Literatura

«La insatisfacción es el estado más habitual del escritor»

El autor vallisoletano Rubén Abella recomienda alcanzar el equilibrio entre soberbia y humildad para culminar con éxito una novela en un taller que concitó a una veintena de personas

Rubén Abella se dirige a los asistentes al curso orquestado por la Escuela de Escritores y celebrado en el Museo de la Evolución Humana.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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A Rubén Abella le parece asombroso que una veintena de personas entregue la mañana del sábado a un taller de novela. Y, cosa de magia o no, allí estaban. Escuchando, tomando notas y atentos a las palabras del escritor vallisoletano, que sabe de lo que habla. He ahí California, Baruc en el río, El libro del amor esquivo, finalista del Premio Nadal, o La sombra del escapista, su ópera prima, Premio de Narrativa Torrente Ballester.La primera pregunta es obligada. ¿Se puede aprender a escribir una novela? El escritor no duda. «Es la pregunta del millón. Claro que se puede. Escribir se compone de una parte instintiva, que sale de las entrañas, y otra que es oficio. Ambas son muy importantes. No se puede enseñar a alguien a tener talento, pero sí ofrecerle herramientas para construir historias», responde durante el descanso, convencido, además, de que ambas se compensan.En su nueva visita al Museo de la Evolución Humana, compartió esas herramientas necesarias para construir una novela, «que tiene mucho de carpintería, de arquitectura».¿Cuáles son? «Hay ingredientes que siempre tienen que estar: los personajes; la trama; el conflicto, esencial, siempre tiene que haber un personaje que quiere algo y algo que se lo impide; una voz narradora, que muchas veces se confunde con el autor, pero que es el punto de vista; un tono; una estructura básica de la historia; y una ambientación. Concretar todas estas cosas antes de sentarte a escribir es muy importante. Puedes hacerlo sin preparar nada, improvisando, pero tiene muchos peligros», sostiene el escritor, aunque desmiente que la improvisación no case en ningún caso con la novela.«En realidad, cuando uno escribe una novela improvisa todos los días. Siempre hace algo que no tenía planeado, pero para hacerlo bien debes tenerlo muy claro. Cuando un músico de jazz improvisa conoce las reglas, los ritmos, las cadencias... En literatura pasa lo mismo», se explaya.Abella es prudente. Se aleja del blanco o negro. Preguntado si es posible realizar una novela en seis meses responde afirmativamente. «¿Se puede? Claro. ¿Es lo normal? No. Cuando se calcula el tiempo de escritura se cuenta el que está uno sentado y es un proceso más largo que eso», advierte y enumera algunos ejemplos de uno u otro extremo. He ahí los cuatro años que tardó Arundhati Roy en El dios de las pequeñas cosas, los siete que estuvo Álvaro Mutis con Ilona llega con la lluvia o los dos meses que dice la leyenda empleó Faulkner en Mientras agonizo. Faulkner es Faulkner. «Al final hay pocos atajos. Puede ser que haya gente que en un momento especial de concentración, inspiración, consiga algo meritorio rápido, pero generalmente necesita un proceso de maduración y revisión», expone.¿Qué es lo que nunca debe hacer un aspirante a novelista? «Nunca debe confiarse. Una novela requiere mucha atención. Hay que darle de comer. Tienes que estar pendiente y hoy, que llevamos una vida tan ocupada, hay gente que piensa que se le pueden dedicar ratitos de su vida diaria y eso rara vez funciona. Eso genera frustración y abandono», contesta y a esa necesaria disciplina añade el corazón: «Al final, lo que tiene que vibrar en una novela es la emoción, debe ser reflejo de lo que es vivir».Una pizca de autocrítica también se presume necesaria en el oficio. Se publican muchos libros a la ligera... «Depende de la vanidad. También pasa lo contrario. El estado más habitual del escritor es la insatisfacción. Lo que te hace seguir adelante es pensar que la siguiente novela va a ser mejor. Todos los escritores que yo he admirado tenían esa duda. Cuando uno está muy contento de haberse conocido hay un problema de autoexigencia y puede que de ignorancia», señala al tiempo que apuesta por el equilibrio entre soberbia y humildad para alcanzar el éxito.Abella ha saboreado esas mieles, pero no se confía y sigue su búsqueda. En otoño sacará la edición completa de No habría sido igual sin la lluvia, Premio NH de Relatos, que en su día tuvo que recortar para ajustarse a las bases. Además tiene una novela culminada en busca de editorial y ya ha empezado otra.

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