Música
Un sueño de plata
La Banda Ciudad de Burgos celebra 25 años con la satisfacción de que la lucha valió la pena y el atisbo de un futuro prometedor
La Banda Ciudad de Burgos recorrió el centro histórico para festejar con los burgaleses sus 25 años.-Raúl Ochoa
El sonido de las cornetas y los tambores de las bandas militares le parecían suficientes al Ayuntamiento de Burgos para poner música a los actos más importantes de la ciudad. La década de los noventa estaba recién estrenada. Disentía de este parecer un grupo de estudiantes del Conservatorio que, tras un concierto de la Banda de Lliria (Valencia), repartieron pasquines urgiendo una formación civil que les permitiera poner en valor sus conocimientos e imprimiera nuevos aires a la que, tanto de puertas para adentro como para afuera, seguía siendo una ciudad de curas, monjas y militares. Las razones de esos músicos no convencieron en el número 1 de la Plaza Mayor. La negativa y falta de apoyo institucional no impidió que se liaran la manta a la cabeza, se reunieran en la bodega de Sauco y decidieran crear la primera banda civil en Burgos, una ausencia intolerable en la capital mientras otros pueblos ya gozaban de ella con una larga tradición. El 2 de julio de 1991, en el registro del Gobierno Civil, se inscribía oficialmente la Asociación Impulso Musical, que engloba a la Banda y Coral Ciudad de Burgos y a su Escuela de Educandos.Justo veinticinco años después, Carmelo Pérez (clarinete) y Eugenio Núñez (bombardino), también primer director del conjunto, recuerdan esa carrera de obstáculos y de ilusión en su actual sede, el antiguo convento de Las Bernardas, minutos antes de salir en pasacalles para festejar estas bodas de plata con los burgaleses a ritmo de pasodoble.Lejos quedan ahora las carencias con las que tuvieron que afrontar su bautismo: el reducido número de integrantes con apenas una veintena de músicos, la escasa oferta educativa de instrumentos en el Conservatorio Municipal, sobre todo de viento, la dificultad de encontrar partituras para configurar un repertorio que les llevó a acudir a las agrupaciones de la provincia...Las ganas de que ese sueño saliera adelante suplieron todos los problemas.Y el sueño se convirtió en realidad. Y el deseo se materializó con un primer concierto. Una primera oportunidad que llegó en la Navidad de ese mismo año. Actuaron para los abuelos de la residencia de la Diputación en Fuentes Blancas.«Hicimos un homenaje a Aureo Meneses, un músico burgalés que ha pasado con más pena que gloria porque vivió una época en la que era difícil vivir de la música, pero siempre tuvo ilusión por que Burgos tuviera su banda», recuerda Eugenio Núñez.El proyecto había despegado. Ya no había quien lo parara. De hecho, nunca temieron que se truncara. Tan necesaria veían la existencia de una banda en la capital que siempre fueron optimistas, con, eso sí, unas épocas más gloriosas que otras.«Su trayectoria siempre ha tenido una línea ascendente. No era difícil caminar hacia adelante porque empezamos de cero», concluyen Carmelo y Eugenio en medio del hervidero de gente con pantalón negro y camisa blanca que bulle en el antiguo claustro de Las Bernardas.Un director valenciano
Los nervios del concierto, de exponerse al público, no fallan. Tampoco el día del cumpleaños. Eso no ha cambiado en este tiempo. Otras cosas sí, como el director de la formación. Desde hace cuatro años la batuta la lleva Carlos Outón Benito.Es profesor del Conservatorio Profesional de Burgos y nació y creció en Buñol (Valencia), donde el sonido de una banda es tan familiar como la celebración de la famosa tomatina.«En principio fue un poco duro porque tú tienes unas ideas distintas al anterior director y debes defender tu propio proyecto», apunta y admite que es «muy complicado» conducir a un grupo tan heterogéneo como el que dibuja la Banda Ciudad de Burgos.Niñas con diez años a las que aún peina las coletas su mamá comparten espacio con señores de pelo en pecho que juegan con sus nietos en el parque. Músicos de una larga formación en las aulas tocan codo con codo con autodidactas con muchas horas de vuelo.«Hay que tener mucha mano izquierda, sin perder tampoco la mano derecha. No es fácil manejar a un conjunto tan grande», insiste y cree que el secreto está en querer trabajar. «Lo que hacemos aquí es una docencia más porque es una banda amateur. Se trata de enseñar y conseguir que todos se impliquen con tu proyecto», agrega y asegura que el compromiso y la ilusión con los que hace veinticinco años se puso en marcha la asociación continúan siendo esenciales para seguir adelante. Ayuda mucho también la creciente profesionalización.A pesar de todo, Outón asiente cuando se le sugiere la condición de las bandas como las hermanas menores en el mundo de la música.«Se las ningunea. Todavía se mantiene la idea de que solo se dedican a amenizar las fiestas con bailes populares en el quiosco del pueblo y esto hace mucho tiempo que ha cambiado», contesta.
