesús Vicario Moreno, el eterno guardián de la ermita visigótica de Quintanilla de las Viñas, ya retirado de su labor, pero no de su pertinaz denuncia del progresivo deterioro del templo por el que él guio durante muchos años a importantes investigadores atraídos por lo que él mismo definía como «monumento único». Aquí relata cómo se descubrió en los años veinte, cómo se convirtió en su centinela, se queja de su abandono...El grumete pintor que llegó a Rozas 

Uno de los muchos insólitos hallazgos que ocupan estas páginas es el dibujo de un velero en la iglesia de Rozas, en la Merindad de Valdeporres. Una pintura realizada probablemente con grafito a 6 metros de altura que apareció cuando algunas de las capas de los revocos de la única nave del templo se fueron desprendiendo. ¿Por qué se hizo a esa altura? ¿Cuándo se dibujó y por qué un barco con velas? Estos interrogantes se ponen negro sobre blanco. Muleros en el Portillo del Infierno

Los caminos usados por los muleros se recorren a placer en el libro. El Portillo del Infierno es un paso abierto en la roca en la peña La Ulaña que guarda numerosas historias como las de los citados tratantes de ganado que lo utilizaban para llegar a la feria de Villadiego, de los lugareños que lo atravesaban para moler el grano en el molino de los Ordejones, de asaltadores y guardias civiles o la de aquellos vecinos de Fuencaliente a los que sorprendió una ventisca de nieve y lo que allí sufrieron. La ventana del inquisidor Zaldívar

Las ventanas son una de las sorpresas que se encuentra el lector que se asoma a Memorias de Burgos. Una de ellas es la que horada una casona blasonada, de elegante construcción, en Valpuesta, cuya propiedad el autor atribuye a un inquisidor por el grabado de un medallón del frontis, que se refiere a un tal Caldivar, acompañado por la fecha 1590, que, sugiere Rubio, puede ser Zaldívar. La inscripción ‘vive bien que has de morir’, de tizne religioso, suscribiría esta conjetura.Capítulo a capítuloCaminos con historia. El autor recorre pasos de montaña como La Magdalena o el ‘Canta el gallo’ en el nacimiento del Odra, sigue la huella de los muleros por caminos olvidados y de contrabandistas, alcanza Santa Casilda desde distintos puntos...

Etnográficos. Se detiene en el patrimonio sencillo y esencial de los pueblos: Bodegas del viento, el reloj de Villamayor de los Montes, las salinas de Herrera, el acueducto de Hozabejas, el Arco de Lences, el molino de Escuderos...

La historia escondida. El misterio se hace verbo en este apartado que da cuenta de hallazgos como la pintura del Castillo de Lara que apareció en la iglesia de una pedanía, de un eremitorio en la hoya de Huidobro, la escuela del XIX de Siones...

Hicieron historia. Pequeña galería de habitantes de los pueblos con una jugosa historia detrás.

Burgaleses de ultramar. Rastrea el legado dejado por los indianos por Pradoluengo, Noceco, Montejo de San Miguel y Artieta y se recrea en el impulso que dieron a las escuelas.

Ventanas de otros siglos. La sensibilidad con la que recorre las calles se refleja en este abanico de ventanas, desde las que hablan de sus dueños a las que lo hacen de sí mismas.

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Rincón lírico. Confiesa que con los años ha desarrollado una vena poética que deja plasmada en estos pequeños textos, con especial mimo a sus árboles ancianos.