Exposición

Pinturas para ver con el corazón

Javier Bartolomé invita al público a dejarse llevar por la emoción de un niño en ‘B612... Lo esencial es invisible a los ojos’, una colección expresionista abstracta reflejo de un continuo desbrozo de su obra en la que persiste el grafismo

Las piedras y los arcos góticos del Arco juegan al escondite con las obras.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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B612... Lo esencial es invisible a los ojos es una invitación a desnudarse, a despojarse de prejuicios, a ondear la bandera de la libertad, a actuar sin pensar en el qué dirán, a revolcarse en el lienzo con el único fin de divertirse, a emocionarse con generosidad, a garabatear, a reír a carcajadas... a mirar con el corazón. Javier Bartolomé se acomoda en ese pequeño asteroide del que procedía el famoso personaje de Antoine de Saint-Exupéry y, con las enseñanzas de El Principito en la mochila, viaja de planeta en planeta, de pintura en pintura, en la exposición con la que se estrena en el Arco de Santa María, abierta hasta el 15 de mayo.«Partiendo de ese título, el espectador puede tener un hilo que le conduzca a ver esto de manera generosa sin necesidad de encontrarle explicación a todo, que no lo requiere, y dejándose llevar y emocionar por lo que pueda ver. El expresionismo si es abstracto todavía tiene más fuerza en ese sentido», explica el pintor con sencillez, sin florituras, sin pretensiones eruditas, sabedor también de lo arduo de la aventura. Quién dijo miedo.El origen de esta muestra se encuentra en la anterior, Le Brouillard / La Bruma, que mostró hace cuatro años en la Sala Cajacírculo. La tímida atomización de la pintura que entonces apenas se atisbaba aparece con descaro en esta colección que comprende los años 2012 y 2014.

«He ido lavando y desbrozando el gesto, intentando que prevalezca la esencia de las cosas, tarea extraordinariamente compleja en todos los ámbitos de la vida porque es mucho más difícil no pintar que pintar», advierte el artista que mientras sigue el camino trazado por Saint-Exupéry nunca pierde la pista de sus admirados Tápies y Twombly.El pintor trabaja la materia a conciencia, con una sucesión infinita de capas, que derivan en una aparente desnudez, y carga la paleta cromática con tonalidades blanquecinas, «colores tenues, no apastelados, con mucha sutileza».Se intensifica, sin embargo, el uso del lapicero, en tonos plomos, ocres y blancos, y el grafismo, elemento indeleble en la obra de Bartolomé, que en algunas ocasiones se esconde bajo las capas de pintura y en otras emerge. «Muchas veces para tratar de combatir el pavor al lienzo en blanco lo escribo», confiesa el también arquitecto, que lo mismo esconde el nombre de las diez musas que imita a Leonardo y escribe al revés.Quizás en B612... Lo esencial es invisible a los ojos las más poderosas sean las que se acercan al garabato de esos locos bajitos que cantó Serrat y que a muchos llevarán a echar en cara al autor que eso lo hace un niño de tres años. Con Javier Bartolomé darán en hueso.«De eso se trata. Esa es la frase que yo quiero que se diga. Son los únicos capaces de hacerlo, los adultos no», observa y agradece a los niños de hasta 4 años, «luego se estropean, en cuanto toman contacto con una o un seño», todas las ideas que le aportan. «Miró decía que le había costado noventa años pintar como un niño, que es extraordinariamente difícil sintetizar tu trabajo, desprenderte de lo anecdótico y preservar lo esencial, pero ellos, sin prejuicios, ni pudor ni nada, son capaces de atacar un papel sin la menor piedad, mezclando colores y masas de rayas inconexas. A mí me parece de una emoción infinita, pero si intento descubrir qué es, qué quiere decir, lo estropeo», se explaya y admite guardar como joyas los dibujos que sus hijos, Mario y Marco, hicieron de pequeños. No es postureo. Esta exposición incluye algunos ejemplos.«Trazan cosas que sin querer, porque no tienen ordenada la cabeza, son una expresión libre y creativa y a mí me pone a cien», sostiene y, mientras relata los entresijos de esos dibujos, se nota que Javier Bartolomé está mirando con el corazón. Ha vuelto a ser un niño.

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