BALONCESTO / ACB

La ACB es otra historia

El San Pablo Burgos, inferior físicamente y negado de cara al aro, claudica ante un Tenerife que marcó el ritmo / La ilusión no es suficiente

Thompson anota ante el jugador del Iberostar Tenerife Tobey, ayer.-ISRAEL L. MURILLO

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DIEGO ALMENDRES
Burgos

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SAN PABLO BURGOS  65

IBEROSTAR TENERIFE  81San Pablo Burgos: Corey Fisher (3), Alex López (10), Deividas Gailius (10), Javi Vega (7) y Deon Thompson (13) –cinco inicial- Thomas Schreiner (3), Alex Barrera (4), Sebas Saiz (9), Tadas Sedekerskis (-), Felipe Dos Anjos (-), Goran Huskic (6), Edu Martínez (-).Iberostar Tenerife: Rodrigo San Miguel (8), Nico Richotti (11), Mateusz Pontika (8), Tim Abromatis (8), Mike Tobey (15) –cinco inicial- Mamadou Niang (1), Ferrán Bassas (2), Fran Vázquez (10), Adim Vrabac (-), Rosco Allen (-), Javier Beirán (15) y Davin White (3).Árbitros: Carlos Peruga, Sergio Manuel y Javier Torres.Parciales: 16-19; 10-19; 19-19; 20-24BURGOS

La ACB era esto. Una cosa es mentalizarse, asumir el rol asignado por la selección natural, y otra sufrir en carne propia las dificultades de una competición tan exigente. La pasión, la fe y la ilusión mueven montañas, pero hace falta algo más para ganar partidos en esta liga. El San Pablo Burgos y la afición disfrutaron de un día histórico mientras por dentro rumiaban la contundente derrota sufrida en el estreno en la elite.

La ACB es otra cosa. Los locales firmaron una gran puesta en escena, hasta que el rival subió el nivel. Entonces, se apagó la luz. El Tenerife enseñó a los castellanos la lección aprendida hace cinco años, cuando entonces los novatos eran ellos. En 2012, el club aurinegro necesitó siete jornadas para estrenar su casillero y después reaccionó. Solo queda esperar que el conjunto burgalés acelere ese proceso de adaptación para ganar consistencia en pista.

La ACB castiga. No hay margen para la duda o la vacilación. El San Pablo Burgos brilló en el primer cuarto, pero no pudo superar el listón impuesto por el Iberostar. Los aurinegros penalizaron los errores de un equipo negado de cara al aro y superado en el aspecto físico.

El cuadro de Epi era una bomba de adrenalina en el arranque de partido. No podía ser de otra manera. Llevaba mucho tiempo esperando este momento y solo cabía vaciarse en pos del objetivo.

La puesta en escena de los azules fue la adecuada, con un baloncesto dinámico y las ideas claras. Cada posesión en ataque pasaba por las manos de Thompson. Llevado el balón al poste, el americano buscaba la mejor opción ofensiva de un equipo con buen feeling sobre la cancha.

Fueron minutos para la esperanza, para reafirmar que el planteamiento era el adecuado. El Iberostar, por su parte, estaba preparado para un arranque fulgurante de los burgaleses y pronto encontró soluciones para hacerse con el control de la situación. Ya nada fue igual.

Con la entrada de Fran Vázquez comenzaron los problemas. El gallego, experto en las situaciones de bloqueo directo, jugó muy cómodo por encima del aro. Eso es letal para los rivales. Otro aspecto que frenó la progresión burgalesa fue el rebote. Los aurinegros gobernaron con mano dura bajo los aros para minimizar una y otra vez el esfuerzo defensivo.

El guión ya había cambiado para desgracia de un cuadro azul que aún mantuvo la frescura por un momento. Un triple de Álex López y la siguiente canasta de Barrera fijaron el 16-11 a 2:17 para acabar el primer cuarto. Ahí también acabó el partido para los castellanos.

Después de todo el esfuerzo realizado, el Tenerife provocó el cortocircuito en el ataque local. Un 0-8 permitió a los pupilos de Nenad Markovic reducir a cenizas el plan azul (16-19), el preludio de lo que ocurriría en un segundo periodo durísimo por el efecto que pueda tener en el futuro inmediato.

El San Pablo Burgos se bloqueó. Entró en una espiral infinita en la que chocaba una y otra vez con la defensa rival. Los lanzamientos tampoco entraban. Ni de cerca ni más allá del arco. El 27 por ciento en tiros de campo firmados al descanso resumen la brusquedad del impacto recibido. Un quiero y no puedo, un ejercicio frustrante.

El Tenerife ni siquiera necesitó pisar el acelerador. Siempre llevó el balón al punto deseado para castigar tanto en las esquinas como en el poste. Una tortura traducida en un parcial total de 4-20 a favor de un rival que compitió, por momentos, a placer. Los tiros liberados se sucedían y la carga del rebote completaba las acciones insulares.

El Coliseum se quedó helado por un instante. El bloque de Epi necesitaba activarse cuanto antes porque estaba al borde del precipicio. El balance de daños al descanso era preocupante con ese 26-38 y era necesaria una reacción.

Los anfitriones debían recuperar el control de su baloncesto porque estaban fuera de onda. Sin embargo, el arranque del tercer cuarto cavó la tumba burgalesa. Desangelado, frío, sin chispa ni acierto... el San Pablo parecía claudicar con el 29-48. El Tenerife iba camino de una victoria aplastante y, por fin, los azules recuperaron las sensaciones perdidas.

Desaparecido Fisher, Thompson y Gailius asumieron el liderazgo para poner un poco de orden y aplomo. El problema estaba en ataque, pero la solución pasaba por la defensa. Contenida la herida, los de Epi ganaron alegría en sus acciones. El partido estaba perdido, pero aún se podía extraer una lectura positiva.

El San Pablo ganó dinamismo para reducir la distancia. Thompson impulsó a los suyos y un triple de Álex López cambió el panorama. Con el 41-53 la situación se veía de otra manera y Schreiner anotó el 45-55 para abrir por un momento la puerta al milagro.

No hubo margen para la épica. Los azules no tuvieron fortuna de cara al aro y caminaban al filo de la navaja en cada posesión. El empeño local mereció mejor suerte ante un Tenerife que ni pestañeó. Su superioridad en la pintura fue suficiente para salir de un apuro zanjado con otro parcial de 2-9 (47-64). El choque estaba roto y, alcanzada la máxima (51-72), Sebas Saiz apareció en escena para maquillar la derrota. El golpe escuece, pero de todo se aprende. La ACB es otra historia.

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