BALONMANO / Asobal
El Villa de Aranda dice adiós
Los jugadores del Villa de Aranda muestran su desconsuelo al término del partido de ayer.-ARCALLE
VILLA DE ARANDA 29
ADEMAR 34
Villa de Aranda: Ledo (p), Montserrat (1), Moscariello (2), Megías (1), Amorim (2), Ortega (1) y Fernández (4) -equipo inicial- Bojicic (-), Moyano (2), Solenta (1), Sánchez (2), Torres (-), Nantes (12), Antonio (1), Pascual (-) y Amérigo (-).Ademar de León: Biosca (p), López (9), Simonet (2), Piñeiro (8), David Fernández (2), Jaime Fernández (-), Costoya (5) -equipo inicial- García (1), Matías (-), Pérez (-), Sampaio (4), Marques (1), Huerta (1), Javier García (1) y Cupara (p).Árbitros: Luque y Pascual.
Tarjetas amarillas: A los locales Montserrat, Moscariello y Megías y a los visitantes García y Marques.
Exclusiones: A los locales Moscariello (2) y Sánchez y al visitante Sampaio.
Parciales cada cinco minutos: 3-3; 4-6; 7-9; 9-13; 12-15 y 14-19 (descanso); 17-21; 21-25; 26-29; 28-31 y 29-34 (final).BURGOS
Lamenta su mala fortuna un Villa de Aranda que dará con sus huesos en la División de Honor Plata después de fallar en la última jornada del campeonato. La derrota en el derbi frente al Ademar de León y el triunfo del Cangas frente al Bidasoa condenan al conjunto gualdiazul. Un cruel desenlace que, para colmo, se resolvió con el average.
El bloque gallego no demostró ser mejor que el burgalés después de 30 jornadas. Sin embargo, el desempate castigó a un Villa de Aranda que partía con ventaja con respecto a sus principales rivales.
La pareja de baile de los ribereños no era, precisamente, la deseada para jugarse una permanencia. El Ademar de León no se jugaba nada en el envite, pero demostró por qué es el segundo mejor equipo de España.
Los burgaleses se lo jugaban todo a una carta. No podían depender de una derrota del Cangas, sino buscar el éxito ante un rival tan poderoso como es el leonés.
El bloque de Álvaro Senovilla aguantó el envite en el arranque, un intercambio de golpes del que Ademar saldría vencedor a la larga. Los locales necesitaban hacerse con el control de la situación, ya que corrían el riesgo de que se rompiera la cuerda.
Y eso sucedió. Nantes actuó una vez más de líder con un altísimo porcentaje de acierto, pero no fue suficiente. Los ribereños respondieron a cada intento leonés hasta donde les permitió su lucidez y su acierto.
Tras el 6-6, los visitantes tomaron la iniciativa y los malos augurios surgidos con el 7-9 se convirtieron en realidad con un parcial de 2-6 que dejó al Villa de Aranda al borde del abismo.
Ese 9-15 significaba el principio del fin para la afición arandina, la cual miraba de reojo el desarrollo del partido de un Cangas que tenía la victoria encarrilada. Todo eran malas noticias para un equipo local obligado a buscar el milagro en la segunda parte tras el 14-19 del descanso.
Los gualdiazules afrontaban una misión casi imposible, pero aún tenían 30 minutos por delante. Y el Villa de Aranda se ganó el derecho a soñar con su último estertor.
Parecía que el Ademar lo tenía todo bajo control, pero aún quedaba el arranque de orgullo de un bloque burgalés que nunca se entregó. Monsterrat selló el 20-23 y el panorama se veía distinto, máxime cuando Raúl Nantes clavó desde los siete metros el 24-25.
Los pupilos de Senovilla estaban a un paso de la proeza. Con 17 minutos por delante, todo podía ocurrir y el Villa de Aranda se exprimió en busca del premio. Fue un agónico toma y daca en el que Ademar no dio su brazo a torcer. Cada vez que los burgaleses se acercaban (26-27), respondía el equipo visitante.
Con el 28-30 del minuto 53 el Príncipe de Asturias mantenía la esperanza, pero el Villa de Aranda había agotado todos sus recursos y no pudo culminar la remontada. Los leoneses habían adquirido una distancia de seguridad insalvable para un equipo local que empezó a asumir su cruel destino.