Verano griego
Grecia ha hablado con su voz de hambre, rabia y miedo, distinta a la usada siglos atrás para inventar la democracia. Un pulso a Europa que ganan en la primera mano. Sesenta de cada cien griegos, prefieren plantar cara y en su huida hacia delante, un escalofrío recorre las espaldas financieras de la zona euro. Aviso para navegantes y fracaso del proyecto que precisamente, cimentó el nuevo dólar mediterráneo para blindar los países asociados. La idea de usar una moneda única que una territorios tan heterogéneos como los nuestros, es un arma de doble filo. Historia, cultura y lenguas distintas no pueden encolarse con la misma moneda que rompe nuestros bolsillos. La América federal se ríe por lo bajines de lo que nos esta pasando y su dólar subirá como la espuma en las próximas semanas. Aunque le aterra que su Rusia desterrada, entre por esta brecha en la muralla. Europa está hecha de países que han forjado su territorio con guerras y casamientos de princesas. Nunca necesitó una moneda única y fue quizás un error haber entrado en esta apuesta que ahora no tiene marcha atrás. Pesa más un euro alemán o francés que otro, italiano o español. Pero dijimos sí y durante años, Europa nos ayudó como lo hizo con Grecia. Dar y recibir. Prestar y devolver lo prestado. La regla sagrada se rompe ahora, que de haber sido hace tres años, con Grecia se habría marchado, Italia, España y alguno más. El referéndum de ayer da fuerzas a Syriza y sus ministros dormirán más tranquilos esta noche, para mañana, mirar a los ojos de la Merkel, que ha forzado el si o no. Grave error táctico de la alemana y todo su séquito. A un país hambriento hay que darle una y mil oportunidades hasta que remonte. El banco europeo, reculará, las bolsas bajarán durante unas semanas y en septiembre las aguas retornaran a su cauce. Quizás lo que ha pasado tenga más de bueno que de malo y se entienda que la decisión de un país, está por encima de las reglas del juego de los demás. Con esto, la deuda griega se congelará, sí o sí, y nosotros los españolitos, tendremos que esperar a que nos lleguen nuestros veintiséis mil millones de euros, unos cuantos años más. Qué se le va a hacer. A perro flaco, todo son pulgas. Pero así será. Quizá nos quedemos unas cuentas islas vírgenes con derecho a roce. Grecia no se va de Europa ni se sale del euro. Ha dicho que quiere mimos y otra pila de dinero prestado para pagar a sus funcionarios y proveedores. Tendremos que rascarnos los bolsillos para ayudarles. Mejor, que lo ponga Alemania que nosotros, no podemos.