Publicación

Burgos, al paso y en la mirada de Ridruejo

Gadir reedita la guía escrita por el poeta en los 60 con el texto original y actualizada a pie de página

Fotos actuales trufan la reedición como esta de la Catedral.-Javier Santillán

Publicado por
A.S.R.
Burgos

Creado:

Actualizado:

«Los burgaleses se divierten como todo el mundo, incluso editando revistas de poesía, pero en los pueblos -hasta que el televisor lo arrase todo- se juega a la pelota, a los bolos y a la tuta, que es el juego de pulso, cuyo objeto es una especie de canuto con monedas encima».

Algunas cosas han cambiado poco en los pueblos de la provincia desde que Dionisio Ridruejo los recorriera en los años sesenta. El escritor, primero encumbrado y luego denostado por el franquismo, fue el elegido por Destino para escribir el tomo correspondiente a Castilla La Vieja -que luego serían dos- de su ambicioso proyecto de reunir España en una veintena de volúmenes.

Hace tres años, con motivo del centenario del nacimiento del poeta, la editorial Gadir se propuso su reedición desgajando sus capítulos. Tras sacar Segovia y Soria, publica la correspondiente a Burgos, con la colaboración de la Diputación y prólogo del escritor burgalés Manuel de Lope (Iberia, Azul sobre azul, Otras islas...).

La nueva edición recoge el texto original de Dionisio Ridruejo actualizado con notas a pie de página. Cuarenta años significan variaciones en los datos de población, restauración de patrimonio o cambio de uso de algunos inmuebles -«Eran los tiempos de la emigración rural, de los pueblos abandonados, del campo pobre, de los monumentos descalabrados y en ruina», observa el prologuista-. El recorrido se completa con un puñado de fotografías actuales realizadas por Javier Santillán, editor de Gadir, que ya tiene en marcha los tomos relativos a Ávila, La Rioja y Cantabria, territorios de aquella Castilla La Vieja.

Tras una introducción con cuatro pinceladas sobre su población, su geografía, su historia o economía, el autor entra en la provincia por el norte. Sigue el curso del Ebro para adentrarse en Villarcayo, Montija, Espinosa de los Monteros, Valle de Mena... hasta la iglesia de Crespos, «una de las más antiguas de la región».

Continúa su trazado por Sedano para perderse después por los campos de Amaya, tierras de Urbel y Ubierna e irrumpir en la capital por Gamonal, «que es ya un barrio suyo». Se explaya Ridruejo en ella. El Castillo, la Catedral, Las Huelgas o la Cartuja merecen su atención antes de recomendar tres excursiones rápidas: Fresdelval, Saldañuela y Cardeña.

Enfila la carretera de Palencia para recorrer campo de Muñó y Castrojeriz antes de llegar al Arlanza y desde allí alcanzar la Ribera del Duero.

Su periplo prosigue por Lara y la Sierra de la Demanda. En la primera línea del capítulo ya confiesa que es su favorita. «Si se nos permite algún capricho, diremos que este campo de Lara es la primavera castellana», observa antes de zambullirse en Silos, Salas de los Infantes, Quintanar, Neila o Covarrubias. Pasa de ahí a la zona de Belorado y las señoriales localidades de La Bureba y regresa de nuevo al risueño Ebro.Entrevista a Fernando González Olivares, secretario personal del escritor entre 1964 y 1971

«No es solo una guía, es una pieza literaria pistonuda»Fernando González Olivares no necesita hacer memoria para recordar el ingente trabajo que supuso realizar el capítulo de Burgos en la guía de Castilla la Vieja. Para su autor, Dionisio Ridruejo, por supuesto, pero también para él, como su secretario personal. De este viaje en el tiempo solo le duele no tener los 23 años que contaba entonces.Pregunta- ¿Por qué aceptó Dionisio Ridruejo este encargo?

Respuesta- En aquella época, aceptaba trabajos de este tipo porque no tenía otros. Era la forma que tenía el Régimen de silenciarlo, cualquiera que le ofreciera algo tenía un recado. La gente de Destino tenía muy buena relación con él y le encargó la guía de Castilla la Vieja con la idea de tenerla en tres o cuatro años. Nos prorrogaron el plazo porque entretanto él tuvo ofertas de universidades americanas, que eran las únicas que le daban trabajo. Arrancamos por Burgos, que era donde nació Castilla. Empezamos a recopilar documentación, a mirar libros de viajes antiguos, guías viejas y también hicimos los primeros viajes para comprobar que esa información era correcta. No siempre lo era. Nos metimos a fondo en la documentación, comenzamos a copiar, y a escribir, a copiar, y a escribir, y un día nos dimos cuenta que teníamos un texto de Burgos que era la extensión dada para toda la guía.P.- Y hablaron con Destino...

R.- Los editores dijeron que no podían publicarlo, pero con el acervo que tenía Castilla era imposible hacerlo en un único tomo. Aceptaron dos, Santander, Burgos y Logroño, en uno, y Soria, Segovia y Ávila, en otro, que era lo que se consideraba administrativamente Castilla la Vieja. Nos hacía falta desmochar Burgos. El libro publicado es un tercio de lo que habíamos escrito y corregido. Quitamos las cosas menos necesarias, porque interesaba todo. No es solo una guía es una pieza literaria pistonuda, con historia, economía, formas de vida de los pueblos...P.- ¿Cómo eran esos viajes?

R.- Si yo me monto en un coche contigo para ver Burgos te enseño rincones que no conoces. Y eso que yo fui el que menos viajé, estaba con la documentación de base. Se iba Dionisio con Juan Benet, al que conocía de antes, un ingeniero importante que controlaba Geología, y con Fernando Chueca, que era catedrático de historia de arquitectura española y sabía dónde buscar determinados datos.P.- ¿Alguna anécdota?

R.- Viajar por España aun en los años sesenta, que ya empezaba el desarrollo, era una aventura. Un día nos encontramos con Ramón Tamames y acabamos durmiendo los dos en una casa de un pueblo y él, que era de alta alcurnia, me preguntó a qué huele aquí y yo, que mi abuelo era labrador, le dije que a pieles de cabra puestas a secar. ¡Hemos dormido en unos sitios! Apenas había pensiones, comíamos en la casa de alguna señora, no encontrábamos güisqui... Dionisio y yo teníamos planes de hacer un libro con cosas que habíamos descubierto en estos viajes, pero él murió joven.P.- ¿Qué le parece la reedición de este volumen?

R.- El proyecto me pareció precioso pero ingente porque era necesario picar toda la guía. Se escribió durante otra época, no había ni disquetes. Yo, que me acababa de retirar, me ofrecí para leerme los tomos uno a uno y, en efecto, encontré gazapos. Está bastante bien peinado y, además, se ha hecho una cosa muy bien que es respetar el texto original, que literariamente es una joya, pero actualizado con notas a pie de página porque la guía se empezó hace 50 años y se terminó hace 40.P.- ¿Qué papel juega esta guía en el conjunto de la obra de Ridruejo?

R.- Tuvo mucha más importancia en su vida de lo que él pensaba. Fue como su testamento, su última obra en prosa. Este no es un libro de viajes, va más allá, con una prosa entre romántico decadente y en un perfecto castellano que es notable leer.

Cargando contenidos...