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A los efectos de terminar y empezar, el dos mil catorce acaba hoy lunes y el dos mil quince, comienza pasado mañana miércoles después de Reyes y la noche mágica donde los niños creen en los sueños. Las fiestas han pasado delante de nuestras narices como sucede siempre, con amargo sabor de no haberlas estrujado más. Estamos en vísperas de una semana corta, menos mal, con tres días de curro y escaqueo generalizado. El siete de enero será para calentar motores, chaparreará en el ocho y el viernes nueve nos meterá en fin de semana, gracias a Dios. Total, que sin verlas venir, morderemos el polvo del nuevo año casi a mediados de mes. El doce, con las rebajas. Suena bien el nombre de bingo con la niña bonita. Y quizá, tenga mucho que ver con la diosa fortuna que será la que mande durante los doce meses por mucho que pretendamos programar, nada. Año de ansiados bienes que estará lleno de oportunidades para quienes han aguantado la tormenta de siete años bíblicos. Aunque en esto habrá que ser prudente y esperar signos en primavera. Los brotes no serán verdes ni tendrán color pero algo se espera, o aquí no queda ni el apuntador. A estas horas, más o menos hemos escrito la carta a Melchor, porque siempre se tiene un rey preferido de entre los tres. Conservamos afortunadamente un trozo del corazón que una vez fue de niño y adolescente. Por eso a veces funciona la intuición y las corazonadas. Nadie nos obliga a pedir con limitaciones y en esto, cada uno se sincera consigo mismo. Sus Majestades traigan al menos un poco de salud, un poco de dinero y un poco de amor. O que al menos, sigamos con lo que tenemos de esas tres cosas. Ahora mismo firmo. La gente de a pié ya no creemos en promesas de quienes rendirán cuentas dentro de cinco meses. Sólo confiamos en nosotros mismos y en nuestros cercanos que han demostrado en los peores momentos, seguir ahí, para ayudar. A muchos que parecían amigos se les ha visto el plumero y afortunadamente, cada uno por su camino. Año en el que todos queremos dibujar una respuesta a las mil preguntas. ¿Nos irá mejor o peor?, ¿cumpliremos nuestras expectativas?, ¿por fin caeremos rendidos?, ¿seguiremos juntos?, ¿pondrá el tiempo en su sitio a cada cual?, ¿saldrá a la luz la mucha mierda que se esconde en los palacios de nuestros representantes?, ¿aprenderemos la lección para no volver a meter la pata?, ¿quién mandará en nuestro ayuntamiento de aquí a poco?, ¿ será Burgos un lugar del que presumir?, ¿los ciudadanos seguirán apretando los puños ante el evanescente poder establecido?, ¿veremos a los chorizos de guante blanco humillados?. ¿mandarán menos los que tanto mandan?. Mil preguntas en la chimenea de Reyes, sin responder.