Artes escénicas
Todos los nombres del amor
La dramaturga burgalesa María Velasco estrena ‘La soledad del paseador de perros’ en la Sala Cuarta Pared de Madrid
La plástica de la obra es dura, pero ningún elemento es superficial.-Marta Cofrade.
María Velasco (Burgos, 1984) es dramaturga. No es una equilibrista temeraria, aunque cada paso adelante en la escena suyo sea un desafío al más difícil todavía. La autora burgalesa vuelve a dar un triple salto mortal en las tablas con La soledad del paseador de perros, que estrena en la Sala Cuarta Pared de Madrid el jueves. Un montaje escrito por ella, dirigido por ella junto a Guillermo Heras, Premio Nacional de Teatro 1994, con producción suya y en el que, por primera vez, también aparece en el escenario.«Esta vez me he metido en muchos jardines. Es durillo», confiesa recién salida de los ensayos que no saben de horarios y la dejan derrotada hasta el punto de bromear con el estado en el que llegará al estreno. Agotada, sí. Pero ilusionada mucho más.La cuenta atrás ha comenzado. Y no es una cualquiera. Esta nueva propuesta se inscribe en la lista de las vocacionales, las que se alejan de encargos como La gitanilla, un trabajo de la Sociedad Cervantina, con el que estuvo en el Teatro Principal de Burgos el pasado 4 de marzo, y obedecen a su impulso personal como también ocurrió con Günter, un destripador en Viena -programado en Cultural Cordón hace dos años-.«Este es el teatro que a mí me interesa. Un teatro contemporáneo y con textos personales, menos complacientes, en el que siento que me la juego más», apostilla la burgalesa, que cuenta en su equipo con dos paisanas, Raquel Soto (vestuario) y Laura Arrue (diseño gráfico).Advierte Velasco que la sinopsis de La soledad del paseador de perros es difusa porque el proceso de escritura «no ha sido muy normal».Empezó en un curso de Guillermo Heras titulado Fragmentos de la catástrofe al tiempo que pasaba un «bache vital bastante duro». El texto eran trozos de un diario a modo de poemario que gustaron al director hasta el punto de querer llevarlos a escena. «Pero eran textos muy personales, a la vez muy teatrales, porque yo estoy muy contaminada por este lenguaje», recuerda la autora.
En estas andaba cuando la becaron para ir a Argentina. Siguió con su diario. «Allí tuve encuentros muy mágicos que me hicieron ver que estaba atrapada en una idea de amor que era muy tóxico o muy romántico, que no llevaba a nada nuevo, y me hicieron abrirme hacia otro tipo de emociones», continúa.Conoció a una paseadora de perros que era su casera, su compañera de piso. «Era una mujer muy volcada en su relación con los animales, con los indigentes que había en el barrio, en la amistad, había despreciado un amor más convencional y buscaba otras relaciones más difíciles de nombrar», prosigue.Cuando Guillermo Heras lo leyó vio una historia de desamor. María Velasco le desmintió: «Es una historia en la que el amor es como la energía, que se transforma pero no se destruye. Plantea como uno puede no solo pasar el duelo, sino también sublimar el dolor y hacer algo bello y artístico con él».
Pero... ¿De qué va? «La obra es una dramaturgia del yo, basada en mi propia experiencia como autora, y cuenta un proceso de duelo tras una separación amorosa en el que el gran descubrimiento es que a través del dolor nos convertimos en mejores personas y que hay otros amores ajenos al de pareja a los que darse», responde y se gira hacia esa paseadora de perros como personaje catalizador. «Ella ha renunciado a ciertos juegos adultos, a todas etiquetas, y ha apostado por una vida no adecuada a la norma en la que ha encontrado su parcelita de felicidad y de fidelidad a sí misma», ahonda.La burgalesa tira de una frase que le dijo una profesora, ‘cuanto más hablas de ti, menos quieren saber los demás’, cuando se le pregunta por el posible pudor al abrirse tanto a los demás.
«Cuando tú trasciendes lo que es más superficial y anecdótico y te vas a lo íntimo, a lo esencial, ahí somos todos muy parecidos. Y sobre todo cuando uno habla de las tres heridas que decía Miguel Hernández, el amor, la muerte y la vida, que nos conciernen a todos, hay una responsabilidad de ir un poco más allá del decoro, de ese sentimiento de pudor a veces burgués y en contarse a uno mismo para que la gente no se sienta un bicho raro. Nuestros miedos, nuestras grandes vergüenzas y complejos son compartidos», se explaya.María Velasco es inconformista. No busca la aprobación del espectador, no escribe para paladares agradecidos sino para ojos escrutadores, miradas críticas, cabecitas locas pero pensantes. Y eso también se refleja en escena. Las primeras imágenes de esta propuesta son duras. ¿Es una provocadora? ¿Qué busca?«Para mí la obra es profundamente sanadora. Al principio como surgió de una transición íntima creía que podía ser a título personal, pero al pasarlo por los actores, por el otro director, me di cuenta de que no, de que anima a la gente a revertir el dolor en convertirse en mejores personas», explica y considera que en la estética del espectáculo -las fotografías de la página son elocuentes- lo que pueda haber de provocador es algo «muy epidérmico». «Todo juego con estos elementos siempre está unido a un significado profundo en la obra. No hay nada superficial. Se ha trabajado incluso desde la danza», apostilla.Y es que La soledad del paseador de perros es una propuesta multidisciplinar. Teatro, danza, arte plástico. Observa la autora que ha conseguido unir los caminos de espacios tan a priori distanciados como La Juan Gallery, abanderado del arte contemporáneo en Madrid, y la Sociedad Cervantina, claramente clásica, cuya ayuda ha sido esencial para sacar adelante la producción.«Es un tándem muy curioso, tanto como el que formamos Guillermo Heras, un director veterano, que ha hecho zarzuela y su último trabajo ha sido una obra de Paco Nieva, y yo. Mucha gente vendrá atraída por el exotismo que destilamos», advierte divertida al tiempo que afirma que la experiencia ha valido la pena.Y será redonda si llega a Burgos y sus paisanos pueden sentarse frente a «algo genuinamente mío, mi teatro vocacional». Ella ve el Festival Escena Abierta como el marco ideal. Ahí lo deja.