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YA NO podrás leer estas líneas a las que cada tiempo escribía pensando en que mi mejor fan me diría ‘he leído lo que has escrito; bien, bien’. O quizá sí, porque desde mi corazón seguirás diciendo esa coletilla que expresabas con una media sonrisa. En esa parca expresión se encerraba aprobación, orgullo, alegría… Tantas cosas y tantos sentimientos que hoy se ahogan en la garganta de cada uno de nosotros y somos incapaces de transmitir.

No eras amigo de grandes discursos aunque tus silencios decían mucho más que tus palabras. Quizá por eso sé que desde donde estés, según lo que cada uno crea, volverás a esbozar una vez más esa media sonrisa y volverás a decir ‘bien, bien’. Ahora y siempre.

Se nos ha quebrado una de nuestras ramas de ese gran ROBLE en el que todos nos cobijábamos. Se nos ha partido una parte del mástil que guiaba a tierra firme nuestro navegar y nos hemos quedado un poco a la deriva. Aunque, no temas; encontraremos el nuevo faro desde donde nos guiarás y llegaremos a buen puerto, porque nuestra alma está llena de todo aquello que tú, siempre en compañía de tu gran bastón y apoyo, de nuestra otra rama del ROBLE, nos enseñasteis a lo largo de los años. Hemos crecido rectos porque vuestros valores lo fueron; felices, porque vosotros lo fuisteis; generosos porque no ha habido corazones más grandes que los vuestros… Todo ello es tu legado, vuestro legado. Una herencia tan grande, tan hermosa, tan incomparable con nada y con todo que aunque ahora no puedas leer estas líneas y ni decirme ‘Bien, Bien’ sé que esbozarás la sonrisa y estarás orgulloso de lo que has construido con tu media naranja. Ella será ahora nuestro mástil, nuestro árbol, nuestro timón… Ella nos llevará a buen puerto y jamás permitirá que perdamos esa luz que ambos encendisteis -y que ya no se ha apagado- en el momento que decidisteis convertir vuestras almas en una sola y entrelazar brazos y corazones para albergarnos bajo vuestra ala.

Comentar las noticias ya no será lo mismo; hablar de lo divino y de lo humano ahora me parece que carece de sentido sin ti. El simple hecho de alzar una copa de buen cava o compartir una cerveza desgarra el corazón porque ya no te tengo en frente.

Pascu te me has ido, te nos has ido. En el desconsuelo hallo el remanso de paz de saber que fue casi como tú ansiabas. En el vacío encuentro el amor que nos dejaste. Se nos ha escapado entre los dedos una vida relatada a golpe de esfuerzo que queda para la historia más íntima de todos nosotros. Alzamos las copas y de nuevo brindamos por ti, como tú querías. Y ves, vuelves a decirnos ‘Bien, Bien’. Te quiero. Te queremos. Hasta luego Pascu.