FESTIVAL TRIBU
Arte que piensa en verde
La urgente concienciación sobre la conservación del medio ambiente centra la veintena de intervenciones creativas de Expolón, que convierte al céntrico paseo en una efímera sala de exposiciones
‘El mar de Castilla’, de Noemí Pérez Alonso, que se hace eco de los 65 años del embalse de Arija, ganó el premio de 300 euros establecido este año.-Raúl Ochoa
El vestido y los zapatos tejidos por Ana Peser a base de etiquetas para denunciar la importancia que la sociedad da a las apariencias y el gato fantasma, grande y fucsia, de Rachel Merino subido a la rama de uno de los plátanos con una pregunta, ¿Y si la mitología hablase de especies que han desaparecido?, una cifra reveladora, la biodiversidad se ha reducido un 58% en 40 años, y un aviso, las cinco grandes amenazas del Planeta (pérdida de hábitats, sobreexplotación de especies, contaminación, especies invasoras y enfermedades y cambio climático), acaparan muchos de los selfis de quienes pasean por El Espolón una nada otoñal y sí veraniega mañana de domingo. Las fotografías se multiplicaron ayer en el céntrico paseo convertido en una efímera sala de exposiciones a cuenta de la quinta edición de Expolón, la actividad orquestada por la Asociación Sio2 dentro del Festival Tribu.Una veintena de creadores trasladaron sus pensamientos en verde a los árboles del paseo con el clima y la energía como tema central tal y como sugerían las bases de la convocatoria que este año ha provocado la respuesta de autores locales pero también de Sevilla, Málaga, Madrid, Bilbao o Ávila.Volaron aves como los Pájaros en intento de despegue de Erasmo Torres; los de Siete, que avisaban: A veces lo ponemos todo perdido de palabras; o el Astuto tarugo de Diego Alonso Moral en un hábil juego de palabras.Otros animales también bailaron al ritmo de Tatanka, que puso la banda sonora a esta galería de arte, como la Vaca ‘recostá’, de Rodrigo García Calvo, los habitantes del embalse de Arija recogidos en El mar de Castilla, de Noemí Pérez Alonso, que ganó el premio de 300 euros establecido este año, o el álter ego de Beltrán Saiz de Miguel, que trepaba con dos interrogantes: ¿El cambio climático hará que volvamos a vivir en los árboles? ¿Y tendremos los brazos más largos?Jorge G. Aguado & Tomás Francés pusieron en bandeja la reflexión en su Hamaca y los malagueños Puntocubo invitaron a dar un paseo por las nubes con su Cumulolimbo. Al cielo elevaron su mirada Carmen Francés y Amparo Gómez para preguntarse si llegará el día en el que se tenga que almacenar en pequeñas nubes el oxígeno que ahora suministra El Espolón como pulmón de la ciudad.Unas poderosas manos simbolizaban a la Madre Tierra en busca de ayuda ante la inmensa basura que rodea la sociedad actual en la instalación de Sara Martínez Vallejo y a las imprevisibles consecuencias del cambio climático aludían con ironía desde Aspanias.Expolón abordó además la amenaza de agotamiento de los recursos naturales, el filón encontrado por el capitalismo en la conservación de la naturaleza o la saturación visual en la sociedad contemporánea... con propuestas de Fredi, Dirty Nails Stained Fingers, Mario Alagueró, Nuria Jorge y Delia Izquierdo, José Carbonero, Eduardo Alonso Ruiz de Temiño, Miguel Ángel Moradillo, Álvaro Giménez Ibáñez, Asunción de Álvaro Benito, Bandito y Extramuros & Ajo.
Un resurgimiento abonado al éxito
Cual ave fénix, el Festival Tribu ha resurgido de sus cenizas este año y en su regreso ha volado bien alto. A pocas horas de que MFC Chicken escribiera con su música el punto y final del cartel, su coordinador, Héctor Aguilar, realizaba un balance «muy positivo» de este encuentro con el arte, la gastronomía y el deporte por el que estima que han pasado más de 30.000 personas, un 20% de fuera de Burgos.
«Estamos muy contentos porque se han superado todas las expectativas en cuanto a la asistencia de público, todas las actividades con entrada o inscripción han estado llenas e incluso con lista de espera, igual que la plaza de San Juan durante los conciertos», señalaba en medio de la algarabía que se apoderó de la céntrica ágora el viernes para quedarse hasta la noche del domingo.¿Esta respuesta de la gente confirma que este evento es necesario? «No sé si necesario, pero sí aporta algo que no hay en la ciudad. Es una propuesta diferente a la programación cultural habitual. Sí necesita algo parecido o por lo menos seguir con ello y mejorarlo», responde Aguilar al tiempo que confirma que habrá una quinta edición del Festival Tribu, que reaparece este año tras la suspensión del pasado debido a las deudas acumuladas por el Ayuntamiento y la Asociación Plan Estratégico. Aún esperan que lleguen los 21.000 euros comprometidos en 2015 por esta última.Una cifra importante que esperan no sea un lastre para su futuro. Este año, tocan madera, el tema económico parece que no será un problema, aunque aún no han firmado el convenio con el Ayuntamiento, que destina 40.000 euros a este encuentro.«Necesitamos una seguridad en cuanto a los tiempos y pagos y tranquilidad para trabajar. Solo necesitamos eso. No pedimos grandes cantidades de dinero. Por suerte tenemos otros colaboradores como la Fundación Caja de Burgos, el Museo de la Evolución Humana y San Miguel, que hacen que el festival sea sostenible teniendo el 90% de las actividades gratuitas», se explaya el coordinador y reconoce que trabajan con mucho miedo a que la historia de 2015 se repita. «Somos una asociación pequeña y si hay problemas la asumimos nosotros de manera personal», observa quien pronto se reunirá con los patrocinadores para evaluar esta cuarta edición.Una convocatoria que se ha apuntado un tanto con su apuesta por la accesibilidad con los programas traducidos al braille o los intérpretes de lengua de signos. Unas medidas a las que, avanzó Aguilar, el próximo año se sumará la inclusión.