ENTREVISTA: FERNANDO PÉREZ DEL RÍO

«La sexualidad es afecto, respeto y tolerancia»

Psicólogo y profesor. Y escritor. De hecho, esta tarde presenta su tercer libro, que será el último sobre adicciones, en el que aborda el vínculo entre las drogodependencias y el sexo

FERNANDO PÉREZ DEL RÍO-RAÚL G. OCHOA

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L.B. / Burgos
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A Fernando Pérez del Río le apasiona su profesión. En realidad sus profesiones, que son varias aunque todas beben de la misma fuente: la psicología. Sobre ella imparte clases en la Universidad de Burgos y sobre ella escribe. Hoy presenta de hecho su nuevo libro -en la sala Polisón a las 20 horas-, el tercero, y el último sobre adicciones porque, avisa, va a cambiar de tercio.

En concreto, en este caso -y junto al psicólogo y sexólogo Manuel Mestre, coautor de la publicación- aborda el vínculo entre drogodependencia y sexualidad. La obra nacía para cubrir un hueco bibliográfico que el propio Pérez, que también trabaja en el ámbito de la drogodependencia, había detectado. Se empeñó en llenarlo sin atisbar siquiera el esfuerzo que le iba suponer hacerlo, ‘agravado’ por las exigencias de Biblioteca Nueva -coeditora con el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Burgos-, que le instaba a simplificar el lenguaje para llegar a todos los públicos y a incluir datos oficiales referidos a Latinoamérica, por aquello de abrir mercado.

Tras meses de labor para cumplir estas premisas, afirma que ha merecido la pena el arduo trabajo. El resultado: 336 páginas que, en tres partes diferenciadas, aclaran conceptos del sexo y las drogas, ahondan en su relación y ofrecen propuestas de intervención grupal para trabajar estos aspectos con jóvenes. Ahí es nada.

P.- ¿Cuál es la idea clave de esta obra?

R.- La importancia de trabajar la afectividad. Es algo que se puede llamar de muchas maneras y así ocurre en cada modelo teórico, pero la esencia es la misma. El libro trata precisamente de todo lo que rodea la afectividad, incluidas cuestiones de género, adicciones, abusos... Aborda el vínculo de estos aspectos con las drogodependencias y da pistas, en forma de talleres, para tratar estos asuntos con los jóvenes, pero no solo con jóvenes adictos o en riesgo, con todos.

P.- ¿Para prevenir?

R.- Para dar herramientas. Hay situaciones que si no se manejan de forma adecuada son muy conflictivas. Y lo sabemos. Por ejemplo, las rupturas sentimentales o los duelos en general. Precisamente, muchos terapeutas dicen que las adicciones son duelos no tratados, entendidas siempre como un problema funcional. El que se queda ahí atrapado es por algo y el origen siempre es emocional, el dolor permanece por mucho que trates de razonarlo. Hay que ir a la raíz.

P.- Drogodependencias y sexualidad iba para manual ‘de manual’ y tiene mucho de eso aunque el lenguaje sea cercano. Se asoma no obstante a asuntos tan peliagudos como los abusos en la infancia o la adicción al sexo, entre otros. ¿Hay algún aspecto que le haya resultado especialmente difícil analizar?

R.- Sí, más de uno. El que más, el de la dependencia emocional. Se habla mucho de ella pero cuesta muchísimo definirla y cuando se hace suele ser de forma equívoca, de ahí la mala fama que tiene. Se ha exagerado socialmente en este sentido, en parte por esa tendencia actual en convertir todo en una patología o en un síndrome. En realidad esa visión de la dependencia emocional como algo nocivo es coherente con el sistema capitalista, que defiende el individualismo por encima de todo.Sin embargo, vivimos en grupo y obviamente nos necesitamos y dependemos de los demás. Claro, el problema llega cuando, como ocurre en las adicciones, dependes de algo que no es sano, cuando no optas por algo desde la libertad y la madurez. Y eso sirve igual para la sexualidad, para vivirla y para trabajarla.

P.- ¿Qué debemos entender por sexualidad?

R.- La sexualidad es precisamente afectividad, es respeto y tolerancia. No se limita a los genitales.

P.- ¿Los jóvenes saben esto?

R.- Saben mucho más que antes y eso hace que se pueda trabajar mejor con ellos. Es verdad que hemos pasado del silencio absoluto en torno a la sexualidad al extremo opuesto, a una avalancha de información sin filtro. Hace falta una guía y es ahí donde pueden ayudar los talleres que plantea el libro. Uno de ellos, por ejemplo, propone atarles los pies como símbolo de un contrato matrimonial para ‘obligarlos’ a negociar el camino a tomar. La sexualidad también es eso.

P.- ¿Es consciente que el título del libro puede ‘asustar’ en un país quizá poco acostumbrado a hablar sin tapujos de los dos temas que plantea?

R.- Sí. Incluso me planteé cambiarlo pero me dije, ¿por qué? Es lo que es. No obstante, creo que vivimos un periodo de madurez y precisamente este libro es consecuencia de ello. La sociedad está preparada acercarse a estos conceptos de forma natural.

P.- Los padres de adolescentes serán los más interesados en ello. Son dos temas que suelen dar mucho miedo en esa etapa...

R.- Está claro. Sobre todo el de las drogas porque los problemas, cuando los hay, empiezan pronto. En este sentido el mejor mensaje para los padres es que se tranquilicen, que no tengan prisa y no se adelanten a hablar si sus hijos no preguntan. Lo ideal es retrasar al máximo el acceso de los chavales a las sustancias.

P.- Y en términos generales, ¿hay una manera adecuada de educar a los hijos para prevenir determinados problemas? Los posibles modelos que rompen con la fórmula ‘de toda la vida’ se multiplican.

R.- Es verdad y hay mucho despiste, sobre todo entre los hombres que rechazan el rol tradicional de autoridad. Se desprecia ese papel pero no está claro cuál es el que hay que adoptar y ahí aparece la confusión. En realidad pasa lo mismo que con las drogas y el sexo, faltan referencias que sirvan de orientación, algo que en otros países no ocurre. Aquí toca hablar de ello, propiciar debates. Y después, cada uno con sus recursos que haga lo que considere mejor porque, la verdad, no hay recetas mágicas.

P.- De vuelta al libro, en la presentación contará con el respaldo del sociólogo Pedro de la Fuente y el filósofo Javier Martínez. ¿Qué espera que aporten?

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R.- El grueso, porque yo voy a hablar poco (ríe). Creo que es fundamental ofrecer una visión sociológica de lo que ha pasado en este país en los ámbitos que aborda el libro. A Javier le he pedido que hable sobre la muerte, que tiene que ver con el vacío y que en definitiva es hablar también de la vida, con todo lo que conlleva: afectividad, relaciones... Y es que de eso habla el libro, de lo que nos hace disfrutar, de lo que nos puede hacer daño y de cómo manejar las emociones para buscar un equilibrio.