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CANTAR ALELUYA y lanzar las campanas al vuelo porque un señor llamado presidente del Gobierno y una señora denominada macroeconomía vean pruebas claras de recuperación económica y una salida de la crisis y atisben una sociedad pintada de color de rosa es una historieta que va camino de convertirse en el superventas de la Navidad como una moderna adaptación del cuento clásico El traje nuevo del emperador.

No por miedo a que nos tachen de tontos, pero sí por perder el puesto de trabajo, porque hemos visto las orejas al lobo cuando dieron la carta de despido al compañero de al lado, que ya es parado de larga duración, nos subimos al tren optimista, nos dejamos cegar por el brillo de las bombillas de colores, nos permitimos achisparnos con el chinchín de las copas de champán y el entusiasmo del atracón de turrón y polvorón para alejarnos de una realidad en la que siguen apareciendo más de cinco millones de parados, familias que hacen equilibrios para llegar a fin de mes, niños que nacen bajo el umbral de la pobreza, treintañeros que suspiran por ponerse la etiqueta de mileurista y dejar de pedir la propina en casa, injustos desahucios, una alarmante falta de recursos para proteger a mujeres sometidas durante años o meses a los monstruos que un día las engañaron con sus besos, sobres que en nada se parecen a las ya viejas postales navideñas y que asoman en los bolsillos de trajes de Armani, una educación dirigida por ministros de pandereta, una sanidad a la que se quiere dañar para meter en el quirófano del amigo del sobrino del político de turno, dirigentes con sordera selectiva, que escuchan más atentamente al tintineo del dinero que la melodía de trabajadores precarios, líderes que apuntan con el dedo al de enfrente mientras se abandonan a las comodidades de un sistema mullido, inmigrantes que mueren persiguiendo sueños que acaban reducidos a cifras en el breve de una página par, cultura convertida en la última de la cola…

Quizás, algún día, un niño se levante y descubra la gran impostura del emperador y todos cantemos la marimorena.