Los mosqueteros del Escena

Carlos Lozano (Universidad de Burgos), Óscar Martínez (Fundación Caja de Burgos) e Ignacio de Miguel (Ayuntamiento) defienden la necesidad del Festival Escena Abierta y sugieren la posibilidad de extender su marca a lo largo del año

Carlos Lozano (i.), Óscar Martínez (c.) e Ignacio de Miguel, antes de abordar al Escena Abierta.-Santi Otero

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A.S.R.
Burgos

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Los mosqueteros eran, en los antiguos corrales de comedias, espectadores que se colocaban de pie en la parte posterior del patio, pero también fueron fieles escoltas de los reyes franceses desde el siglo XVII. De unos y otros tienen algo Carlos Lozano, Óscar Martínez e Ignacio de Miguel. El director de Cultura de la Universidad de Burgos (UBU), el responsable de Actividad Social y Cultural de la Fundación Caja de Burgos y el técnico del Instituto Municipal de Cultura (IMC) representan a las instituciones que orquestan el Festival Escena Abierta, que hoy clausura su decimoséptima edición. No dudan en sacar sus espadas ante cualquiera que ose cuestionar este encuentro que año tras año convierte a Burgos en capital del teatro de vanguardia en enero.

El viernes, a la hora del vermú, casi de la comida, con tres noches aún por delante, se sientan a la mesa para radiografiar a la criatura que está a punto de alcanzar su mayoría de edad.

«Lo más bonito sería que el Escena Abierta desapareciera porque se hubiera conseguido una programación normalizada de teatro contemporáneo. Portugal, por ejemplo, tiene cinco teatros programándolo continuamente. Esto en España no se logra y por eso este festival sigue siendo necesario», se arranca Carlos Lozano.

Óscar Martínez conviene con esta apreciación y entona el mea culpa. «Si alguna frustración arrastra es esa. Hay un público interesado en el festival, pero no hemos sido capaces de acercarle a la programación habitual», lamenta.

Botón de muestra. Mercedes Herrero, que ha estrenado Acunar al viejo árbol con el cartel de aforo completo, estuvo en la ciudad el pasado mes de noviembre con otro de sus montajes, Una flor en la nevera, con una respuesta floja de público cuando ambos trabajos llevan la etiqueta de teatro contemporáneo.

«¿Por qué no hemos sido capaces de que alguien que va a verla ahora no haya ido en la anterior ocasión?», se pregunta Martínez y De Miguel insiste en la referida importancia del contexto.

«A lo mejor nuestro reto es extender ese contexto. Igual nos tenemos que plantear como instituciones crear una marca que se expanda a lo largo del año con independencia de quién de las tres programe», pone sobre la mesa el representante de Caja de Burgos, a quien le parece un poco triste no haber conseguido que el público que se estresa durante estos nueve días se pierda las oportunidades de ver este tipo de propuestas que se le brindan a lo largo del año.

Por eso, considera una tarea pendiente el estudio del desarrollo de las audiencias. «Hay una comunidad en torno al Escena Abierta que no está parametrizada. Deberíamos saber quiénes son para ofrecerles otros atractivos que les pudieran interesar», lanza.Las claves del éxito

Carencias al margen, los tres mosqueteros levantan sus espadas para defender esa marca, que triunfa dentro y fuera de Burgos, y convienen en que su consolidación se debe a la constancia y a la fidelidad consigo misma.

«Mientras otros festivales acaban arrimándose a montajes que nada tienen que ver con lo que tocan para atraer a otros públicos, Escena Abierta ha hecho pocas concesiones a la galería», se explaya Martínez. «¿Para qué vamos a contaminarlo con propuestas más masivas si, afortunadamente, eso lo podemos ofrecer en otros momentos de la programación de nuestras entidades?», completa De Miguel.

Lozano se dirige al patio de butacas para encontrar en la respuesta del público otra de las claves de su éxito mientras a su alrededor caían abatidas otras citas -el 90% de los festivales coetáneos de sus características han desaparecido-.

