La fotógrafa y el payaso
Flor Aldea se rinde ante el trabajo y la profesión del actor burgalés Javier Ariza en una exposición en Masala Natural
Flor Aldea realizó la colección durante el ensayo general de ‘Looking for duende’, el último montaje estrenado de Teatro Entre Escombros.-Santi Otero
En aprietos para sacar una melodía a su flauta, en éxtasis metido en el chaqué de un director de orquesta, volado con un gorro y unas gafas de aviador, afligido por un paso mal dado, sorprendido ante las contradicciones de un cómico... Retrato de un payaso recoge una docena de expresiones del actor burgalés Javier Ariza. Ni en sus mejores sueños, o peores pesadillas, según se mire, y ni en el salón de la casa de su infancia hallará más fotografías de sí mismo, y con tanto cariño hechas, como las que visten las paredes de Masala Natural (plaza Francisco Sarmiento, 1) hasta el 31 de enero.
El polifacético artista deberá pedir explicaciones de tal locura a la fotógrafa Flor Aldea.
«En Burgos tenemos gente muy válida, personas que luchan por convertirse en profesionales de las artes escénicas, que están haciendo cosas muy bien y hay que reconocérselo. En esta ciudad potenciamos muy poco a los nuestros y es casi una obligación ayudar a estos jóvenes que tienen muchas posibilidades», explica la autora y confiesa que esta serie surgió tras quedarse prendada del trabajo que este artista lleva al escenario, pero también del de otros como la dramaturga María Velasco.
Los retratos pertenecen al ensayo general que Javier Ariza realizó de Looking for duende, la primera obra en la que él está solo en escena, antes de su estreno en Cultural Cordón el pasado 16 de octubre.
Toda la colección es en blanco y negro, salvo una fotografía -tónica habitual en las muestras de Flor Aldea- y la instalación en clave triangular con bombillas de camerino y cintas blancas y rojas hace un guiño al mundo circense en el que se mueve el protagonista.
«Siempre, siempre trabajo en blanco y negro. Es otra historia, otro carácter. Aunque el color tiene mucha vistosidad y es muy plástico, cuando se lo quitas, la foto dice o no dice», observa y añade que también siempre todos sus retratos son robados a distancia, «cuanto te acercas pierden la calidad humana».
Flor Aldea no sale de casa sin la cámara. ¿Qué debe pasar para que la saque del bolso? «Con el tiempo aprendes a observar, vas por la calle y ya sabes quién te puede dar algo. Es instinto animal», responde.
Le gustan las expresiones y los sentimientos reflejados en las caras. «Hago fotos por pasión, me lo paso muy bien y disfruto mucho captando los gestos de la gente, pero no aspiro a una profesionalidad. Solo quiero seguir haciendo estas cositas y si es posible colgarlas para que la gente lo disfrute», advierte al tiempo que desea que Javier Ariza, que, dice la fotógrafa, está encantado con acaparar los focos de este espectáculo, se sienta reconocido en este Retrato de un payaso.