Certamen de Coreografía Burgos-Nueva York
Un antes y un después en sus vidas
Pepe Hevia, Maruxa Salas y Sara Olmo recuerdan su paso por la cita y la importancia de su victoria para continuar con sus carreras
Sara Olmo (i.), Maruxa Salas y Pepe Hevia, ayer por la mañana en el vestíbulo del Teatro Principal.-Israel L. Murillo
Son de generaciones distintas y descubrieron el Burgos-Nueva York en años diferentes, pero el cubano Pepe Hevia (45 años), la orensana Maruxa Salas (39 años) y la madrileña Sara Olmo (28 años) se rinden sin titubeos ante este certamen internacional de coreografía. Los tres se sientan en el vestíbulo del Teatro Principal para recordar su paso por él. Para los tres marcó un antes y un después en sus carreras. En sus vidas.El reloj avanza imparable hacia las ocho y media de la tarde. Entonces, los tres participarán en el prólogo festivo a la decimoquinta edición, que devolverá al escenario ocho de las coreografías que alimentan su palmarés. Pepe Hevia representará de nuevo Detrás del cristal, con la que ganó en 2009. «Es un ejercicio fantástico», dice a Maruxa Salas, a quien le hubiera gustado volver con Minube, obra que le llevó al podio en 2003, pero no ha podido ser y la ha cambiado por Sazón. Más reciente tiene la suya Sara Olmo, que, junto a Víctor Launay, venció en 2014 con L´Aveuglement.¿Cómo ven aquella participación desde la distancia y qué papel jugó esa victoria en sus trayectorias?«Para nada creíamos que íbamos a ganar. Estábamos empezando a crear. Éramos súper jovencitos. Fue una sorpresa enorme. Casi nos da algo. Fue muy importante para fortalecer nuestra carrera como bailarines y coreógrafos. A partir de ahí nos surgieron muchas cosas y se encaminaron nuestras vidas», rompe el hielo Maruxa Salas, que ha mantenido la ligazón con la cita burgalesa a través del Festival Solodos en Danza, creado por ella en Costa Rica.«Este Certamen es un evento muy necesario en el país, para los jovencitos y los no tanto. Debería haber varios más con sus características, su consistencia, su apertura y su respeto a la variedad». Pepe Hevia pronuncia las palabras muy despacio. Las remarca. Sienta cátedra.Aquel verano de 2009, él vio la luz. Había llegado en 1993 a Barcelona desde su Cuba natal, donde ya era un virtuoso bailarín con una carrera prometedora, detrás de un amor que lo engañó y al que esperó inútilmente ocho años. La ciudad condal, «tan linda como cruel», tampoco se lo puso fácil para continuar el camino de la danza. «Que si no eres contemporáneo, que si eres neoclásico, pero ahora no tanto, que si eres muy limpio, si eres sucio, si ya estás mayor, si tienes técnica... Este tipo de frivolidad frena trabajos, lenguajes y miradas de creadores y este premio fue fantástico porque no era a la obra, sino a mi trayectoria en España», se explaya. «Fue maravilloso. Me cambió la vida. Así funciona. Desafortunadamente, tienes que pasar estas evaluaciones. Agradecido eternamente al festival», prosigue y llama la atención sobre la importancia de la gira posterior que, hasta el año pasado, suponía auparse al podio. Asiente Salas.Se cuela ahí la voz de Sara Olmo. «Además del premio en metálico, ganar te aporta seguridad y ganas de continuar. Creo que ese es el punto en común de los tres. Da lo mismo la generación y el lenguaje», apunta esta joven creadora que se lio la manta a la cabeza con su pareja, Víctor Launay, e iniciaron su carrera en el certamen en 2013, con un segundo premio en el equipaje que los dio alas para repetir al año siguiente. Tocaron el cielo. «No nos lo podíamos creer porque estábamos haciendo una cosa tan nuestra que era impensable el reconocimiento. Normalmente no se valora ese tipo de cosas. Este festival es generoso», observa y Hevia pone la etiqueta a ese comportamiento: «Honestidad». No se queda ahí. «No es un esnobismo gratuito. Defiende la autenticidad y la calidad de los trabajos», afirma feliz de esta nueva y festiva invitación porque conlleva la oportunidad de ver otros trabajos.Se resisten a decir en voz alta que la danza es la hermana pobre de las artes escénicas. Aunque con matices sí reconocen esa condición.«Yo no lo siento así, pero es verdad que depende de en qué país está más difícil la cosa», suelta Salas y marca 2011 como el año del ocaso de la escena dancística española. «Fue muy duro. Aquí fue tremendo», rememora con la complicidad de Hevia.La crisis económica y los impagados acumulados desde las administraciones lastraron la carrera de muchas compañías. Otras se extinguieron. Y algunas tiraron la caña y encontraron su lugar fuera de España.Olmo introduce en este punto una palabra mágica cuando de cultura se habla: Educación.
