BALONCESTO Adecco LEB Oro
Billete a la eternidad
Autocid Ford entra en la historia con la consecución de su tercer ascenso consecutivo a la ACB / Dio buena cuenta de Lleida para encadenar su 13ª victoria consecutiva, la que le permitió conquistar el título liguero
Diouf machaca el aro sin que nada puedan hacer tres de sus oponentes.-ISRAEL L. MURILLO
Árbitros: Morales Ruiz y González Zumajo.Eliminado el local Fakuade (min. 37).
Parciales: 15-22; 31-40 (descanso); 53-66 y 72-81 (final).
Actel Força Lleida (72): Simeón (7), Kahlig (20), Kaufmanis (5), Fakuade (4) y Guerra (15) -cinco inicial-; Rubín (-), Sutina (13), Sevillano (4) y Mugica (4).
Autocid Ford Burgos (81): Sàbat (-), Feliu (9), Xavier (23), Coppenrath (12) y Diouf (8) -cinco inicial-; Costa (6), Maresch (4), Jasen (-), Olmos (8) y J. García (6). Por la puerta grande y a golpe de récord. Autocid Ford está empeñado en entrar en la historia del baloncesto nacional. Ha derribado cuantos muros se han interpuesto en su camino para asaltar nuevamente el Olimpo. El CB Tizona se ha convertido en el primer club que conquista tres ascensos consecutivos a la mejor liga de Europa. Sus gestas adquieren ya tintes de leyenda.
Ha cumplido, y con creces, en la pista, con las elevadas expectativas que generó el nuevo proyecto gestado el pasado verano. Aunque no ha sido un camino fácil. Ni mucho menos. Un dubitativo arranque liguero hizo saltar todas las alarmas en la afición. Pero el cuerpo técnico y la plantilla no fueron presa del desaliento y siguieron a lo suyo con fe ciega en el trabajo diario. y la calidad de los mimbres que tenían entre manos. El tiempo ha terminado por darles la razón merced a una segunda vuelta de competición inmaculada.
Ahora tendrá que esperar a que fructifiquen las negociaciones de la directiva azulona con la ACB para ver completado un sueño truncado en las dos anteriores ocasiones.
El Pavelló Barris Nord ya forma parte de la biografía del éxito azulona. El combinado de Andreu Casadevall encaraba frente a Força Lleida el primero de los dos match-ball que le abrirían las puertas del Paraíso. Una victoria y 40 minutos separaban al cuadro castellano de la gloria. Pletórica de moral y en su mejor momento de forma de la temporada, la plantilla no estaba dispuesta a hincar bocado al premio que con tanto ahínco ha perseguido.
Una victoria, separaba a los burgaleses del Paraíso, que le abrió sus puertas de par en par. Aunque para ello tuvo que sufrir. Fue siempre por delante en el marcador, pero Lleida puso por momentos contra las cuerdas al campeón en el último cuarto.
Consciente de la trascendencia del envite Autocid Ford realizó una fulgurante salida a la cancha frente a un más que rocoso contrincante, anotando en las tres primeras acciones ofensivas. Las canastas de Coppenrath, Jeff Xavier y un triple de Feliu permitieron a los castellanos cobrar de inmediato ventaja en el luminoso (2-7). Los catalanes fiaban todas sus opciones a los lanzamientos desde el perímetro. De esta forma consiguieron equilibrar el tanteador de la mano de un entonado Kaufmanis. Lleida proponía un partido alocado y sin control, con acciones que rara vez superaban los 10 segundos de posesión. Y los azulones, ayer de naranja, se contagiaron de su rival y cometían demasiadas imprecisiones. Había que serenar los ánimos y llevar el partido donde más le convenía. Y dar una vuelta más de tuerca a sus prestaciones defensivas. Casadevall reclamaba paciencia a sus pupilos para madurar las acciones en busca de tiros liberados. Jeff Xavier tomó entonces las riendas de Autocid Ford. Siete puntos consecutivos del alero del cuadro burgalés permitieron al CB Tizona recuperar la delantera en el tanteador (12-16).
Pero los anfitriones sacaban petróleo con regularidad de su juego exterior para engancharse como una rémora a los de El Plantío. En esta tesitura se antoja necesario que Autocid apelara a sus mejores argumentos bajo su aro. El motor comenzaba a carburar, lo que aprovecharon los de Casadevall para abrir brecha en el electrónico en el último suspiro del primer cuarto (15-22) gracias a las acciones de Olmos, Maresch y Diouf -este último tras un rebote casi sobre la bocina-.
