Certamen de Coreografía Burgos-Nueva York

Noche nostálgica y a flor de piel

El recuerdo de los coreógrafos Kazuko Hirabayashi y Goyo Montero envuelve una inauguración oficial en la que volaron los piropos a un encuentro que ha mantenido el tipo durante 15 años y al esfuerzo de sus artífices por tamaña hazaña

Los alumnos del Conservatorio Superior de Danza de Málaga protagonizaron la gala de apertura de la nueva edición como reflejo del futuro de esta disciplina.-Israel L. Murillo

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A.S.R.
Burgos

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Dos ausencias llenaron el Teatro Principal durante la inauguración oficial del Certamen de Coreografía Burgos-Nueva York. El recuerdo de los coreógrafos Kazuko Hirabayashi, pieza clave en la creación de este encuentro hace quince años junto a Alberto Estébanez, y Goyo Montero, maestro e invitado en varias de sus ediciones, fallecidos este año, envolvió la noche en la que volaron los piropos para una cita que ha sabido mantener el tipo de forma ininterrumpida durante este tiempo y las flores para sus artífices, que con empeño lo han conseguido.La apertura tuvo a ratos un tinte nostálgico, con un balance de todo lo conseguido y el entrañable guiño a los citados artistas, y a ratos optimista, con admiración hacia los jóvenes talentos que se miden en esta cita que los abre un mundo con pocas puertas por las que entrar.A esos brazos abiertos se refirió la presidenta del jurado, la coreógrafa y bailarina belga Catherine Allard, que, tras confesar que era su primera vez en este certamen, recordó cuántas veces había oído hablar a los jóvenes bailarines de su compañía de este festival. Precisamente, compartió, iba en un autobús con ellos hablando de él cuando recibió la llamada con la proposición para presidir su jurado. Allard, que también recuperó de su memoria aquella ocasión veinte años atrás en la que vio a Kazuko en la Juilliard School de Nueva York, destacó la importancia de este certamen como incentivo y empuje en la carrera de los jóvenes creadores, a los que deseó mucha suerte.Apenas hubo lugar, a diferencia de ediciones anteriores, para la precaria situación de las artes escénicas. La crisis económica se quedó en el patio de butacas. Sí sembró Estébanez la incertidumbre de si habrá una nueva edición en 2017, pero fue una tímida alusión, una duda que minutos antes había disipado el alcalde en su intervención.Javier Lacalle, con sus insistentes felicitaciones y sus grandilocuentes adjetivos, aderezados con el típico y tópico comentario sobre la climatología local, renovó el compromiso del Ayuntamiento con este «clásico del verano burgalés que después de 15 años es un orgullo para la ciudad». Una cita que, dijo, contribuye a hacer de Burgos «un referente de la cultura en nuestro país y también fuera de España».A las oportunidades que brinda el Certamen de Coreografía, amén de los suculentos premios en metálico, de viajar fuera se refirió el responsable y nombró la posibilidades de participar en otras citas como el Festival Solodos en Danza de Costa Rica, el Ballet de Siena (Italia), el L’Estruch de Sabadell, el Abril en Danza en Elche, el Ventana Abierta de Málaga, el Centro Coreográfico de La Gomera...

El director del Burgos-Nueva York hizo una llamada a bailar. Y antes de que la competición arrancara y los señores del jurado se ajustaran las corbatas y las señoras se colocaran bien la falda, lo hicieron los alumnos del Conservatorio de Danza de Málaga. Quizás otro año sean los de la Escuela de Danza de Burgos. Futuro hay.

Cuando el baile es bello, crítico y reflejo de la sociedad

La noche se completaría con las primeras semifinales de la sección estrella. Tras los piropos, las casi imperceptibles reclamaciones y los nuevos rostros, el escenario se llenó de arte con las primeras seis coreografías a concurso.El pistoletazo de salida llegó de la mano del vallisoletano Héctor Plaza, con Ehiza, interpretada por él mismo y Agnés Salas e inspirada en la persecución entre un depredador y una presa. La segunda, empty.after, creada por Jesús Benzal y Ole Kristian Tangen y representada por ellos más Laura Lliteras, Anne Lise P. Ronne y Marina Fullana, denuncia la pena de muerte e imagina las sensaciones de las últimas cinco personas sentenciadas a la pena capital en el mundo.Tras esta agónica pieza, la italiana Sara Angius, componente del Staatstheater Tanz Braunschweig desde 2013, presentaría The Fish Bowl, que, tomando como inspiración la idea de las máscaras que da forma a algunas obras del escritor Luigi Pirandello, se pregunta sobre el uso que hacemos de estas para relacionarnos con el otro.La actualidad saltaría a las tablas con el estreno del solo Until the sad, creado e interpretado por el albanés afincado en Holanda Klevis Elmazaj, que ahonda en la situación de los inmigrantes que abandonan su patria con la esperanza de encontrar una vida mejor en Europa, y con el solo que también propone la coreógrafa afincada en Alemania Julia María Koch en Zenit:Nadir, que, a través del viaje de una refugiada en su huida hacia adelante, denuncia los prejuicios y humillaciones de mujeres y niñas.La primera semifinal de Contemporánea concluiría con Through the looking glass, de la belga Mathilde Van de Wiele, que, junto a Joroen Van Acker, se recrea en el amor en pareja en escena.

La competición continuaría con la categoría de Danza Urbana. Saldrían a las tablas Dans l’arène, de Bouside Aït Atmane; Párate y respira, de Salva Faye; y Legacy duo show one, pieza para dos intérpretes a cargo de Murali Simon y Pablo Mandaras Gumi.

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