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CRISTIANO RONALDO acabó cabreado el partido de Liga de Campeones que el Real Madrid jugó en el Parque de los Príncipes el pasado miércoles ante el PSG. El portugués, un hombre envidiado por su belleza, su cuenta bancaria y su habilidad por marcar goles (él mismo lo dijo hace unos años) tuvo que pasar el control antidoping cuando concluyó el encuentro y tal afrenta le hizo estallar.Se siente perseguido. «¿Son siempre los mismos o qué?», exclamó contrariado en el túnel de vestuarios cuando los médicos de la UEFA le dieron la noticia.

Al luso le tienen manía. Un hombre de su posición tanto económica y social no tiene porque estar meando en un bote cada dos por tres después de un partido. Él debería estar por encima de esas cosas:El séquito de aplaudidores que tiene detrás le han dado la razón y entienden el enfado del jugador blanco. Es duro, cruel e inhumano que tras 90 minutos de partido a uno le tomen una muestra de orina para comprobar que todo está correcto y que esos abdominales propios de la película ‘300’ son fruto de su trabajo diario.

Muchos de los que defienden al astro portugués son de los que en la barra de un bar aseguran que todos los ciclistas son unos drogadictos. A ellos les despiertan a las seis de la mañana para sacarles sangre (no para orinar) y posteriormente tienen que afrontar una jornada de 3, 4 ó 5 horas. Si tienen la suerte de acabar adelante o destacar en la etapa, también tienen que pasar por la caravana de la UCI para depositar su orina en un frasco.

Pero siempre ha habido clases dentro del deporte y está claro que los futbolistas mediáticos están en la elite, mientras que cualquier tipo de ciclista (Froome, Contador, Valverde,Quintana,Sagan..) están siempre bajo sospecha. La realidad es la que es y la justicia reina por su ausencia. Las diferencias no solo estriban en los sueldos, sino también en el trato.Cristiano es Dios, por lo que cualquier sandez que suelte por la boca además de ser noticia se justifica de cualquier modo. El diablo da pedales.