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COMO CADA principio de año, de etapa, de curso...toca establecer una nueva hoja de ruta, redactar nuevos propósitos que de antemano sabes que no cumplirás y también hacer balance de lo que dejamos atrás. Para la que suscribe, 2014 ha sido un año de reencuentros con antiguos compañeros de viaje a esos a los que llevas tanto tiempo sin ver que te tomas tu tiempo en conocer qué ha pasado en sus vidas durante vuestras ausencias. Aquí, suelen pasar dos cosas. Algunos se han vuelto más feos, o más calvos, o más refunfuñones y te hacen sentir que la vida no se ha portado del todo mal contigo. Pero también puede pasar lo contrario, que se hayan vuelto más guapos, menos refunfuñones y tan triunfadores que te cuenten tantísimas novedades que sientas que tu vida apenas ha avanzado, que tus días transcurren entre un gris anodino y que no has logrado casi nada pese a tanto esfuerzo. Pero es que todo depende, no sólo de lo que tengas enfrente, sino del espejo en el que te mires a ti mismo. Porque uno a veces siente la sensación de haberse convertido en bombero de lo cotidiano, apagando fuegos de supervivencia diaria mientras ve pasar la vida como las vacas al tren. Y aunque vayamos alcanzando metas, en ocasiones, la inercia cotidiana nos impide valorarlas y tenemos la sensación de no estar aprovechando nuestra vida al máximo. Entonces me dio por pensar que lo mismo que ha pasado por mi cabeza al verlos, ha podido pasar por las suyas mientras manteníamos nuestras charlas de ‘puesta al día’. Tanto para bien como para mal y que donde yo veo un fracaso, otros ojos pueden ver una oportunidad y que donde yo veo un éxito, otros ojos pueden ver un golpe de suerte, o una chapuza, porque sus ojos para mirarme son distintos a los ojos con los que yo me miro. Además, el tiempo y la memoria son grandes aliados a la hora de forjar en nuestra memoria imágenes sobre los demás y nuestras vidas han cambiado mucho desde ese punto lejano donde nuestros caminos se cruzaron por primera vez. Sin embargo, aunque es cierto que las circunstancias nos modelan, también nosotros somos artesanos de nuestro entorno, influyendo en cuanto nos rodea y forjando nuestro destino día a día igual que la gran muralla china comenzó a construirse con una sola piedra, tras la que vinieron las demás. Con independencia de lo que los demás crean, o de una opinión propia y distorsionada sobre nuestros logros o fracasos, es necesario aprovechar los minutos, llenarlos con metas importantes y saborearlos. Porque, antes o después, todos viviremos uno de estos reencuentros y tendremos que contar los cambios que nos han ido sucediendo y ¿Por qué no procurar que todos sean buenos?.