Artes escénicas
Un histórico Día del Teatro
Ignacio de Miguel traza un recorrido por los escenarios que ha tenido la ciudad desde el primero en el siglo XVI hasta la actualidad
Ignacio de Miguel se dirige al público asistente a la charla celebrada en la Sala Polisón.-Santi Otero
La celebración del Día Internacional del Teatro fue histórica. Literal. Tras la lectura del manifiesto, escrito por la actriz francesa Isabelle Huppert, el técnico del Instituto Municipal de Cultura Ignacio de Miguel embarcó al público en una aventura que comenzó en blanco y negro y terminó en color. Trazó un recorrido por los escenarios burgaleses desde el primero del que se tiene noticia a finales del siglo XVI, aunque pudiera existir antes, a los actuales, de sobra conocidos por los asistentes ayer a la Sala Polisón.Este viaje parte del corral de comedias situado en la llamada Casa de los Niños de la Doctrina, que ocupaba lo que hoy son Las Tahonas, aunque este espacio no se corresponde exactamente con aquel escenario del que se tiene noticia que empezaron a ver teatro los burgaleses.«Sabemos a ciencia cierta que estuvo abierto desde 1587 hasta 1752, que el Ayuntamiento, convencido por los sermones del Padre Garcés, decide derribarlo y construir en su lugar un cuartel de bueyes para que nunca vuelva a haber teatro en Burgos», apunta De Miguel.Sus deseos no se cumplieron, aunque, observa el historiador, sí padeció la ciudad una sequía escénica a finales del siglo XVIII. «Hasta 1768 no vuelve a actuar ninguna compañía», anota. Pero no fue porque el teatro se hubiera olvidado de la ciudad. Durante ese tiempo, muchas pidieron autorización, pero la cerrazón perduró en algunos regidores.Afición había y sí hay constancia de que en 1770 se realizaron representaciones en el cuartel de bueyes que ocupó el antiguo corral de comedias, en 1772 se baraja habilitar uno en las nuevas Casas Consistoriales y ese mismo año se levantó el llamado patio provisional de la calle Cantarranas, ubicado entre las actuales Almirante Bonifaz y San Carlos. «Estaba hecho con materiales desmontables, aunque tenía cubiertas todas las necesidades: su tramoya, sus telón de boca, sus telones pintados que articulaban los distintos ambientes...».Corre el año 1797 cuando se empieza a hablar de construir el que se conocerá durante el siglo XIX como el Teatro Viejo de la calle La Puebla -ocupaba lo que hasta hace poco era la Comandancia de Obras del Ejército-. «Era un teatro a la italiana, aunque desde el primer momento no fue del gusto de los regidores porque se consideraba pequeño y, aunque ahora nos parezca sorprendente, para ellos estaba lejos del centro de la ciudad, además de ocupar una calle estrecha que provocaba problemas de insalubridad por los carruajes que hasta allí llegaban», apunta De Miguel y recalca que, con todo, se mantuvo abierto hasta la inauguración del Teatro Principal el 4 de abril de 1858.«¿Por qué se considera su construcción? Porque quien empieza a tomar las decisiones en el Ayuntamiento es la emergente burguesía industrial que necesita un lugar emblemático y de encuentro», ilumina De Miguel sobre este escenario que fue el centro de la vida social y artística hasta 1956.Su cierre, recuerda, se debe a la falta de financiación municipal por el fracaso de la gestión privada y por la competencia de las nuevas salas privadas, Cine Avenida y Gran Teatro.
Tras idas y venidas, el Ayuntamiento decide dar una segunda oportunidad al Principal e inicia su rehabilitación en 1995. Dos años después se reinaugura. Y hasta ahora, que convive con otros escenarios como el Clunia, el Fórum o los de la Fundación Caja de Burgos. Ahí termina, de momento, grosso modo, esta aventura.