«El encuentro que se produce entre el creador y el espectador aquí es especial», advierte y, para pasmo de sus dos compañeros de partida, añade como otro motivo de gloria el trío que han formado. Trío institucional, para alivio de sus partenaires. «Cada vez que alguna institución flojea, están las otras dos para tirar del carro», dice y asienten los aludidos.

«Así también evitas veleidades. Si a una se le va la cabeza, las otras se la ponen en su sitio», añade Martínez antes de sumar una razón más a la lista: «El éxito también está en su sensatez insensata. Es un festival modesto y en su modestia encuentra la virtud. Nunca ha sacado los pies del tiesto, y fuera de él, con la crisis, empezó a hacer mucho frío, y quedarse en ese tiesto le ha hecho sobrevivir». Aquí Lozano observa que muchos festivales se han ido a pique a pesar de manejar macropresupuestos -el Escena ronda los 90.000 euros- «por falta de conexión con la ciudad».Conexión con la ciudad

Algo que al burgalés no le ha pasado. Siempre la tuvo en el bote. Y más que a nadie a sus artistas. Presume de su apoyo e impulso a los creadores de la tierra. El técnico del IMC abre una nueva ventana.

«Aunque la idea naciera de las instituciones, nunca ha sido una cosa de arriba a abajo, sino que siempre ha intentando calar en el tejido creativo y en él se consiguió implicar, por ejemplo, a La Parrala y al propio Espacio Tangente», recuerda y lo cataloga como algo fundamental: «Si no hay una vida cultural desde la base, un caldo de cultivo y una demanda, es difícil. La revolución de las elites no funciona».

A Óscar Martínez le mola (sic) que ese caldo cocinado por el Escena Abierta haya favorecido el nacimiento de otras iniciativas culturales.Creación contemporánea

¿Qué parte de culpa tiene en la apuesta de las compañías burgalesas por la creación contemporánea?

«El interés podía estar, pero sí es verdad que han hallado en nosotros una lona para dar el salto sin miedo, sabiendo que iban a tener la oportunidad de mostrar su propuesta y contar con un público que las va a valorar, criticar o aplaudir», contesta De Miguel.

Con él está de acuerdo Martínez: «Todos tenemos en la cabeza espectáculos que no hubieran surgido sin Escena Abierta. Hoy, y más con la crisis, es difícil arriesgar en una producción que sabes que tiene una vida corta y más sin el aval de un festival que, dentro del escasísimo mercado de la escena contemporánea, puede abrir alguna puerta. Igual luego no se sigue por esa vía, pero ya solo como experiencia vale la pena».

Lozano considera que a muchos les ha dado la confianza suficiente para creerse que podían hacerlo, aunque unas veces haya salido bien y seguido adelante y otras no.

El Festival Escena Abierta, con una repercusión mediática fuera de los dominios del Cid desconocida por estos lares, también se ha convertido en una golosina para las compañías foráneas. Es habitual escuchar piropos de los artistas en las ruedas de prensa. Y más ahora que se erige como un rara avis.

Nunca les ha costado tejer el cartel, ni antes ni después de que la crisis mordiera a la cultura. «La gente sigue investigando e innovando, aunque se hayan tenido que amoldar a la disponibilidad de menos recursos económicos», anota el representante de la UBU, quien cree que estas propuestas continúan llevando la etiqueta de alternativas por la dificultad que existe para mostrarlas.

En este punto se vuelve al principio del debate. Han pasado 17 años, pero este encuentro de vanguardia aún es necesario.

«Este tipo de propuestas se pueden presentar en muy pocos espacios no por las piezas en sí, sino por quien programa», comenta De Miguel a sabiendas de que los programadores, su gremio, están en el punto de mira de estos creadores. Con evidentes excepciones.

«La crisis nos ha bancarizado. La cultura, como los bancos, ha cogido cierta aversión al riesgo y eso influye a la escena contemporánea, y a todas, y eso no la ayuda a salir de ese circuito alternativo», levanta la mano el representante de la Fundación Caja de Burgos.

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Tiene el Escena Abierta un puñado de retos por delante, pero al filo de su mayoría de edad sigue apostando por el carpe diem. Disfrutar el momento, año a año, sin abrazar horizontes lejanos. Y que le quiten lo bailao.