Sonorama Ribera 20
Un lugar, mil y una historias
El perfil del festivalero sonorámico es infinito, ni edad media ni gustos musicales concretos, e inabarcables se presentan las razones que lo llevan a desplazarse hasta la capital ribereña durante estos días de verano. Para muestra, tres botones
De izquierda a derecha: Beatriz Sánchez y Laura Hernández; Sara Alfonso, Julián Galán y María Muñoz; y Berta García y Marta Lozano.-
Las miles de personas que cantan, bailan, botan, se disfrazan, comen, juegan, tararean, beben... y se vuelven locas cada día en el Sonorama acuden al festival con unas motivaciones, con un objetivo en la agenda y en unas circunstancias determinadas; viajan a Aranda para ver al artista de su vida, para desfasar después de un verano duro en el trabajo o para dejarse envolver por el ambiente de un encuentro que pueden gozar sin tener que buscar canguro para sus hijos; sacan su abono y viven el encuentro de cabo a rabo, deciden exprimir el cartel diurno y no rascarse el bolsillo o pillar entrada para el concierto de su artista fetiche; se alojan en un hotel de la comarca, alquilan un piso en la localidad aun pagando en ocasiones un precio abusivo o se suman al pelotón de jóvenes, y no tanto, que instalan su tienda de campaña en el parque General Gutiérrez; llegan con un grupo de amigos, se regalan noches de pasiones compartidas con sus parejas o desembarcan en familia.Es imposible determinar un perfil medio del festivalero sonorámico. Basta recorrer el recinto ferial por las noches o repasar los escenarios desparramados por el centro arandino a la luz del sol para darse cuenta; vuelan desde Canarias, conducen desde Extremadura o bajan a la plaza andando. Para muestra, tres botones.
BEATRIZ SÁNCHEZ Y LAURA HERNÁNDEZ Santa Cruz de Tenerife
Beatriz Sánchez y Laura Hernández se retratan con su móvil en la plaza del Trigo. El ágora arandina aún está tranquila. Queda un rato para que se convierta en un infierno, o en un paraíso, según se mire. Vienen desde Santa Cruz de Tenerife. Beatriz se estrena en Sonorama, Laura ya debutó hace unos ocho años. «No tiene nada que ver. Era mucho más pequeñito», recuerda y cuenta que lo conoció a través de una amiga que, dice, vivía aquí. ¿En Aranda? No, en Madrid. «Fue estupendo, lo pasé súper bien. La acampada, el montón de gente... Me encantó. Por eso repetí», señala esta canaria que en este tiempo sin volver por tierras de Castilla ha ido a conocer otros festivales y en el reencuentro ha encontrado al ribereño muy, pero que muy mejorado. Desde el recinto de conciertos a la zona de acampada.He ahí a lo que más teme Beatriz. «Tenía, y tengo, miedo a la parte física, a no poder aguantar bien por no poder descansar en la caseta (tienda de campaña). Tenemos 35 años eh...», dice con el ruido y el frío pasado la primera noche en la mente, aunque ya le pueden quitar lo bailao. La emoción de lo vivido durante el concierto del veinte aniversario aún les dura. «Fue guapísimo», suelta Beatriz, que pone a su amiga la etiqueta de entendida de música. «Yo vengo a conocer, a ver... A vivir un festival», anota la novata, a la que el rollito de día le estaba gustando mucho, mucho, mucho.
SARA ALFONSO, JULIÁN GALÁN Y MARÍA MUÑOZ Cáceres y Navalmoral de la Mata
A la sombra de un árbol, sentados en la hierba, con unas napolitanas a un lado y un cachi al otro, Sara Alfonso, Julián Galán y María Muñoz escuchan la música de Candeleros en el parque de La Isla, cuya localización los ha llevado un rato. Los dos últimos viven su tercer Sonorama. La primera se estrena en él. Ellas son de Navalmoral de la Mata; él, de Cáceres. Y los tres están encantados con la experiencia, aunque aún les quede mucho festival por delante. Recuerda María que el primer año pagaron la novatada. «No vinimos muy preparados y pasamos un frío horroroso», se ríe solo de pensarlo y mira a Julián. Llegaron los dos solos, muy tranquilos, movidos por el cartel. La indie de la pareja es ella y aunque aplaude la diversidad de géneros que entra en las últimas ediciones, cree que es culpable de la masificación que perciben respecto a sus anteriores ocasiones. «Quizás deberían centrarse más en un tipo de música», aventura María y a Julián aún le duelen las colas y las largas esperas de la primera jornada -al parecer el problema se ha solucionado ya en las posteriores-.Sara Alfonso reconoce que se apuntó a última hora porque no tenía otros planes. «El ambiente, a pesar de la multitud, es muy bueno, la ciudad es muy bonita y los conciertos me están gustando», destaca mientras conjetura sobre las actuaciones sorpresa que quedan.
BERTA GARCÍA Y MARTA LOZANO Aranda de Duero
Son cuatro amigas, aunque solo dos se atreven a ponerse delante de la cámara. Cerveza en mano, se adentran en el ambiente de la plaza del Trigo. Berta García y Marta Lozano juegan en casa. Son arandinas y desde los veinte años no se pierden un Sonorama, es decir, desde hace ocho o nueve ediciones. «Nos gusta el ambiente que hay en Aranda, que es lo que distingue al festival, las visitas a las bodegas, los almuerzos y enseñar a gente de otros sitios la zona, pero este año me está decepcionando», se arranca Marta y responsabiliza a «la masificación y la mala organización, con largas colas a la entrada y a la salida» que hasta este año no habían sufrido.Berta asiente mientras habla su amiga. No se podía creer la cantidad de gente que había el jueves por la noche. Miedo le daban las sucesivas. «Es una locura», observa esta seguidora de Dorian que se quedó sin verlos.
l margen de lamentar esa masificación, «que puede hacer perder la esencia de Sonorama», ambas defienden el Sonorama sin medias tintas. El concierto del 20 aniversario, Xoel López, Amaral, Fangoria... y una retahíla de artistas más aparecen en su agenda y en su álbum personal emergen grandes momentos vividos en los anteriores encuentros. Desde el concierto de Izal en la plaza del Trigo de hace unos años -ayer volvieron al mismo escenario- a los desayunos en las bodegas. Y los que les quedan.