«Nadie sabe lo que es la danza. Si partimos de esa base es complicado destinar dinero a algo», reflexiona la coreógrafa afincada en Bruselas, donde ha constatado asombrada que otro mundo en la danza es posible, donde la gente te llama artista cuando le dices que eres bailarina en vez de mirarte con un mohín de extrañeza, o sabe mejor que una qué es la danza contemporánea... A ella le ha pasado en la capital belga, no en Madrid.Esta fuga de talentos es una realidad en esta disciplina. Vía Europa o vía América.Ese año 2011 fue el que Salas empezó a barajar la creación de un festival en Costa Rica, donde reside seis meses al año, el resto lo hace en Orense. Ha colaborado igualmente con el Ballet Nacional de Cuba y ha comprobado perpleja como en el país caribeño se reconoce a los bailarines por la calle como aquí a los futbolistas. De eso sabe mucho Hevia. Sus piezas se siguen pasando por la televisión. Él también volvió a la otra orilla para ponerse al frente del Ballet Nacional de Perú, que combina con proyectos más personales.«Está claro que sin ese ir y venir... Cuando llego a mi casa a Barcelona, a dar clases, hay una tristeza que dices ‘Dios mío’. He hecho desde 2011 hasta ahora más de lo que hice en España desde 1993, que creé la compañía, hasta ese año. En todos los sentidos. Eso lo dice todo», ejemplifica.
Olmo define la situación en España con una sola palabra: Desesperanza. «Tienes que ser doblemente fuerte. Debes tener muy claro que naciste para esto. Aunque la depresión llega», completa Hevia, que sabe de lo que habla.La madrileña insiste en que el problema enraíza en la educación. «Los niños pequeños no saben que existe la danza», se queja. «Quieren ser futbolistas o la novia de, que es peor», apostilla el cubano.
No todo está perdido. Los tres reconocen que han participado en diferentes proyectos pedagógicos. Pero lamentan que respondan más a inquietudes personales, que a un desvelo institucional. «Es importante hacerlo porque si no llegará un momento en que... los teatros se conviertan en zaras», termina Salas la frase iniciada por Hevia, que llora el cierre de muchos teatros. Una pena más. «El escenario es el templo maravilloso. Es la magia que hemos soñado», sentencia Pepe Hevia, que ayer volvió a soñar en el Teatro Principal igual que Maruxa Salas, Sara Olmo y Víctor Launay, Corneliu Ganea, Elías Aguirre...
Hoy...
Grafiti. El Grafiti entra en liza en el paseo de la Sierra de Atapuerca de 11 a 21 horas.Taller de danza. Taller para niños desde 7 años en el Sierra de Atapuerca a las 12 horas.Debate. Ana Cabo, exdirectora de Madrid en Danza, Margaret Jova, directora del Danza Española y Flamenco de Madrid, Norka Chiapuso, jefe de la programación de teatro y danza de Donostia Kultura, el asesor de danza Raúl Cárdenes, Alberto Estébanez, director del Burgos-Nueva York, y el técnico de Cultura Ignacio de Miguel hablan de Realidad de los certámenes, ideas de futuro en el Salón Rojo a las 12 horas.‘Moving spaces La Flora’. Primera sesión con Cía. Roots con exhibición y taller de 18.30 a 20 horas.Apertura. El Conservatorio de Danza de Andalucía baila en la gala de apertura en el Teatro Principal a las 20 horas.Contemporánea y Urbana. Las primeras semifinales de Contemporánea (20.30 horas) y Urbana (22 horas) se celebran en el Principal. Entrada: 3 euros.