La tradición bandística de tierras castellanas se encuentra a años luz de la Comunidad Valenciana. Pero también de, por ejemplo, Galicia, que se ha metido en la elite hace pocos años. «Apostó en su día por subir el nivel y ahora tiene grupos buenos a nivel nacional e internacional», observa y reconoce que Castilla y León sí está por detrás. Pero no se resigna a esa posición.«Yo tengo muchas ganas e intento trasladarles todo lo que hace que uno sienta amor por su banda y que la vean como una familia más. Esto se traduce en evolución de estas formaciones. Hay bandas en toda España que suenan igual o incluso mejor que algunas orquestas. Es necesario derribar algunos mitos», zanja y, en ese punto, no hace distinción entre las aficionadas y las profesionales.
No se queja del apoyo del Ayuntamiento y mucho menos del público, que cada vez responde mejor. Pero sí cree que para conseguir ese ascenso a primera división urge el impulso de otras instituciones. Léase administraciones regional y estatal. Ahí lo deja. Y dirige el dedo acusador a esos recortes impúdicos en Cultura y Educación.Una enseñanza que la Asociación Impulso Musical mima sobremanera. Cuenta con una Escuela de Educandos en la que aprenden más de un centenar de personas de todas las edades.
Toca aquí sacar pecho. Y, frente a otros centros de formación musical, vender su libro. «Nosotros ofrecemos el plus de dar la oportunidad de tocar con la banda. Si estudias un instrumento, en algún sitio lo tienes que plasmar, y eso aquí lo tienes», destaca el batuta.Esa cantera es la que garantiza que el sueño siga vivo.Futuro garantizado
Y ahí se sitúan un puñado de niños y jóvenes que llevan con orgullo su pertenencia a la Banda Ciudad de Burgos. Uno de los últimos fichajes del primer equipo es Ana Velasco, que entró hace dos años.¿Qué lleva a una joven de 16 años a tocar las puertas de una agrupación de esta naturaleza?
«Estudio en el Conservatorio y quería seguir con el instrumento y hacer algo nuevo. Conocí al director y me animé a entrar», contesta la bombardino que declara su pasión por los pasodobles, sin desmerecer el «repertorio más serio».Desconoce si seguirá en la música de manera profesional, pero sabe a ciencia cierta que sí será miembro de una banda. «Me divierto mucho. Me distrae y me viene muy bien», suelta sin hacer caso a las bromas que por la espalda le hace Nazario, uno de los fiscornos de la formación, que da una muestra más del buen rollo que existe. Sin importar la edad. Ana lo confirma. «Sí, aquí todos somos amigos».Quedan pocos minutos para el pasacalles. Unos ensayan. Otros bromean. Algunos revisan las partituras. Y por allí se hace fuerte María Luisa Angulo, la primera mujer que entró en la formación, y que sigue en sus filas tocando la flauta travesera.A la una del mediodía posan para la foto. Forman. Salen primero los educandos. Suena Manhattan Beach. Unos minutos después, las reconocibles notas del Paquito Chocolatero bailan en bombardinos, trombones, saxofones, flautas, oboes, trompas, tubas, clarinetes... que brillan más que nunca y por muchos años.
Citas para un cumpleaños
La Asociación Impulso Musical empezó las celebraciones de su veinticinco aniversario el pasado mes de enero y, aunque ya ha propuesto un buen número de actividades, aún queda un puñado por desplegar hasta que termine este año y algunas pendientes de confirmación.Concierto en el Arco. Los veranos capitalinos ya no se entienden sin los periódicos conciertos de la Banda Ciudad de Burgos en la calle. La próxima cita es el sábado 16 de julio junto al Arco de Santa María a las 19 horas y estarán acompañados por una banda invitada.Notas en San Juan. El Monasterio de San Juan se convierte en escenario de otra de las actuaciones estivales de la formación, que tocará bajo la nueva cubierta el sábado 10 de septiembre a las 19.30 horas (entrada libre hasta completar aforo).Mnozil Brass en el Fórum. El sábado 24 de septiembre llega uno de los momentos estrella. El septeto austriaco Mnozil Brass, con también más de veinte años de trayectoria, traerá su música de cobre para presentar su último espectáculo, Yes, yes, yes, en el Fórum Evolución (20 horas). Las entradas, de 25 y 30 euros, ya están a la venta.Clausura del aniversario. El Teatro Principal albergó el concierto inaugural de este veinticinco cumpleaños y hará lo propio con el de clausura, el viernes 25 de noviembre (20.30 horas, 4 euros).Santa Cecilia. Y, al margen de festejos, proseguirá con su agenda. El sábado 26 de noviembre celebrará Santa Cecilia con un pasacalles por el centro histórico.Música de Navidad. La Capilla de Las Bernardas albergará los conciertos de la banda, la coral y la banda de educandos el 16 y 23 de diciembre.