Exposición en la Sala Círculo Central
‘Troupe’ de artistas en el estudio
‘La visión alterada’ reúne la obra de Francisco Ortega, Cristino Díez, Fernando Arahuetes, María José Castaño y Rubén Arroyo realizada en jornadas de trabajo compartido en cada uno de sus talleres y que Malaika Teatro llevará a escena
Las esculturas de Francisco Ortega enmarcan la colección de pinturas de Rubén Arroyo.-Raúl Ochoa
Cual titiriteros, ligeros de equipaje, pero con los bolsillos a rebosar de sueños forjados en su andar más o menos largo, Francisco Ortega, Cristino Díez, María José Castaño, Fernando Arahuetes y Rubén Arroyo protagonizan una suerte de experimento que a, juzgar por sus palabras, ha salido a pedir de boca. Los cinco, de generaciones distantes y disciplinas y conceptos de creación dispares, componen una original troupe que ha compartido jornadas de trabajo de estudio en estudio. Algunas de esas piezas creadas sin más herramientas ni materiales que los hallados en cada taller son la pincelada exótica de la exposición La visión alterada, que ocupa la Sala Círculo Central de Cajacírculo hasta el 27 de marzo, donde Malaika Teatro actuará como un sexto personaje con acciones performáticas todos los sábados (13 y 19 horas).
Se atreve Arahuetes con el poliestileno guardado en el mastodóntico estudio de Cristino para dar alas a su Dragón colorado, se arranca Cristino con un dibujo cubista con lijas tiradas en el refugio que Paco Ortega tiene en Abad Maluenda, este inmortaliza en cuatro pinceladas a Rubén Arroyo frente a su caballete en medio de la sierra que desde hace años arropa el universo de María José Castaño en Cascajares, un golpe de varita de la pintora torna en mágico un saco de lino arrugado en la vieja fábrica reconvertida en taller por Arahuetes...
Se divierten los autores como niños con juguetes que no son suyos, se lanzan temerarios sin mirar a los lados, se dejan llevar por el más difícil todavía...
«Ha sido una experiencia muy interesante, con plena libertad, y la libertad empieza por la generosidad, que es la que hemos encontrado todos por los distintos espacios en los que hemos estado, pero también ha sido todo muy anárquico y la anarquía dentro de la creación es muy importante», observa Cristino antes de advertir la amistad que los une a todos y los ha permitido coronar cada cita frente a una buena botella de vino, «que da mucha calidad y calidez a las obras».
Se refiere el polifacético artista a las distintas generaciones unidas en La visión alterada. Y por alusiones habla aquí el mayor de la cuadrilla. Paco Ortega, que este mes de marzo inaugurará dos propuestas más en la ciudad, confiesa que para él ha sido «una cura de rejuvenecimiento».
Fernando Arahuetes habla de inesperado hallazgo, aunque en ocasiones se hayan sentido «como un pulpo en un garaje», y también de desafío. «Encontrarte en el estudio de un compañero, con una máquina de soldar aquí, un corcho allá, te dispara la creatividad», apunta y aplaude la frescura y la expresividad de las obras «por haber sido realizadas con una agilidad y una libertad muy grandes».
Tanto que María José Castaño cree que, efectivamente, la visión reflejada por la exposición es más alterada de lo habitual. «Ha sido una experiencia reveladora y esperamos que también lo sea para quien la vea», destaca después de quitarse el sombrero ante Rubén Arroyo y Pedro Martín, padres del proyecto.
La última pincelada, «rápida, sutil y poética», saltará a escena de la mano de Malaika Teatro, con la colaboración de la bailarina Silvia Pérez Báscones y las proyecciones de Mikel Nebreda y Ricardo Martínez.
La visión alterada rompe con la imagen del artista ensimismado en su estudio, dice tururú a la soledad y sube el volumen del tocadiscos, pero también abre una ventana al otro lado, al trabajo callado, concienzudo, meditado e investigado. Cada creador plástico muestra una colección de su última producción. El rinoceronte torna en un ser camaleónico en manos de Cristino. El visitante se pierde por los mágicos paisajes de luna llena y almas trémulas de María José Castaño y cae rendido a la pizpireta, luminosa e imposible paleta de Rubén Arroyo. Arahuetes borra fronteras con sus valientes manchas de color y Paco Ortega se deja llevar por la sensualidad de los cuerpos desnudos.