Premios de las Artes Escénicas
«Tengo ya más Max que Messi balones de oro»
Elisa Sanz se acuerda de sus padres, que la permiten conciliar vida laboral y familiar, de su hija y del equipo de ‘La piedra oscura’ tras recoger el galardón al mejor diseño de espacio escénico
Elisa Sanz, en el momento de recoger su sexto Max la noche del lunes en el Circo Price de Madrid.-Enrique Cidoncha
Ni el traqueteo del tren que la trae de regreso a Burgos tras una noche de fiesta, reencuentros, bailes y gintónic ni el sonido del teléfono que la despierta de la siesta eclipsa la felicidad de Elisa Sanz. La figurinista y escenógrafa burgalesa vuelve de la Villa y Corte con el Max a Mejor espacio escénico por su trabajo en La piedra oscura, uno de los montajes, junto a Pinoxxio, de Ananda Dansa, triunfadores de la noche del lunes. El montaje se hizo con cinco de los seis galardones a los que aspiraba. Y de todo el equipo que ha hecho grande esta obra que lleva al escenario la última noche de Rafael Rodríguez Rapún, amante del poeta García Lorca, se acordaba en ese vagón de vuelta con una horrible cobertura como lo hizo en el escenario.
«La producción se merece esos cinco Max y más. Lo más importante de este premio no es lo que me aporta a mí, sino al proyecto. Y es mucho», apunta Sanz, que con este espectáculo ha trabajado por primera vez con el director Pablo Messiez, un debut que ha creado una química entre ambos que los llevará a compartir dos montajes a estrenar en noviembre y en enero.
Pero la noche del lunes no había lugar al trabajo, sino a disfrutar de él. Tras pasar de largo el Max a Mejor Diseño de vestuario, para el que también estaba nominada y que recayó en Pascual Peris por Pinoxxio, Elisa Sanz salió a recoger su sexta estatuilla diseñada por Joan Brossa feliz y con la cabeza en Burgos, con sus padres y con su hija, Daniela, de 5 años.
A los primeros les dedicó el galardón «por hacer fácil la conciliación teatral» y a su niña la declaró su amor con un «hija mía te quiero mucho» acordándose de las ausencias que ha sufrido con una madre que decidió disfrutar de las bondades de una ciudad pequeña como Burgos sin renunciar a su trabajo que irremediablemente pasa por Madrid, que es donde bulle el mundo de las artes escénicas.
«Tengo la grandísima suerte de poder contar con mis padres. No podría vivir en Burgos sin ellos porque cuando los momentos puntuales se repiten dejan de serlo y cuando estás con un proyecto son inevitables los viajes a Madrid», insistía ayer la figurinista y escenógrafa contenta porque a su hija la encanta jugar con las manzanas y la llevaba una más, además de lados manzanitas como finalista. Y será por manzanas en esa casa. El Max conseguido ayer hace el número seis en su trayectoria, sin contar las numerosas nominaciones. Ganó el primero en 2004 por la escenografía de El rey se muere, de Teatro de la Abadía. Cuatro años después hizo doblete y se llevó los Max a Mejor Vestuario y Escenografía por Pequeños paraísos, de Aracaladanza. Esta misma compañía, a la que lleva ligada desde siempre, debe el cuarto, conseguido en 2011 por el vestuario de Nubes. Un año después presumiría del quinto a Mejor figurinista por su trabajo en La avería, dirigida por Blanca Portillo.
¡Menuda cosecha de manzanas! «Ya son demasiados. Tengo ya más Max que Messi balones de oro (va por el quinto)», se ríe y recuerda que la sexta la muerde con un montaje que pasó por el Teatro Principal de Burgos, donde, lamenta, no llenó, aunque sí arrancó buenos minutos de aplausos y emocionó a los espectadores.
«Últimamente se está programando todos los domingos y espero que dure porque es bueno generar una rutina y crear un público, que es difícil de conseguir. Burgos es una plaza privilegiada, a dos horas y media de Madrid las compañías vienen encantadas», reflexiona Sanz, que, peleona frente al micrófono en ediciones anteriores de los Max, afirma estar cansada de reivindicaciones y, en el posado ante los medios, prefirió ondear la bandera de la Asociación de Artistas Plásticos Escénicos de España (Aapee), creada hace un año y medio e integrada por 35 profesionales.
«Queremos unir fuerzas para dignificar nuestra profesión y se valoren las artes plásticas en la escena. Nos tratan más como parte técnica que artística de las producciones y eso no es así. Nuestro trabajo es absolutamente artístico y se merece una valoración como tal a todos los niveles. No quiero hablar de derechos, no es nuestra prioridad, antes tenemos que dejarnos ver y poco a poco todo llegará», apunta la creadora con este sexto Max ya en su estudio, con varias obras en cartel en Madrid, otras tantas de gira y con un puñado de proyectos para la próxima temporada, que tendrá acento argentino. Además de estrenar con Pablo Messiez, lo hará con Claudio Tolcachir y Daniel Veronese.
Trabajos que, quizás, le den la séptima manzana con antifaz a esta burgalesa de Max.