MÚSICA

Alarde de calidez desde la otra orilla

Pasión Vega presentó en Burgos su último trabajo, 'Gracias a la vida'

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Burgos

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L. B. / Burgos

No estaba la tarde para remolonear a las puertas del salón de actos Cultural Caja de Burgos. El frío y las ganas de escuchar en directo la voz de Pasión Vega 'empujaban' a los centenares de burgaleses que abarrotaron el aforo a tomar asiento con premura. La media de edad era más bien elevada, propia del nostálgico viaje que propone la malagueña en su último disco Gracias a la vida, el mismo que se disponía a desmenuzar un mes después de lo previsto, por cierto, pues el de ayer era el concierto que por problemas físicos no pudo ofrecer el pasado mes de noviembre. Ya entonces las entradas estaban agotadas. Y así siguieron. Ni una devolución.

En escena, una recreación de un bar añejo. De suelo jaqueado, sólida barra y mesas de madera lucía en blanco y negro dibujado al detalle sobre un telón de fondo. Remataba la estampa una gramola y un perchero sobre el que descansaba un sombrero negro, estos reales. En el extremo opuesto, los músicos, ataviados de negro y blancos detalles -una bufanda, una cinta en el sombrero o unos tirantes-, ocupaban sus puestos al piano, bandoneón, chelo, percusión, guitarra, violín, mandolina y contrabajo.

El sonido del gramófono auguraba el momento. Un sonido granuloso, con memoria, que enmudeció al respetable. Apenas la silueta de Pasión Vega, adivinada en la sombra, desataba el aplauso inicial. Después, sonó su voz, alarde de calidez, por Cacho Castaña. Ya ves, el día no amanece, Polaco Goyeneche, cantame un tango más. Ya ves, la noche se hace larga, tu vida tiene un carma, cantar, siempre cantar. Así, el tango Garganta con arena iniciaba el esperado periplo musical capitaneado por la malagueña.

Enfundada en un traje negro, la cantante derrochó simpatía y acento andaluz en sus intervenciones. «Gracias por esperarme», espetó a modo de bienvenida, «que sé que no falta nadie, que me lo han chivateao». Y anunció un repertorio que trasladaría a la otra orilla del charco. Dicho y hecho, sombrero en ristre, se marcaba el Cuesta abajo de Gardel. Si arrastré por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser bajo el ala del sombrero. Seguiría Cambalache, cantado y recitado sentada en una silla con un periódico entre las manos. Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el quinientos seis y en el dos mil también. «Fuera está el mundo fatal, pero aquí estamos la mar de a gusto», remató sonriente. Los aplausos parecían secundar esta opinión.

Personalidad propia

Y desde Argentina hasta Portugal, México, Cuba o Perú, con cambio de atrezo incluido. De negro en masculino o sugerente rojo palabra de honor y abanico, Pasión Vega cumplió su promesa y desplegó a golpe de garganta poderosa y caricia vocal los temas de su último disco en el que recrea y hace suyas las más célebres y conocidas composiciones de la música latinoamericana en las que «vuelca su propia personalidad artística», que así se anuncia el álbum.

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Pasión Vega iniciaba en 2002 la actual etapa en la que sin dejar de lado sus raíces flamencas comenzó a armonizar la copla con bolero, tango, pop, swing, jazz y blues. El que ayer presentaba en Burgos es el quinto disco de este ciclo.