Las negritas
EMPIEZO a escribir esta columna sin que aún sepa lo que hoy sabemos todos. Si Madrid Barça o en tierras andaluzas, los unos o los otros. A las 19 horas de ayer, cuando me puse delante de mi Mac, todo eran conjeturas. Aunque el presentimiento me decía que un 3 – 2 colchonero y las coaliciones vencerán de nuevo a quien más sea votado. Dejo para los periodistas de oficio, la crónica real de lo sucedido, mientras yo, buceo en la tinta negra que te deja imaginar. En un día tan objetivamente informativo me voy por la tangente y me tiro por lo que me apetece, que no es otra cosa que mirar hacia delante y atrás, al mismo tiempo. Siete años ya pasados donde el que más y el que menos, anda con alpargatas raídas y zurrón vacío. Años que nos han hecho pisar tierra firme y aprender una lección que sin duda olvidaremos pronto, porque somos así. Pero no es de la crisis de lo que voy a contar, sino de la pena de no haber tenido en ella al mejor de los cronistas de mundos reales. Quien juntó «los placeres y los días» en el título a su columna de opinión diaria. Durante los tres años leí a Umbral, todas y cada una de las mañanas en el café «los braseros», antes hotel Tizona. El primer sorbo de aire fresco de madrugada, cuando los barrenderos después de bordar las calles, te limpian el periódico que está sobre la barra. A esas horas, todos los gatos son pardos. Se fue para el otro barrio un 28 de agosto y no leí su última columna y de nada sirve leerla después. Porque las tiras de opinión llevan tinta fresca, que si no, pierden la magia. Ni os digo lo que hubiera dado por cenar con el maestro y compartir un rato de soberbia magistral. Tenía licencia exclusiva para caer mal. La cuestión y a lo que viene esta historia, con él, la crónica de una España arruinada hubiera sido sublime. A su falta escribieron, Isabel San Sebastián, Gistau , el mismísimo Pedro J. Hasta que Raúl del Pozo, aprendiz de mago, tapó el hueco, pero no es lo mismo. Entre un maestro como éste y un genio como aquel, hay un trecho. Paco Umbral pudo haber abierto en canal a banqueros y políticos con el culo aire. A la familia Real, despendolada. A la clase humilde que somos todos y soñamos con notar el calor del sol en la cara. Nadie mejor que él, pudo haber escrito sobre moros y cristianos y la reconquista que viene. Me quedo con los títulos de sus mejores columnas. La del 26 de julio del 2007 ‘Los veranos’ donde destacaban en negritas a Felipe González, Carmen Romero, Ana Botella, Ramoncín, Zapatero y Rajoy, a quienes puso a caldo. Pero ninguna es mejor y jamás será como aquella de Marilyn.