Danza
Una pasión entrelazada
Los alumnos de la Escuela de Burgos y del Conservatorio de Biarritz culminan el intercambio vivido esta semana con una gala abierta con la que se pretende acercar la disciplina al público
Los alumnos de la Escuela de Danza de Burgos y del Conservatorio Maurice Ravel de Biarritz han ensayado juntos toda esta semana.-Raúl Ochoa
La voz de Dominique Cordemans suena con suavidad pero enérgica en el auditorio de la Escuela de Danza. Un grupo de chicos y chicas, más as que os, calzados con zapatillas de punta, vestidos con mallas, la atienden sin abandonar sus movimientos en el escenario. Son alumnos del centro burgalés y del Conservatorio Maurice Ravel de Biarritz (Francia) que preparan tres fragmentos de Cenicienta, con coreografía de Thierry Malandain. La interpretarán hoy en ese mismo espacio en una gala (18 horas, entrada libre hasta completar aforo) enmarcada en la celebración del décimo aniversario de la escuela.«Nos interesa acercar el mundo de la danza a la sociedad castellana, una tarea en la que nos queda mucho por hacer», observa Amaya Iglesias, una de las profesoras implicadas en este intercambio escolar coordinado por Carmen Robles y Veronique Irurzun.
Una carambola propició el encuentro. Irurzun tenía ganas de que sus alumnos de Biarritz, en torno a los 13 años, conocieran cómo se trabajaba en un escalón más de su formación -los ciclos en el conservatorio en Francia y España son distintos-. Su cuñado, Xabier Irurzun, y antiguas bailarinas con las que compartió giras en el Ballet Malandain, entre ellas, Iglesias, dan clases en la sede burgalesa. La ocasión la pintaron calva.«Se hacía muy interesante que dos escuelas totalmente distintas trabajaran juntas alrededor de una coreografía de Malandain», comenta Irurzun consciente de que el trabajo ha sido intensivo tanto la semana pasada en Biarritz como esta en tierras españolas.¿Qué aportan estos intercambios a los alumnos?«Todo». Es la respuesta rotunda de la responsable francesa en la parte que la toca. «Se encuentran con alumnos más mayores que ya se dedican a la danza profesional y estar a su lado aumenta su motivación. Además de trabajar la técnica de un coreógrafo, con el resto de un ballet y con horarios de un bailarín profesional. La aportación es enorme», amplía y añade el descubrimiento de la Danza Española, una modalidad que allí no se cursa, aunque sí se da Ballet Vasco, junto al Clásico y al Contemporáneo.Iglesias anota que para los burgaleses es un paso importante porque supone «cruzar la frontera».
«En España aún estamos como en una burbuja, donde, a pesar de que nuestra generación ya tiene internet, todavía nos cuesta movernos, estar en contacto..., pero pasas la frontera y ya es más fácil. Allí la gente de la calle tiene más integrado en el día a día la danza, aunque no lo haya estudiado ni cuente con un hijo o un familiar bailarín», se explaya la profesora de la Escuela de Danza de Burgos.
Considera también una gran oportunidad acercarse al trabajo de un creador «con renombre en Francia y en el resto del mundo» y hacerlo con su mano derecha, la citada Cordemans, que lleva toda la vida con él. «Normalmente para acceder a un coreógrafo y a su estilo debes tener experiencia, mucho dinero... Y, por suerte, en esta ocasión, los vínculos entre nosotros lo han hecho posible sin tanto», continúa y afirma que les gustaría hacer más intercambios «porque lo más interesante se está haciendo fuera», advierte mientras los alumnos siguen dibujando Cenicienta en escena.