Exposición

Madera que cuenta un mundo

Humberto Abad observa la realidad con dureza y dulzura y siempre con sentido del humor en ‘Oír, ver y tallar’. En el Arco de Santa María hasta el 15 de enero

Humberto Abad, junto a 'Mama'.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Como el vigía que se encarama a una de sus esculturas, Humberto Abad se sube a los tacones, observa la realidad desde su estudio y la interpreta gubia en mano. Ve el mundo con dureza y dulzura, según vengan dadas, pero siempre con un punto de humor y otro de fantasía que atrapa a pequeños y grandes y traslada a sus esculturas creando un universo nuevo. Sesenta y una piezas dan forma a Oír, ver y tallar, la exposición que reúne cinco años de trabajo en el Arco de Santa María hasta el 15 de enero.Variopinta como la sociedad que refleja es esta colección. El artista se deja llevar por la ola. Abofetea sin miramientos durante los momentos más duros de la crisis inspirado en El cuerno de la abundancia y templa la mirada para hacerse eco de la indigencia. Reivindica una izquierda condenada al diálogo y advierte con dulzura de la necesaria acogida a las personas que huyen de su país y buscan un lugar donde hacer su nido.«La obra está impregnada de todo lo que ha pasado estos años, pero disimulada con la creatividad y con notas de humor para compensar», sostiene.Rechaza el oír, ver y callar y ondea el oír, ver y hablar. «Y más en esta época». Él se expresa con el lenguaje que domina: la talla de madera.La mirada de Humberto Abad no es la del resto de mortales. La realidad se le insinúa sin remedio, pero sus ojos ven más allá de sus curvas. Un bolso puesto encima de una mesa puede ser una montaña rusa, las manos de un presentador de televisión entrelazadas tornan en una cremallera y las alas de una mariposa aletean como orejas humanas ¿incapaces de escuchar?Se pone sentimental, véase Mama, y también crítico con el mundo de la cultura y los intereses que mueven sus hilos alejados tantas veces del hecho creativo, véase La ex-cultura.Las manos continúan guiando al escultor. Ya no son gigantes como las de su anterior muestra en este mismo espacio, Maderoflexia. Se vuelven juguetonas. Los dedos giran en un dado o se convierten en fichas de dominó.Y de la pieza La dama de casa, una escultura que expuso en la primera colectiva del Gremio de Artistas Plásticos (GAP) la pasada primavera, nacen otras igual de sorprendentes. Cucharas y porrones que tornan en zapatos de mujer, teteras que modelan femeninos pechos...Humberto Abad es pura imaginación. La reivindica como herramienta esencial para construir un mundo mejor. Nada más útil para fabricar nuevas realidades. Por eso se le cae la baba cuando recibe la felicitación de dos niños que han pasado la mañana vacacional entre sus obras. De ella echa mano para que un puñado de imperdibles se alineen como una raspa de pescado y para que un ladrillo, una brocha, una pinza de ropa y varios imperdibles dibujen un besugo boqueando. «Es una buena manera de aliviar tensiones», asegura divertido este artista que puede ser tan figurativo como surrealista, tan cínico como sentimental, tan reflexivo como casual.Diversa es la temática y también el material que la talla. Nogal, peral, olmo, castaño de indias, pino, caoba, ciprés... La madera se pone al servicio del escultor que se apunta al más difícil todavía y desde hace seis meses se pelea con el aglomerado. Complicado de trabajar, hasta que descubra el truco, pero al que vaticina mil y una posibilidades. Tantas como a este mundo que oye, ve y talla.

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