CICLISMO

La madurez de Hernán Cortés

Víctor García es un ciclista burgalés que en sólo un lustro se ha convertido en una de las referencias en México / En su palmarés, nueve vueltas y un buen número de triunfos parciales

Burgos

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El mirandés Víctor García ha completado su quinta temporada en el ciclismo mexicano. Llegó al país centroamericano para iniciar una nueva vida junto a su pareja. La competición la tenía olvidada. Fue campeón de España aficionado en 2005 y subió a profesionales  en 2006 con el Nicolás Mateos. Se quedó sin hueco y no tuvo otra opción que colgar la bicicleta.Pese a todo, el gusanillo de las dos ruedas lo llevaba dentro. No disputaba carreras y no tenía equipo, pero acababa cada año con cerca de 20.000 kilómetros en las piernas. El ciclismo había sido injusto con él y en México encontró una segunda oportunidad.

En estos cinco años se ha convertido en una de las referencias, en uno de los nombres propios que cuenta entre los favoritos en cada una de las pruebas en las que compite. Se siente en plena madurez y asegura que aún le quedan «tres o cuatro años» al máximo nivel pese a que cumplirá en nada los 33. Desde su desembarco en el ciclismo mexicano ha ganado nueve vueltas por etapas, así como un buen número de triunfos parciales.

El actual curso lo comenzó con muchos problemas. «Cogí un virus en febrero que me impidió correr la primera vuelta del año en Monterrey. Me recupere y días antes de viajar a California a una nueva ronda me atropelló un juez de carrera en Jalisco y sufrí una lesión de rodilla, por lo que tuve que volver a parar», comenta. Posteriormente preparó la vuelta a Mazatlán, en la  que ha ganado tres veces, pero volvió a tener problemas de salud. Estuvo con fiebre y lejos de los mejores. Todo se enderezó en la Vuelta UCI al Centro que ganó en julio. «A partir de ahí todo comenzó a ser positivo y en agosto hice segundo en la Vuelta al Estado de México y tres días después vencí en la Vuelta a Michoacán. En estas dos últimas vueltas gané también dos etapas», declara.

La montaña sigue siendo su terreno. Cada vez que la carretera se pone cuesta arriba se convierte en uno de las ruedas a vigilar. El alto nivel que ha logrado se convierte en un arma de doble filo, ya que su margen de maniobra es escaso. «Es el precio que hay que pagar y eso provoca que me cueste más ganar. La gente ya me conoce y me controla», expone

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Este reconocimiento tiene también su compensación en el apartado económico. «En estos momentos cobro cuatro veces más que cuando llegue. No es un dineral, pero por suerte me da para vivir más que bien», reconoce.-MÁS INFORMACIÓN EN LA EDICIÓN IMPRESA-