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El teatro de Jesús Carazo vuelve al papel... y a los escenarios de México
El dramaturgo reúne ‘Pensión Libertad’, ‘Un alma a la deriva’ y ‘Una gloria local’ en un mismo volumen, mientras La compañía de Lillián Viveros, la misma que representó ‘La reina que no quiso reinar’ en el país azteca, estrenará ‘La eternidad’ este mes en Chihuahua
La portada de la nueva publicación coge una pintura de Consuelo Hernández.-
Jesús Carazo aparta su rostro del espejo para que se refleje en él otra realidad. Después de la edición de la segunda parte de sus memorias, el dramaturgo burgalés vuelve con la publicación de tres piezas teatrales, Pensión Libertad, Un alma a la deriva y Una gloria local, en un mismo volumen bajo el sello de Esperpento Ediciones y con el prólogo del profesor de la Universidad Complutense de Madrid Emilio Peral Vega.Alimentan este libro la historia de tres mujeres que se hospedan frente a la cárcel en la que, por distintos motivos, están presos su padre, hermano y novio, respectivamente (Pensión Libertad); la conversación entre una joven periodista y la viuda de un escritor con su última novela como pretexto y un secreto latente (Un alma a la deriva); y las andanzas de un autor local taciturno y con escasa vida social y su mujer que tras sufrir un accidente de tráfico asisten como fantasmas a la revisión que de su despacho y sus textos hacen dos empleados de la biblioteca municipal (Una gloria local).
El humor, el protagonismo de los personajes femeninos y la pertinaz presencia del mundo de la creación literaria marcan estas tres obras.La risa, que, bien es cierto, aparece menos que en su anterior libro, continúa presente. ¡Cómo no! «Es uno de los aspectos más importantes de mi teatro. En realidad es mi manera de sobrevivir al horror y a la violencia de este mundo caótico», comenta el escritor a través del correo electrónico y apostilla que, en esta ocasión, solo «asoma la nariz» en la última pieza.Reconoce también un mayor interés por el mundo femenino desde hace años, «aunque no parece nada fácil colarse en la mente de una mujer». ¿Por qué esa inclinación? ¿Es más fácil ponerse en la piel de ellas, que requiere apelar más a su imaginación, o en la de ellos, que le son más cercanos?
«Quizá es esa dificultad lo que me anima a intentarlo una y otra vez. En Pensión Libertad y Un alma a la deriva los papeles más importantes son para las actrices. Y lo mismo ocurre en La reina que no quiso reinar y Paisaje de lluvia con fantasmas. Siempre he pensado que el mundo interior de la mujer es mucho más rico, sensible y literario que el del hombre», defiende.Admite igualmente que en los dos segundos textos juega con sus propias novelas y que los protagonistas de ambas tienen algunas pinceladas con las que no le costaría identificarse. «Siempre me ha gustado introducir elementos autobiográficos en mis libros, como una broma metaliteraria», observa a la vez que identifica el tema de la creación como otra de sus obsesiones: «Aparece claramente en Ciel! une comédie!, la pieza que acaba de publicarse en París y en la que dos autores escriben una obra en el escenario», recuerda.Dentro de ese universo del hacedor literario se encuentra el aplauso y el afán por trascender. Una gloria local destila mucho de esto. Y Jesús Carazo lo tiene claro.«La gloria literaria es tan efímera que casi no vale la pena luchar por ella. La escena nacional ya ha olvidado a algunos grandísimos autores que llenaron los teatros hace apenas dos o tres décadas, y el público, a ciertos novelistas famosos del pasado siglo. La inmortalidad literaria hay que concebirla en términos mucho más modestos. Que un lector, dentro de veinte o treinta años, pida prestada una obra mía en la biblioteca municipal, disfrute con su lectura y se la recomiende a algún amigo...», deja caer el Premio Lope de Vega 2004 que en este mismo texto vuelve a poner ojitos al más allá como ya lo hizo en La eternidad.¿Tanto le desvela? La respuesta es negativa. «Hace tiempo que dejé de preocuparme por el más allá. ¡Hay tantas cosas que hacer en el más acá...!», suelta divertido el escritor que vive feliz ante el estreno absoluto de La eternidad en México. «Para un autor, la puesta en escena de una de sus obras siempre es un estímulo que le anima a imaginar nuevas historias», confiesa con la mirada puesta al otro lado del Atlántico.
Estreno absoluto de 'La eternidad'
No hace falta tener en frente la cara de Jesús Carazo para ver que los ojos le hacen chiribitas y que sonríe como un niño con zapatos nuevos cuando habla (o escribe) del inminente estreno de otra de sus obras, La eternidad, en México. Ghostlight Teatro, la compañía de Lillián Viveros, la misma que dirigió La reina que no quiso reinar hace tres años en el país azteca, llevará a las tablas esta disparatada y esperpéntica obra que provoca el encuentro de Hitler, Franco, Stalin y George W. Bush en el infierno.«Es sin duda una de mis piezas favoritas. No sé si llamarla surrealista o simplemente fantástica», anota el autor al tiempo que advierte que junto a Y entre la hierba, el miedo, que aborda el tema del terrorismo vasco, son sus dos únicos textos de teatro político.El grupo realizará un preestreno este jueves en Chihuahua y, después, tiene intención de programarla durante un mes entero en la misma ciudad, además de moverla por festivales de todo México.
No será la primera vez que el teatro de Jesús Carazo desembarque en tierras aztecas. Lillián Viveros ya abrió una ventana al mundo del burgalés hace tres años con La reina que no quiso reinar, que relata las angustias de Juana la Loca tras la muerte de su esposo, Felipe El Hermoso. Esta obra, estrenada en España en 2006, se ha convertido en la más internacional de las del dramaturgo burgalés pues Histrión Teatro, que ha representado más de 200 funciones de ella en España, también la llevó a París.Y de México a Marruecos. Tánger fue el primer destino como profesor de Jesús Carazo. Corrían los años setenta y la inquietud escénica ya anidaba en él. Allí escribió Las orejas de Adalberto, una pieza juvenil que se representó en la ciudad marroquí y que la Asociación de Autores de Teatro recupera ahora en una nueva colección de publicaciones dedicada a la infancia y la juventud.
El primer número de Carrusel de ogritos incluye esta obra junto a otras cuatro destinadas al mismo público: Teatro sobre plano, de Ruth Vilar; Siembravientos, de Luis Fernando de Julián; Los chicos perdidos, de Tomás Afán Muñoz; y La vida pícara, de Miguel Ángel Jiménez Aguilar.