Los burgaleses fueron capaces de inclinar la balanza de su lado con la segunda unidad en pista. En la misma línea arrancó el segundo acto. Olmos hacía daño en la pintura, mientras que Maresch dividía la zona con acierto. Las sensaciones eran buenas, pero no es Lleida un equipo que arroje la toalla a las primeras de cambio. De hecho, los catalanes no permitían que el hueco se hiciera demasiado grande (20-28) en un momento en el que ambos equipos habían visto notablemente reducida su eficacia anotadora.
Pero Autocid fue al menos capaz de construir una muralla infranqueable bajo su aro, dejando a los locales la única opción del lanzamiento exterior. Y recuperó además la pausa que requería el duelo en ataque, buscando con paciencias la superioridad de Olmos en la pintura. El pívot local, con sus ganchos, dio aire al cuadro castellano (20-32), obligando al técnico Joaquín Prado a parar el partido para dar instrucciones a sus jugadores.
No sirvió para frenar la sangría ante un Autocid que explotaba con oficio su mayor profundidad de banquillo para imponer un ritmo que terminó por desfondar a su oponente. Costa tomó el relevo como artillero para elevar la ventaja a los 13 puntos a 3 minutos para el descanso (23-36).
Cuando todo parecía encarrilado los de El Plantío cometieron dos errores consecutivos que dieron alas a Lleida, que logró franquear la frontera psicológica de los 10 puntos. Casadevall tuvo que pedir un tiempo muerto para refrescar ideas al grupo. Había que recuperar sensaciones. Coppenrath rompió la serie de 6-0 de los locales para tranquilidad castellana. Y acto seguido Costa puso el 31-40 en el tanteador con el que se llegó al descanso.
Autocid estaba echando de menos el concurso de varios de sus mejores efectivos más determinantes a lo largo del curso, que no estaban teniendo su tarde. Aún así, y sin alardes, nunca vio peligrar su delantera en el luminoso. Esta situación daba muchas esperanzas de triunfo a los castellanos en su camino hacia la Liga Endesa.
Era el momento de rematar la faena. Los de Andreu Casadevall habían detectado el agujero en la retaguardia catalana y cargaban con fuerza en el juego interior, donde Coppenrath y Diouf se mostraron muy superiores a sus oponentes. Además, su acierto en los tiros libres hizo posible que consiguiera dar un arreón que se antojaba prácticamente decisivo (35-53). El CBTizona ya olía su presa en el punto de mira. Y su instinto de campeón le empujaba con frenesí hacia la gloria. Su defensa había conseguido asfixiar por completo a un Lleida que sufría hasta para soltar la mano desde el perímetro.
Cuando los anfitriones apretaban los dientes en busca de un bálsamo apareció Jeff Xavier para dar la puntilla a sus aspiraciones con un triple (37-56). El duelo se fue entonces a un intercambio de golpes que favorecía a los azulones. Aún así, no le gustaba el rumbo de los acontecimientos a Casadevall, que paró la contienda para recomponer a su equipo y evitar caer en la trampa de su contendiente.
La charla surtió efecto inmediato. Autocid volvió a leer mejor el choque, buscando posesiones más largas. Sin embargo, se encontró en frente a un rival con una fe inquebrantable. Cualquier otro en esta situación hubiese bajado los brazos. Pero no este Lleida, que tirando de coraje seguía mordiendo a los azulones (53-66).
La renta era importante, pero no decisiva con 10 minutos por delante. Zengotitabengoa, inauguró el periodo decisivo con un triple que allanaba el camino -respondido de inmediato desde la línea de 6,75 por Lleida-. Y Kahlig, un tormento para la defensa castellana, estaba empeñado en prolongar la agonía (59-69). Los burgaleses sufrían porque no lograban cerrar el rebote y concedían muchas segundas opciones a su oponente.
Guerra metió el miedo en el cuerpo a Autocid (61-69). Casadevall reaccionó de inmediato parando el partido para pedir un último esfuerzo a sus pupilos. Era un momento crítico. Había que jugar con la cabeza fría. Y frenar la sangría en el rebote de daba alas a Lleida. No parecía tarea fácil. Pero los campeones deben saber capear las tormentas. Y los locales entraron en bonus a 4 minutos para el final (61-71). Un respiro.
Coppenrath y Feliu estuvieron finos en la línea de personal para marcar de nuevo diferencias ante un Lleida increíblemente intenso y que no perdía la cara al duelo apoyado por un público muy bullicioso.
El CB Tizona supo sacar a flote la nave en el momento más complicado. El reloj corría a su favor y la afición burgalesa se arrancaba a corear el ascenso. A menos de un minuto la renta parecía imposible de enjugar (57-67).
Se había conseguido lo más difícil. Solo faltaba gestionar con solvencia los últimos segundos para entonar el alirón y proclamarse, por segunda vez en su historia, campeón de la LEB Oro. Con el corazón en un puño el cronómetro llegó a cero y Autocid pudo estallar de júbilo en el Barris Nord.