Je suis Charlie
COMO TODOS, cuando me enteré de la carnicería de periodistas de la revista humorística francesa Charlie Hedbo, me quedé conmocionada. El segundo acto de la tragedia ha terminado de la peor de las maneras, con cuatro rehenes asesinados, otros tantos heridos, los terroristas muertos y un montón de respuestas sin contestar.
Nos preguntamos por qué una revista satírica resulta un objetivo terrorista más que cualquier otro medio de comunicación. ¿Será porque los demás medios, nacionales y europeos pasamos de puntillas sobre el tema de la yihad como una bailarina en un jardín de mariposas?. En absoluto, me consta que tanto medios como El Mundo como otros importantes en Europa y en el mundo han destapado a menudo los secretos de estos terroristas. Otros periodistas han pagado con la vida las exclusivas, pero siempre en acto de servicio en los países en donde el peligro es más real, más cercano. Hablar de los hechos terribles que rodean la yihad islámica no hace otra cosa que seguirles el juego. La s noticias que se publican narran la verdad y la verdad es que los terroristas generan realmente terror y son peligrosos de verdad. Que sintamos eso es su objetivo. En Francia, en Europa tenemos la ilusión de estar a salvo y de poder expresar nuestras ideas e inquietudes con libertad. Siempre y cuando no hagan reír, porque el quid de la cuestión reside ahí, el sentido del humor está terminantemente prohibido.
Autores antiguos han hecho referencia al desaparecido tratado de Aristóteles sobre la comedia, en él aseguran, que el gran filósofo griego afirmaba, ya en aquellas fechas, que la primera ley que impide el temor, el miedo y el horror es la risa. Nada más nocivo para un terrorista que la gente se ría de él y que su cruzada sea vista como una payasada, de ahí que los humoristas sean necesariamente el enemigo a destruir.
Las manifestaciones de dolor que se han desarrollado en estos días son necesarias, son inevitables porque todos estamos doloridos, pero lo que sería más eficaz sería un gran espectáculo humorístico, con chistes buenos, los mejores, de esos con lo que no puedes evitar llorar de risa. No se me ocurre mejor homenaje a los que, de hacer reír a los demás, hicieron su profesión.