Huesos que afilaban piedras
Los neandertales de Valdegoba usaban huesos de animales como herramientas para fabricar y mantener sus utensilios de piedra. El estudio de 38 retocadores demuestra su capacidad para seleccionar, preparar y reutilizar materiales
Juan Carlos Díez Fernández-Lomana, catedrático de la Universidad de Burgos.
Hace unos 120.000 años, los neandertales que habitaban el entorno del valle del Úrbel aprovechaban los recursos disponibles para alimentarse, fabricar herramientas y desenvolverse en su territorio. La cueva de Valdegoba, en Huérmeces, conserva parte de las huellas de aquella actividad y permite conocer cómo vivían estos grupos humanos y cómo utilizaban los materiales de su entorno.
Una investigación arqueológica ha permitido reconstruir algunos de estos comportamientos a partir de huesos de animales cazados, fragmentos de piedra y marcas producidas durante su manipulación. En este contexto se sitúa el nuevo estudio de investigadores de la Universidad de Burgos, que analiza un conjunto de huesos empleados en la fabricación y el mantenimiento de herramientas de piedra.
Al frente del proyecto se sitúa Juan Carlos Díez Fernández-Lomana, catedrático de la Universidad de Burgos, donde desarrolla desde 1999 su actividad investigadora en torno al Paleolítico. Especializado en tafonomía y paleoeconomía, estudia los restos óseos para conocer cómo fueron aprovechados los animales por las comunidades humanas del pasado.
Su interés por los huesos utilizados como herramientas se remonta a los primeros años de su trayectoria. En 1983 realizó su tesis de licenciatura sobre los huesos utilizados durante el Paleolítico y, en su primer trabajo en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, estudió huesos fracturados de elefante procedentes de Torralba, en Soria.
Décadas después, ese mismo interés ha llegado hasta Valdegoba. Entre los miles de huesos fósiles recuperados en el yacimiento, el equipo de investigadores ha identificado 38 fragmentos con unos surcos muy característicos de haber servido como retocadores. Eran instrumentos utilizados para hacer otros instrumentos, lo que demuestra que los huesos podían funcionar como una materia prima para fabricar utensilios.
Juan Carlos Díez Fernández-Lomana
Para determinar cómo fueron utilizados, el equipo se ha apoyado en la observación con lupa y binocular, la microscopía electrónica y la revisión de la bibliografía especializada. Una parte fundamental procede de la arqueología experimental. Los investigadores han empleado huesos actuales y han realizado con ellos diferentes acciones, entre ellas utilizarlos como retocadores sobre sílex y cuarcitas. Después compararon las huellas producidas durante los experimentos con las de los materiales arqueológicos. La coincidencia permite inferir que las acciones realizadas en el pasado debieron ser las mismas.
La función de estos retocadores estaba relacionada con el mantenimiento de los filos de piedra. Las herramientas pierden el filo después de unos minutos de uso, especialmente cuando trabajan sobre grasa. Al redondearse el borde dejan de cortar, por lo que los neandertales golpeaban la zona cortante con los huesos para recuperar su capacidad de corte. Al tratarse de un material más blando que la piedra, el borde apenas se rompía y solo se desprendían pequeñas esquirlas, suficientes para recuperar un filo apto para continuar trabajando. La operación probablemente se repetía cada vez que era necesario. Con el uso, los cuchillos reducían progresivamente su tamaño, mientras los retocadores acumulaban surcos e improntas en la zona de golpeo, explica Díez.
Los neandertales tampoco utilizaban los huesos de cualquier manera. Rompían los huesos largos para acceder a la médula y obtenían diáfisis muy alargadas, en ocasiones con la epífisis todavía unida. Buscaban fragmentos de unos 8 o 10 centímetros de longitud y unos 3 de anchura, que pudieran manejar con facilidad. Para conseguir ese tamaño, rompían el hueso por encima, por debajo o por ambos extremos de la caña.
La elección del material tampoco era aleatoria. En Valdegoba buscaban huesos de ungulados de talla media, principalmente ciervos y caballos, cuya cortical parece más resistente que la de animales pequeños como cabras y rebecos, los más consumidos en la cueva. Los grandes ungulados, como uros y rinocerontes, también presentes en Valdegoba, ofrecían aparentemente un peor agarre. Dentro de los propios animales seleccionaban húmeros y tibias y descartaban dientes, mandíbulas, metápodos, radios o costillas, pese a que estos últimos son más abundantes en el registro. Los experimentos mostraron que las tibias se comportaban especialmente bien como retocadores por sus diáfisis anchas y sus distintas superficies, que permitían alternar zonas según las necesidades del trabajo.
Juan Carlos Díez Fernández-Lomana
Esta selección revela una capacidad que va más allá del aprovechamiento alimenticio. El hueso pasa de ser un recurso asociado a la alimentación a convertirse en un artefacto. Los neandertales podían valorar las propiedades de los materiales, anticipar la morfología que necesitaban, examinar los desechos, seleccionar las piezas adecuadas y acondicionarlas. Repetían determinados gestos de rotura hasta obtener el producto buscado y utilizaban las herramientas de piedra para mantener filos aptos para cortar pieles, carne, ramas o tendones. En palabras de Díez, tenían en su «mesa de trabajo» el instrumental de fabricación y de uso.
Los 38 retocadores aportan además información sobre las ocupaciones de Valdegoba a lo largo del tiempo. Existía un uso directo, cuando después de comer la carne y abrir el hueso para acceder a la médula decidían aprovechar el fragmento como retocador. Pero también un uso indirecto. Meses o años después, otros seres humanos, quizá los mismos, podían encontrar en la superficie de la cueva huesos abandonados y reutilizarlos para tallar raederas, denticulados, raspadores y puntas. Aunque estuvieran parcialmente secos y fueran más quebradizos, seguían siendo eficaces en manos de un buen artesano.
Estos comportamientos permiten acercarse a la vida cotidiana de estos grupos. Los retocadores muestran cómo buscaban rocas y animales, los llevaban a la cueva, aprovechaban integralmente las presas y seleccionaban y trabajaban los materiales disponibles. Son pequeñas acciones que, observadas en conjunto, permiten reconstruir cómo se organizaba la vida de un grupo humano.
El estudio amplía así la imagen de los neandertales al mostrar con mayor detalle cómo resolvían necesidades concretas a partir de los recursos disponibles. La selección, preparación, utilización y reutilización de los huesos revela que eran capaces de identificar las propiedades de los materiales, anticipar su utilidad y adaptar su uso. Las marcas conservadas permiten reconstruir parte de su comportamiento tecnológico y acercarse a decisiones tomadas hace unos 120.000 años.
La investigación en Valdegoba continúa con tres líneas de trabajo. Una busca determinar si los neandertales consumían grandes roedores como puercoespines, castores y marmotas. Otra estudia los restos de peces encontrados en la cueva para analizar aspectos ecológicos, como la calidad de las aguas del río Úrbel. La tercera se centra en los restos humanos. Los investigadores han solicitado permiso a la Junta de Castilla y León para aplicar pruebas de proteómica sobre los dientes de los neandertales encontrados en Valdegoba, con el objetivo de determinar su sexo.