BALONCESTO / ACB

Suspense y júbilo

El San Pablo celebra la permanencia antes de tiempo y roza el desastre tras ganar por 26 puntos / El Coliseum explota con un éxito para la historia

Jenkins dibuja la bandeja ante Blums, ayer.-RAÚL OCHOA

Burgos

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SAN PABLO BURGOS 96

ZARAGOZA  88

San Pablo Burgos Fisher (8), Gailius (16), López (7), Thompson (11), Huskic (10) -quinteto inicial- Schreiner (2), Barrera (2), Vega (4), Saiz (11), Jenkins (17), Martínez (-), Cancar (8).

Zaragoza: Barreiro (6), Bellas (8), Neal (16), Rey (9), Bjelica (14) -quinteto inicial- Stoll (6), Triguero (3), Dragovic (-), De Jong (9), Ennis (17), Blums (-).Árbitros: Jiménez, Perea y Sánchez.

Eliminados: Los visitantes Rey y Barreiro.

Parciales: 19-18; 49-38 (descanso); 75-52 y 96-88 (final).Quién le iba a decir al San Pablo tras estrenarse en ACB con siete derrotas consecutivas que iba a sellar la permanencia a tres jornadas del final del campeonato. Y que, además, lo haría (por momentos) a lo grande. El conjunto local alcanzó la orilla después de poner una dosis de emoción innecesaria a un partido en el que lo bordó durante 35 minutos.

Los azules se sumaron antes de tiempo a las celebraciones y casi lo pagan muy caro en el tramo final con un parcial de 6-29. Sea como fuere, el éxito se ha completado y el proyecto firmó un éxito histórico para el deporte burgalés.

Era una jornada para controlar las emociones, pero también para competir con el corazón. Y ese +26 (85-59) era la evidencia de que este equipo se merece lo mejor. Aunque resulte imposible disfrutar de una mañana tranquila. Solo una. Al Coliseum le van las emociones fuertes, pero llega un punto...

El San Pablo Burgos se adaptó a las peligrosas circunstancias desde el arranque y solo la falta de acierto en el lanzamiento exterior manchó la buena puesta en escena de los de casa. Los azules querían ritmo y controlaron el rebote en esta fase inicial ante un Zaragoza que se alimentaba de la calidad de sus hombres en el uno contra uno.

Fue el día en el que Gailius se reencontraba en competición con el Coliseum. Agradece el equipo la presencia del lituano, cuya influencia en ambos lados de la cancha es vital. Cuánto le extrañó el conjunto castellano durante su larga convalecencia, si bien llegó justo a tiempo para aportar su granito de arena en el tramo final del curso. El San Pablo cargó por dentro y creció hasta el 11-6 para afrontar con garantías los mejores momentos del Zaragoza en la primera parte.

Antes o después, Gary Neal debía aparecer en escena. El segundo máximo anotador de la liga asumió la responsabilidad en un cuadro rojo más cómodo. La aportación del americano y una mayor fluidez en el movimiento del balón impulsaron a los visitantes para ponerse por delante en el marcador (12-15). Saiz volvió a poner al servicio del equipo su solidez, pero los locales estaban incómodos, de nuevo lastrados por su escaso acierto en el perímetro. Hasta que entró Jenkins.

El escolta azul revolucionó el partido. Primero, neutralizó el intento de reacción maña. Después, jugó a su antojo en un segundo cuarto espectacular. El San Pablo destaca por la aportación de todos sus hombres. Es un esfuerzo coral en el que todas las piezas se mueven al mismo son. Eso sí, siempre son necesarios esos jugadores especiales capaces de romper todos los guiones gracias a su inspiración. Mientras el Zaragoza aún tenía el mando del choque (24-27), Jenkins aceleraba para poner en órbita a su equipo.

Puede que a veces no tome la decisión adecuada, pero cuando derrama su calidad sobre la pista es una delicia. Desencadenado, el exterior devolvió la delantera al San Pablo Burgos mediado el segundo cuarto para cimentar la escapada. Así lo quiso el ‘12’, cuya aportación se vio completada con el buen hacer en defensa de los azules. Los de Epi pudieron correr y Cancar culminó el plan para cerrar el 11-0 de parcial (36-27).

Los del Coliseum tenían el partido donde querían y aún tenían arsenal ofensivo. Thompson no podía faltar a la cita y con 8 puntos consecutivos puso la guinda a un periodo impecable de los castellanos.

El 49-38 era una buena renta para afrontar el segundo tiempo, pero el San Pablo aún quería más. Los locales olieron sangre y con un 6-0 de salida en el tercer cuarto fijaron el 55-38 que debía transmitir la confianza necesaria al grupo. Y tanto que fue así. Ya nada podía frenar a un CB Miraflores que iba en cohete.

El bloque del Coliseum era un torrente ofensivo que sacó de la pista al Zaragoza. Cada transición, cada pase doblado, era sinónimo de canasta fácil. Gailius gobernó la situación con una superioridad insultante y Fisher encontraba a Huskic debajo del aro para superar los 20 puntos de ventaja con el 66-44.

Para entonces, un imperial López ya había amargado la mañana a un Neal desquiciado. Todo marchaba a pedir de boca y era el momento de rematar a un rival herido de muerte. Cada intento del Zaragoza acababa en fracaso y los burgaleses fijaron el 72-48 a 3:23 de finalizar el cuarto. De repente, se fundieron los plomos.

Un 2+1 de Sebas Saiz fue el único botín de los azules en 5 minutos, aunque el rival no estaba para remontadas épicas. Así, un 6-0 marcó el inicio de la fiesta de un Coliseum volcado con el 85-59 a 6:19 del final. La grada era un hervidero y el equipo se sumó a las celebraciones demasiado pronto.

El San Pablo desconectó. Al principio parecía que el Zaragoza solo podía maquillar el resultado. Después, aparecieron los murmullos. Y cuando Ennis clavó el 91-88 se encendieron todas las alarmas. Ese 6-29 era tan evitable como innecesario, pero el conjunto local pagó su relajación y salió airoso del trance gracias a dos dudosas personales de Xavi Rey. Por una vez.

El final del partido refleja las dificultades sorteadas por el CB Miraflores, al igual que el marcador premia a un osado proyecto dispuesto a echar raíces en la elite. Porque Burgos es ACB. Un año más.

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